COLUMNISTAS CAMBIEMOS

Choque de culturas

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Por primera vez, desde el regreso de la democracia en 1983, se ha votado por un cambio económico antes de que éste sea forzado por una crisis. Nadie en 1989 había votado por políticas neoliberales ni nadie eligió a Kirchner para que continuara lo que el default, luego de la catástrofe del 2001, le impuso al país. El timing esta vez ha jugado a favor para evitar que el país perdiera abruptamente lo obtenido en la etapa de crecimiento anterior.
La economía kirchnerista hacía ya tiempo que estaba agotada. No había modo de que el país volviera a crecer dentro de los diferentes cepos que el gobierno de Cristina Fernández había ido imponiendo y que tenían como única función que el país reptara sin hacer un gran ajuste hasta la entrega del poder. Este mar de fondo, en todo caso, no ayudó para contrarrestar la cuestión más negativa para ese votante fluctuante que le aportó a Cambiemos los pocos puntos con los que pudo alzarse como ganador: su hastío con el estilo intenso y prepotente de los K y su convencimiento de que el Gobierno había incurrido en actos de corrupción.

Más allá del evidente cambio de estilo, la administración macrista ha encarado en sus primeras horas en la Casa Rosada dos decisiones relevantes. En primer lugar, pudo cumplir con su promesa de campaña y salir sin problemas del cepo del dólar, aunque muchos economistas, sin importar su grado de heterodoxia, calificaban de sumamente riesgoso no hacerlo de forma paulatina. Sencillamente, la gente le creyó al Presidente y a su ministro de Hacienda, Alfonso Prat-Gay, brindándole al Gobierno una base sólida desde donde encarar el crecimiento.

La otra cuestión fue el intento de Macri de nombrar por decreto a dos jueces de la Corte Suprema aprovechando que el Senado se encontraba en receso. Interpretado desde la vieja cultura política, Mauricio Macri pretendió generar un acto de autoridad para consolidar su mando y terminó retrocediendo ante el rechazo del Senado. O sea, lo menos recomendable políticamente. Sin embargo, dado que la cuestión fue ignorada por la opinión pública, quizás prevalecieron otros factores. Uno puede aducir que el macrismo se encuentra en plena luna de miel con el poder y los medios, y que hoy todo se le perdona (si hoy lo encuentra a Macri metiendo la mano en la lata, la gente va a pensar que está poniendo plata y no sacando).
Pero quizás lo que ha sucedido sea más profundo, y tiene que ver con el contraste absoluto entre la cultura política tradicional (no sólo la del kirchnerismo) con la que ostenta Mauricio Macri y la mayoría de los novatos políticos del PRO. Desde esta nueva perspectiva, el Presidente intentó ocupar urgentemente dos lugares en una Corte que sólo tiene a tres de sus miembros y lo hizo con juristas de reconocida trayectoria y capacidad, Horacio Rosatti y Carlos Rosenkrantz. Fue la “vieja política” la que trabó esas designaciones “técnicas” y por lo tanto se tendrá que esperar a febrero para que asuman los nuevos jueces.

Jesús Rodríguez, quien ha tenido un rol destacado en las negociaciones entre la UCR y el PRO, utiliza una metáfora médica para dar cuenta de este contraste cultural: dice que la política tradicional es como la medicina alopática y que el PRO en cambio practica la medicina homeopática; los médicos alopáticos dudan y se mofan de la medicina homeopática PRO, pero hasta el momento, ésta ha tenido éxito, sintonizando con el espíritu de la época, y ha salido airosa de cada desafío.

La clave del éxito del gobierno de Cambiemos quizás pase porque el Gobierno aprenda a preparar cócteles más efectivos entre terapias alopáticas y homeopáticas, para lograr domar las tendencias a la ingobernabilidad siempre presentes en la Argentina, pero sin sacrificar las promesas de renovación política e institucional: en ese estrecho andarivel aparece ya, tan temprano, la necesaria victoria oficialista en las elecciones de renovación parlamentaria de 2017.

*Director de la carrera de Ciencia Política de la Universidad de Buenos Aires.



Luis Tonelli