COLUMNISTAS FEMINISMO

Ciencia sexy y sexismo en la ciencia

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Hoy la ciencia es sexy, con ministerio propio, Tecnópolis, museos de ciencias, programas de televisión y formas de divulgación para todas las edades, periodismo especializado, libros infantiles y para adultos. Creemos que el año que termina ha sido muy positivo en el fortalecimiento de políticas públicas específicas para ciencia y tecnología, y es nuestra esperanza que se sigan fortaleciendo y que se preste especial atención a la equidad de género en el desarrollo de las carreras de investigación y se promueva el acceso a ciertas carreras que por cuestiones culturales atraen a pocas mujeres.
En las últimas décadas, el feminismo se ocupó especialmente de las argumentaciones que nos alejan del conocimiento científico, para refutarlas y lograr estrategias de inclusión igualitaria de las mujeres en la ciencia. En 1994 se creó en nuestro país la Red argentina de género, ciencia y tecnología (Ragcyt), y desde 1996 participamos en los ya diez Congresos iberoamericanos de ciencia, tecnología y género. Le damos a la región una importancia fundamental, a la vez social, geopolítica y lingüística.
Reflexionamos de muchas maneras sobre nuestra relación con la ciencia y la tecnología: tanto como usuarias de los resultados del avance científico y tecnológico, como en sus diversos papeles de transmisoras de saberes, productoras de conocimientos, evaluadoras, aprendices, expertas en saberes “ancestrales” no autorizados por las líneas de pensamiento dominantes, educadoras que procuran incentivar en las niñas su acercamiento a la tecnología en un mercado pensado principalmente para niños, críticas del vínculo de la ciencia con los cuerpos femeninos y de la tecnología con formas de dominio global, defensoras de apropiarnos del mismo saber para luchar contra las hegemonías.
La política pública en ciencia y tecnología muestra sus evidencias positivas en el fortalecimiento del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet). No sólo en el crecimiento exponencial del presupuesto, el número de investigadores y becarios, sino también en acciones afirmativas para la federalización de los programas de investigación en asociación con universidades del interior y (nos interesa destacar) dirigidas a hacer más equitativa la trayectoria de investigación para mujeres y varones.
La Ragcyt colabora actualmente con el Conicet en una investigación sobre la situación de las mujeres en las carreras de investigación. Es necesario indagar las barreras que se produzcan, porque a pesar de la paulatina feminización en la planta de investigadores, hay una segregación vertical que muestra grandes diferencias en la composición por género según las categorías de la carrera de investigador científico: mientras que las mujeres constituyen una clara mayoría en las etapas iniciales de asistentes y adjuntos, su presencia disminuye sistemáticamente en la medida que se progresa en la carrera, hasta el punto que constituyen apenas la cuarta parte de los superiores.
En estudios anteriores, la Ragcyt  había comprobado que (como en otras áreas de trabajo) las mujeres se veían perjudicadas por el conflicto entre la vida laboral y la vida familiar, sobre todo los proyectos de maternidad que coinciden con el período de becas o ingreso a la carrera de investigación. Es muy destacable que el Conicet adoptó medidas específicas que tienden a la equidad de género: aplazar la entrega de informes a las investigadoras que tuvieron un hijo ese año y extensión de la edad para el ingreso a carrera según el número de hijos. En pocos años podremos medir el efecto igualador de estas políticas dirigidas a retener a las mujeres en el camino de la ciencia.
Las mujeres latinoamericanas agregamos a la desigualdad de género otras que compartimos con nuestros compañeros de disciplina: la desigualdad económica, la periferia geopolítica y también la lengua. Así, los sentidos críticos sobre el poder que implica la hegemonía del conocimiento, de la ciencia y la tecnología, nos obligan a una pregunta sobre el sujeto que el feminismo crítico hace de modo complejo, desde la superposición de nuestros márgenes. Desde las múltiples periferias que habitamos, nos preguntamos: quién produce conocimiento, financiado por quién, para beneficio de quién, desde la perspectiva de quién, en la lengua de quién, no sólo en términos de sexo sino también de clase, de etnia, de color, de identidad.

*Red argentina de género, ciencia y tecnología.



Diana Maffia