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Clarín sin Noble

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Foto:Cedoc Perfil

Cuesta imaginarlo. Incluso hay quienes no lo creen. Piensan que se trata sólo de una formalidad para cubrir las exigencias de la Afsca y, una vez sorteado el último año y medio de Cristina Kirchner, volverá a ser de Ernestina Noble y Héctor Magnetto el diario Clarín (más Canal 13, TN, Radio Mitre y los principales diarios de Córdoba y Mendoza: La Voz del Interior y Los Andes). Pero igual resulta paradójico que justo la mujer que hizo lo imposible para dotar al diario de herederos que llevaran el apellido de su fundador y difunto esposo, Roberto Noble, en el momento de tener que elegir haya tenido que preferir quedarse con Cablevisión y no con Clarín. Dicen que son los propios hijos –Marcela y Felipe Noble– quienes habrían influido en la elección porque preferirían heredar una empresa de cable a un diario. Si se hubiera podido predecir este momento al de su adopción, Marcela y Felipe podrían haberse llamado Herrera, como Ernestina, y no Noble, generando tantas suspicacias.

Quienes suponen que se trata sólo de una formalidad y que en 2016 el diario Clarín volverá a ser de los Noble (y Magnetto) chocan con la idea de que, si fuera fácilmente reversible la separación que hoy hacen o su forma, podrían haber quedado Noble y Magnetto en el diario Clarín (más Canal 13, TN, Radio Mitre y dos de los principales diarios del interior) y, a la inversa, los otros socios de siempre de Clarín, José Aranda y Lucio Pagliaro, con Cablevisión, para en 2016 volver a juntar todo como antes, sin tener que dejar simbólicamente sentado que tuvieron que preferir Cablevisión al diario Clarín.

Por eso, aunque dentro de dos años todo se vuelva a juntar, no deja de resultar una señal de época que los principales accionistas y herederos del mayor multimedios de Argentina prefieran una empresa que provee conectividad a otra que produce contenidos. Muchas veces Lanata pronosticó que Magnetto iba siempre a preferir el poder al dinero porque, aunque el diario Clarín, Canal 13, TN y Radio Mitre no fuesen rentables, mientras que Cablevisión y Fibertel fueran una máquina de ganar dinero, con el poder luego se puede hacer mucho dinero, pero con el dinero es más difícil obtener tanto poder.

No sólo Lanata pensaba de esa manera; en House of Cards, la emblemática serie de Netflix que retrata la política en Washington y para muchos es un compendio fílmico de El Príncipe de Maquiavelo, Kevin Spacey, interpretando al protagonista principal, dice: “Vaya pérdida de talento; él eligió el dinero en lugar del poder, un error que casi todos cometen; el dinero es una mansión moderna que comienza a quedar fuera de moda luego de diez años, el poder es el viejo edificio de roca que resiste por siglos”. Y, en otro episodio, refiriéndose a otro personaje, dice: “Tuck entiende la diferencia entre dinero y poder, eso es precisamente lo que lo hace peligroso; él no mide su riqueza en jets privados, sino en almas compradas”.

 Pero, probablemente, la pérdida de interés en los diarios (o la televisión abierta y la radio) no sea sólo preferir el dinero por sobre el poder, sino que el propio poder de la producción de contenidos ya hoy no está asegurado en manos de quienes controlen medios tradicionales. Y quizás la elección de Ernestina de Noble y Magnetto sea una señal de época que no sólo refleja lo que sucede en la Argentina, sino en todo el mundo.

Hace pocos días y en la misma semana, fueron despedidas las directoras de los principales diarios de Estados Unidos y de Francia. Las –ahora ex– directoras de los diarios The New York Times, Jill Abramson, y de Le Monde, Natalie Nougayrède.
Que los dos principales diarios de las dos lenguas más tradicionales de Occidente decidan despedir a sus directores trasciende las cuestiones particulares de cada uno de los casos. Más allá de ellas, hay un conflicto omnipresente en todos los diarios del mundo porque por cada dólar que se gana de publicidad en internet se pierden diez de publicidad en papel. Lo que obliga a los diarios a realizar procesos de reducción de personal monumentales para sobrevivir: sólo en el año pasado, The New York Times redujo casi dos mil empleados (de 5.363 a 3.529) y hoy su redacción es apenas un tercio de la que era hace cinco años.

Para completar sus desgracias, a The New York Times se le filtró un documento interno en el que explicaba las causas de su crisis y proponía planes de acción para revertirla 

El informe comienza diciendo que “producir periodismo de calidad es cada vez más difícil” y que “los celulares requieren un esfuerzo extra para hacer llegar nuestro periodismo a los lectores”. Remarca que no sólo el sitio de noticias Huffington Post más que duplica la cantidad de lectores de la puntocom de The New York Times (alrededor de 100 contra 40 millones), sino que desde noviembre último también los superó en lectores otro sitio de noticias que no es un diario: BuzzFeed.

Remarcando la dramática situación, el informe recuerda que, mientras The New York Times para poder reducir sus deudas tuvo que vender el segundo principal diario del noreste de Estados Unidos –la zona más rica de ese país–, The Boston Globe, en sólo 70 millones de dólares, en un día Vox Media (siete sitios editoriales de internet) juntó 40 millones de dólares de fondos que se suman a otros 70 millones de dólares de fondos con los que había comenzado a funcionar.

Paralelamente, el cofundador de eBay, Pierre Omidyar, invirtió 250 millones de dólares para crear una nueva empresa de noticias para la web llamada First Look Media, donde para lanzar su primer sitio, The Intercept, contrató a Glenn Greenwald, el famoso bloguero y periodista de Salon.com que hizo conocer las denuncias de Edward Snowden sobre vigilancia masiva de la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos. Y, sobre su archirrival, The Washington Post, comprado por el dueño de Amazon, quizás con algo de envidia el informe interno remarca que, aunque ese diario perdiera 100 millones de dólares por año, podría sobrevivir 225 años con la fortuna personal de Jeff Bezos.

Mientras tanto, en Argentina, cuando se realice la salida de Ernestina de Noble de la empresa editora del diario Clarín, su nombre podría dejar de figurar como directora en el staff del diario, lugar que ocupa desde que falleció su marido en 1969. No sería la primera vez que un Noble no figura como director: el primer año de Clarín, en 1945, probablemente cuando todavía era incierto su futuro, figuró como director del diario el capataz de la estancia de Roberto Noble.



Jorge Fontevecchia