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Claro que hincho por Argentina

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El domingo hincho por Argentina porque los quiero. Porque tengo decenas de amigos argentinos, y familiares que, aunque uruguayos, viven en Argentina desde hace años. Hincho por Argentina porque los uruguayos pensamos como ellos. Aunque reneguemos, vemos su televisión, nos conocemos a todos sus políticos, futbolistas, estrellas de TV, sus escándalos mediáticos. Porque construimos nuestra cultura popular
alrededor de ellos, tanto que a veces es difícil discernir cuál es cuál. ¿O alguien puede negar que en Uruguay Marcelo Tinelli es tanto o más conocido que Omar Gutiérrez o Cacho de la Cruz (también argentino)?

Hincho por Argentina porque ellos nos quieren. Sin condiciones. Una de las cosas que me emocionaron durante el Mundial fue ver varios mails y mensajes de Twitter después de Inglaterra e Italia: en su gran mayoría, argentinos felicitando y diciendo que habían gritado como un celeste más. Ni que hablar en Sudáfrica 2010, cuando celebraron la picada de Abreu casi como un gol de Messi.

Hincho por Argentina porque somos casi iguales. “Son agrandados, soberbios, insoportables”, dicen algunos uruguayos que les desean el mal, mientras ven por TV a unos cuantos porteños en Copacabana cantando “Brasil, decime qué se siente”. A ellos, los invito a salirse de la nacionalidad por un instante y ver cómo nos comportamos durante el Mundial. Cómo muchos uruguayos la juegan de humildes pero, de forma consciente o no, miran por arriba del hombro a cualquiera que no tenga los galardones de los celestes, como pasó con Colombia en octavos, o en las Eliminatorias ante “peruanitos”, “chilenitos” o “bolivianitos”.
 
O como nos embarcamos en una manía persecutoria contra la FIFA, Brasil, Blatter. Si lo hubiesen hecho los argentinos, nos reiríamos por semanas y los acusaríamos de llorones, como pasó con el “me cortaron las piernas” de Maradona en 1994.

Somos como ellos. Podemos parecer de un perfil más bajo, pero sólo es un tema de oportunidad, como lo mostró el Mundial. Lo demostramos con cualquier causa nacional que nos ciega la razón, desde el caso Suárez hasta el conflicto de UPM.
Es más: son mejores que nosotros, en muchos aspectos. Son más pasionales, más sanguíneos, más jugados, más creativos. Tienen esa capacidad de indignarse y protestar, que en Uruguay no había visto por nada, hasta el caso Suárez.
Ni siquiera pesa la rivalidad: mientras los uruguayos pensamos que el clásico futbolístico es con Argentina, ellos miran a Brasil, y en honor a la verdad, el duelo rioplatense ni siquiera está parejo: en la historia se jugaron 199 partidos, con 85 victorias para ellos, 50 empates y 64 para la celeste.

Además, hincho por Argentina porque odio el síndrome del hermano menor, de petiso celoso del éxito del vecino. Y también mentalidad nihilista del hincha de Peñarol o Nacional, que disfruta más del dolor ajeno que de la felicidad propia.
No hay en el mundo alguien más parecido a un uruguayo que un argentino. Por eso, el domingo, voy a ser el principal hincha de Argentina.

*Periodista uruguayo. Esta columna fue publicada originalmente en el diario El Obervador: www.elobservador.com.uy//noticia/282949/claro-que-hincho-por-argentina/.



Ignacio Chans