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Clima de domingo

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Qué embole tener que trabajar este domingo! Después de tantos feriados, con este clima otoñal y melancólico, pocas cosas me entusiasman menos que tener que sentarme frente a la máquina de escribir. Desde la ventana de mi torre de marfil todo se ve tan apacible, tan cómodo. Escucho música (Sinatra, Sings For Only The Lonely), me distraigo en ocupaciones menores, promesas irrealizables, deseos inconfesables. Ahora que lo pienso, en todos estos años (¿cuántos van? ¿Cinco? ¿Seis? Ya perdí la cuenta) no falté un solo domingo. De viaje o enfermo, triste o de resaca, siempre acudí a la cita con mis improbables lectores. Pero hoy –no me da pudor confesarlo– no tengo ganas de trabajar. Es increíble cómo admiro a mis colegas de todos los medios –columnistas dominicales, en especial de política– por su entusiasmo inclaudicable: se pasan toda la semana rosqueando, conspirando, operando, cortando y pegando de internet lo que luego presentan como “primicias”, para verter todo ese esfuerzo en pos de lograr que Cristina renuncie lo antes posible, o de hacernos creer que todo va bien, según el caso. Pero, precisamente, no es mi caso. A mí, hoy, me dio fiaca. Atrapado por este sentimiento placentero (¡el placer de no hacer nada!) se me ocurrió, por eso mismo, compartir mi placer con ustedes. Quiero decir: en lugar de escribir mis profundas ideas sobre esto o lo otro o lo de más allá, transcribir frases de libros que leí en estos días, que me han resultado justamente placenteras, interesantes, a veces perfectas. Comienzo por una de Gabriela Cabezón Cámara, de Romance de la Negra Rubia, recientemente publicado por Eterna Cadencia: “Fue entonces cuando, con el fervor que provoca toda cámara, al calor de la TV y al grito de ‘¡tenemos una muerta, tenemos una muerta!’, se hicieron míos y se hicieron suyos los míos y se enardecieron más cuando alguno prendió la tele y se vieron en vivo y a los gritos y con buen criterio de rating le agregaron al show del telediario una tan armoniosa como espontánea performance: el arrojo de proyectiles a la policía (…) La policía no se quedó atrás. A ellos también le gusta salir en la tele aunque el efecto que les genera es inverso; se ablandan con las cámaras y pasan del plomo a la goma.”

 La segunda pertenece a Sergio Bizzio, y es uno de los testimonios recogidos por Patricio Zunini, en Fogwill. Una memoria coral, novedad de la editorial Mansalva: “Se le iluminaba la cara cuando escribía algo que le gustaba, y lo leía en voz alta, y cuando algo no le salía o no le gustaba se la agarraba con los que estaban ahí: ‘¡Váyanse todos!’. No recuerdo haberlo escuchado hablar nunca de lo que iba a escribir o de lo que tenía en mente. Tampoco lo vi pensar. Digo: pensar en silencio. Me parece que pensaba escribiendo o leyendo o hablando, únicamente así.”

 La tercera pertenece a María Teresa Gramuglio, de quien la Editorial Municipal de Rosario publicó en diciembre de 2013 Nacionalismo y cosmopolitismo en la literatura argentina, antología de ensayos entre los cuales se encuentra Una década dinámica. Protagonistas, transformaciones y debates en la literatura argentina de los años treinta, de donde tomo la frase en cuestión: “Como tantas veces ha mostrado la historia de la literatura y el arte, cada nueva ampliación de público genera una nueva divisoria”.



Damián Tabarovsky