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Coalición y confrontación

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Alternativa. La ex presidenta propuso en su discurso formar un frente ciudadano.
Alternativa. La ex presidenta propuso en su discurso formar un frente ciudadano.
Foto:Pablo Obregon

Cuando durante el discurso de Comodoro Py, poblado de indicaciones fundantes de esta nueva etapa opositora del FpV, Cristina Kirchner propuso la formación de un frente ciudadano, afirmaba el despliegue de una alternativa populista con historia en el peronismo bajo el liderazgo de Juan Perón pero también de Néstor Kirchner.

El antecedente frentista inmediatamente anterior al impulsado por Néstor Kirchner en el año 2003 fue la convocatoria de Perón al Frente Cívico de Liberación Nacional (Frecilina) –la declaración se hizo en la revista Las Bases, en febrero de 1972–, que revitalizó la ofensiva política del movimiento peronista contra el gobierno militar que encabezaba el dictador Lanusse.

Al respecto señala Juan Bozza, en Perón y el Frente Cívico de Liberación Nacional: “La instalación pública del Frecilina convirtió a Perón en el interlocutor necesario para hacer mínimamente predecible cualquier camino que el gobierno tomara en pos de la institucionalización del país. En términos de acumulación política, constituyó una nueva avanzada del peronismo sobre el sistema de partidos, ya que, sin abandonar el amplio pacto intersectorial de La Hora del Pueblo, integró a un conjunto de fuerzas partidarias a la órbita de una estrategia electoral y de gobierno, donde el movimiento adquirió un hegemonismo indisputado”.

Contemporáneamente surge la transversalidad impulsada por Néstor Kirchner en el lapso comprendido entre los años 2003 y 2008, finalmente clausurada por el conflicto abierto por la resolución 125 –el sistema de retenciones móviles, elaborado inicialmente según los extravagantes criterios técnicos del hoy embajador en Estados Unidos–.

El actual impulso de un frente ciudadano, entonces, retoma una línea tradicional en el peronismo histórico y su actualización kirchnerista. Articulación de fuerzas diversas con hegemonía kirchnerista, planteando un nuevo tipo de unidad histórica, donde el viejo PJ, sobrepoblado de dirigentes peronistas no kirchneristas –cuando no abiertamente anti K– vaya perdiendo centralidad, la que ganara precisamente durante el conflicto de la resolución 125.

Es muy temprano para avanzar más allá en el sentido que finalmente tendrá el frente ciudadano que propuso la ex presidenta, sin embargo preocupa que algunos analistas supongan que implica el (re)comienzo de una experiencia socialdemócrata, estructurada como frente no confrontativo y de baja densidad ideológica. Es un grave error conceptual que desconoce la dimensión de confrontación como fundante del frente ciudadano.

Y aún más, se trata de una confrontación contra un proyecto de país antagónico que arrebata derechos conquistados que como punto de unidad planteó Cristina Kirchner de manera nítida en su discurso liminar de Comodoro Py.

“Por eso les pido que no se enojen con otros argentinos, y les propongo esencialmente conformar un gran frente ciudadano, un frente ciudadano en el cual no se le pregunte a nadie a quién votó, ni de qué partido es, ni en qué sindicato está, o si es trabajador informal, formal, jubilado o no jubilado, si paga Ganancias o no paga Ganancias, no se le pregunte nada de eso. Sólo se le pregunte cómo te está yendo, te está yendo mejor o peor que antes. Entonces ése es el punto de unidad de los argentinos. Reclamar por los derechos que les han arrebatado”.

El componente populista del frente ciudadano, su organización y su discurso general –tributarios de la década ganada–, y en particular el liderazgo de Cristina Kirchner, anula ab initio toda ilusión frentista de consenso y coalición sin confrontación, conflicto entre antagónicos que en definitiva es el que hace posible la experiencia populista al tiempo que también garantiza la existencia misma del régimen democrático.

En palabras de Ernesto Laclau en un reportaje de La Nación de 2004: “Lo que yo no creo que pueda desaparecer nunca es el principio de la división social, que siempre va a existir y generar antagonismo… Una sociedad en la cual no hubiera adversarios funcionaría como una fórmula matemática, pero uno no tiene libertad dentro de una estructura matemática. La libertad supone que haya distintas posibilidades, y esas posibilidades suelen generar antagonismos. Por eso, la democracia requiere la oposición entre adversarios. Esa confrontación tiene que estar sometida a reglas, pero tiene que existir…”.

*Director de Consultora Equis.



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