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Collage macrista: reino de lo icónico

Por Jorge Fontevecchia. Macri, a pesar de lo mucho que mejoró, no tiene un decir seductor y se apoya mucho en la imagen. 

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Foto:Cedoc

Hubo en política una época de la voz y otra de la imagen. En la de la voz, los políticos eran grandes oradores y de sonoridad potente, coincidiendo con el tiempo en que la radio era el único medio masivo. La de la imagen se impuso en los Estados Unidos a partir de los 60, con el debate Kennedy-Nixon (que pierde este último, que habló mejor pero el primero era más agradable estéticamente), cuando la televisión se masificó. En la Argentina las capas geológicas mediáticas están desplazadas algunas décadas y el fenómeno de la imagen en la política es algo más reciente.

Macri, a pesar de lo mucho que mejoró, no tiene un decir seductor y se apoya mucho en la imagen, que es más polisémica, reduciendo el sonido que, al ser palabras e ideas, requiere otras capacidades, no sólo comunicativas. Por eso es tan importante el papel de Juliana Awada junto al marido hasta en el helicóptero en el que recorrió las inundaciones vestida con una casaca verde, que erróneamente en las redes sociales criticaron como de safari “por creer que Entre Ríos era Africa”, cuando era una chaqueta militar con charreteras, y aprovecharon para reclamar que su lugar lo debería haber ocupado un ministro. En sus comentarios los K, como los anti K, son igualmente intolerantes.

Mejor fotos que palabras alcanzará por un tiempo. Cambiemos precisa crear su relato

También con María Eugenia Vidal el PRO prefirió comunicar, sobre la triple fuga –en lugar de palabras–, una imagen: la de la gobernadora con los responsables de la seguridad: Bullrich, Burzaco y Ritondo, junto a dos jefes de la Policía Bonaerense repasando el mapa de las acciones. Es que cuando Ritondo habló –“están cercados”–, le salió mal. La cantidad de versiones alrededor de la fuga de los hermanos Lanatta y Víctor Schillaci durante los primeros días mientras se los ubicaba en la provincia de Buenos Aires me recordó cómo en 1997 nos plantaban las mismas versiones, que luego resultaban distractivas, en la búsqueda de los responsables por el asesinato de José Luis Cabezas. No parece haber cambiado mucho desde aquella célebre tapa de la revista Noticias titulada “Maldita policía” por la Bonaerense, que Duhalde calificaba como la mejor del mundo y siempre dejó en ridículo a los políticos.

Otro gesto fue el abrazo de Macri con Tabaré Vázquez (ambos en camisa) en su primera visita como presidente al exterior. Pero ahora viene lo mejor: su viaje al simbólico Davos la semana siguiente, lugar que para el pensamiento nacional y popular en los 90 estigmatizó María Julia Alsogaray tirando bolas de nieve en tapado de piel.

Pero cada época, antes de introducir su subjetividad, hace una distribución de lo sensible: qué está bien mostrar (y decir), qué no. El pudor es otra construcción social.

El lenguaje visual, el de fotos o imágenes en movimiento pero sin palabras, es el preferido de los jefes de Estado vitalicios, porque ya está todo dicho. Pero en Cambiemos puede ser una demostración de lo contrario, de que aún no está claro qué decir. Como si de alguna forma siguieran en campaña, manteniendo el consejo de Jaime Duran Barba de no hacer precisiones y limitarse a enviar señales tranquilizadoras.

Hasta la imagen de Antonia en brazos perderá eficacia comunicativa en su repetición

Es cierto que la dicotomía entre palabra e imagen es falsa porque la propia escritura tiene un origen pictográfico y ambos sistemas forman parte del mismo fenómeno de simbolización, significación y comunicación humana. Pero aun reconociendo la existencia de una poesía visual, no se puede representar ideas complejas sin palabras y es difícil establecer relaciones unívocas sólo con imágenes.

Cambiemos tendrá que encontrar su narración (o relato) para poder comunicarla, todavía una imagen de Antonia en los brazos de los padres refuerza el vínculo emotivo de Macri con sus votantes y simboliza lo joven y, por asociación, lo nuevo. Pero “cambio” es una idea de rápida obsolescencia porque lo nuevo deja de serlo sólo con su repetición.



jfontevecchia