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Cómo estar sola

Hace poco vi Dream of Life, el documental de Shohei Ito sobre Patti Smith, y me terminé aburriendo.

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Hace poco vi Dream of Life, el documental de Shohei Ito sobre Patti Smith, y me terminé aburriendo. Era demasiado epidérmico. Celebraba las relaciones de la señora Smith con los famosos de la contracultura. Patti Smith es amiga de Willian Burroughs, es amiga de Sam Shepard, es amiga de Dios. Pero su música es hermosa y su prosa, me atrevería a afirmar, es todavía más potente.

Eramos unos niños es el libro en que recuerda su relación con el fotógrafo Robert Mapplethorpe y sus años formativos en la Gran Manzana. Está escrito como los dioses.

M Train, que tiene el subtítulo de Memorias, cuenta retazos de la vida de la compositora y cantante punk después de la muerte de su marido, Fred. Y aunque a veces vuelve esa necesidad de buscar “famosidad”, es decir, visitar la tumba de Jean Genet, encontrarse con Bobby Fischer, encontrar la casa de Frida Kahlo, etc., el libro es muy potente cuando simplemente celebra al hombre o la mujer común (su hermano, su padre, su marido, su madre, su hija; gente sin deseo de trascendencia social), y cuando se dedica a relatar la tremenda ordalía de vivir sola y luchar para metabolizar los recuerdos en potencia creadora. Es decir, convertir el dolor en aventura.

Patti Smith pasa la noche de Navidad sola, sentada en la escalera de su casa, mirando a través de la ventana un globo plateado que repta por la calle, toma infinidad de litros de café en su café predilecto. Narra la “biografía” de un sacón negro que le regalaron y que desde hace tiempo no consigue recordar dónde está. Recuerda a su marido mientras mira una película durante un viaje en avión: “El capitán Jack Aubrey me recordaba tanto a Fred que la vi dos veces. A mitad del vuelo me eché a llorar. Vuelve, pensaba. Ya llevas demasiado tiempo fuera. Dejaré de viajar, te lavaré la ropa”.