COLUMNISTAS PRIMARIAS

Cómo no ser boleta

Una logística antitrampa está preparada en Buenos Aires. Votos y porcentajes para apuntalar 2015.

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José Conurbano busca la boleta de Sergio Massa y no la encuentra. El cuarto está muy oscuro en el más amplio sentido de la palabra. Es la tercera vez en 15 minutos que sale un votante de la mesa de una escuela de Merlo y dice: “No hay boletas”. Los muchachos de la cola se empiezan a impacientar y se lo hacen saber con murmullos y algún grito del estilo: “Dale, amigo, votá a cualquiera o no votes, que tenemos que ir a comer los ravioles”. La fila es más larga de lo habitual porque las autoridades no están acostumbradas a extender el troquel, y eso demora todo. Militantes del oficialismo local que encabeza un intendente derechista que alienta el patoterismo de Estado como Raúl Othacehé, (a) “el Vasco”, como lo llama cariñosamente Cristina, tienen la orden de votar por el Frente para la Victoria y llevarse en el bolsillo todas las boletas de Massa.
Esta es la pesadilla que no deja dormir a los estrategas del Frente Renovador. Es casi un argumento irrebatible sobre la urgencia de ir hacia la boleta única o el voto electrónico para extirpar a los delincuentes que hacen ese jueguito perverso de robarse las boletas de sus rivales.

Para contrarrestar semejante malversación electoral, los muchachos massistas, que no orinan agua bendita y que pueden hacer lo mismo en los distritos que ellos conducen, tuvieron que imprimir 50 millones de boletas. ¿Se da cuenta de semejante despropósito? Eso es cinco veces el padrón.
Además, armaron un mecanismo informático de auxilio inmediato y de alerta temprana sobre el problema. El objetivo es llevar las nuevas boletas en el menor tiempo posible aun a los lugares más recónditos de la provincia. Esta es una lucha de aparatos por evitar un tipo de fraude como el que describimos al principio, sólo a título de ejemplo. Hay distritos que retiraron las boletas con camiones de gran porte para poder transportar esa montaña de papeles impresos con destino de urna. Hubo intendentes que, no conformes con eso, pidieron los disquetes para imprimir ellos con su dinero dos padrones más para evitar el horror de quedarse sin boletas después del mediodía.

Con estos bueyes estamos arando la democracia. Por eso, la tierra para sembrar la república es tan árida.
Estas operaciones tramposas pueden inclinar la balanza electoral en un par de puntos, que se convierten en trascendentes cuando las encuestas hablan de cierta paridad.
La magnitud de estas truchadas es imposible de medir, aun por las encuestas más precisas.

Las certezas hay que buscarlas por otro lado. Cristina ordenará que Página/12 y Tiempo Argentino titulen mañana con dos verdades: “El Frente para la Victoria es la principal fuerza del país” y “Con estos resultados, el bloque oficialista aumentará la cantidad de diputados en octubre”. Clarín y La Nación probablemente privilegiarán otras dos verdades: “Cristina perdió en la mayoría de las provincias grandes” y “es muy probable que en octubre el cristinismo pierda la mayoría en el Senado”.

Esta noche, las urnas confirmarán estos vasos medio llenos y medio vacíos. Pero las grandes noticias todavía no se pueden anticipar. Serán las respuestas a las siguientes preguntas:
1) ¿Por cuánta diferencia ganará Massa o Insaurralde? A favor de Insaurralde juegan los dos aparatos más importantes de la Argentina y dos de los funcionarios que tienen mayor imagen positiva: Cristina y Scioli. Y también 91 intendentes. A favor de Massa está el apoyo estable de votos que tuvo durante toda la campaña y que todo indica que esta noche llegará a su piso. Por el contrario, su competidor principal logrará su techo.

2) ¿Cuál será la suma de los votos de Cristina a nivel nacional? Estará más cerca del 30% de 2009, lo que será leído como una fuerte derrota y extenderá el certificado de defunción a la reelección y tal vez al kirchnerismo, o más cerca del 54% de 2011, que proyectará un triunfo que abrirá las puertas de cinco décadas ganadas más, como quiere Juan Cabandié.

3) La segura derrota del gobierno nacional en Córdoba, Capital Federal, Santa Fe y Mendoza abre otro interrogante. ¿En cuál de esos distritos, además, quedará en tercer lugar? Y es muy probable que el kirchnerismo también sea derrotado en los grandes centros urbanos como Bahía Blanca, Mar del Plata, La Plata, y las ciudades de Rosario y la capital cordobesa.

4) El “conurbano norte y sur” del país, como llaman algunos encuestadores a ese 30% del padrón que suman las provincias chicas y medianas, abre una gran incógnita. ¿En el peor momento de los K, en 2009, en esos extremos geográficos del país lograron el 60% de los votos. En 2011, esas regiones le aportaron la friolera del 70%. Todo indica que en casi todas esas provincias las boletas que defienden los colores de Cristina ganarán nuevamente pero, en todos los casos, será por diferencias más ajustadas y con menor porcentaje de votos. De la magnitud de este fenómeno depende la siguiente cuestión: ¿hay posibilidades de que el kirchnerismo saque menos del 30%? Es improbable, pero sería una catástrofe aritmética.

Aunque la debacle política mayor no está en las cifras.
Está en el concepto político de que si Sergio Massa gana, en octubre se convertirá en una aspiradora de los votos de Francisco de Narváez y en la nueva estrella taquillera del peronismo no kirchnerista para 2015. Acudirán corriendo los intendentes que quedaron afuera, pero llegarán en segundo término. Habrán llegado primero los empresarios que el jueves pasado ya manifestaron que siguen casados con Cristina pero quieren de amante a Massa. ¿Habrá divorcio en puerta?

Los precandidatos presidenciales deberán ganar con contundencia en sus distritos para seguir en carrera. Todo indica que tanto Mauricio Macri en Capital como José Manuel de la Sota en Córdoba y Hermes Binner en Santa Fe podrán lograrlo. Hasta Julio Cobos se anotará en esa competencia si se verifica el triunfo holgado que le pronostican las encuestas mendocinas.

Sergio Massa tuvo la audacia de encabezar un desafío inédito. Rompió con el poder hegemónico del país, y lo hizo acompañado de veinte intendentes de buenas gestiones. Desde la intendencia del Tigre, enfrentó a la presidenta de la Nación.

¿Será premiado o castigado en las urnas por eso? En pocas horas sabremos el final de esta apasionante película.



Alfredo Leuco