COLUMNISTAS FIN DEL MANDATO K

Como si recién llegaran

La inconmensurable capacidad del oficialismo para negar la realidad. Una decadencia disimulada por la sobreactuación.

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Foto:Dibujo: Pablo Temes

Sergio Szpolski estaba exultante aquella mañana. Tenía sobrados motivos para estarlo. En poco tiempo había obtenido un crecimiento meteórico en el mundo de las mass media. De regentear un puñado de emprendimientos periodísticos menores (la mayoría rotundos fracasos) pasó, en cuestión de meses, a conducir uno de los más potentes grupos mediáticos impulsados por el Gobierno para desplegar su guerra popular prolongada contra los monopolios del mal. Néstor Kirchner, quizá el hombre más desconfiado que haya transitado por el poder argentino, lo había bendecido con una abultada pauta propagandística, recurso que el Gobierno siempre administró con estricta arbitrariedad. Szpolski, que no era exactamente un cuadro peronista, ni un muchacho setentista y tampoco un empresario fulgurante, estaba ahora sentado sobre una montaña de recursos. Poseía un diario pago (Tiempo Argentino), otro de distribución gratuita (El Argentino), la revista Veintitrés (fundada por Jorge Lanata), la versión argentina de Newsweek, el semanario de izquierdas Miradas al Sur, radios, canales de televisión y varios emprendimientos más. Una excelente cosecha. Mérito indudable de su alta capacidad para vincularse con los que mandan.

El día que aquí se narra, Szpolski tenía en agenda un encuentro con un súper ejecutivo del Grupo Clarín. Constituía, sin dudas, una excelente ocasión para lucir sus triunfos ante uno de los personajes más poderosos del país: nadie se priva de semejante masaje al ego. La ocasión le llegó apenas un par de frases después de superados los rituales de cortesía:

—Y decime, Sergito –arremetió el representante del holding: ¿qué vas a hacer con tus medios cuando este gobierno se vaya? ¿Adónde te los vas a meter?
—¡Te los voy a vender a vos! –respondió el ex rabino devenido en empresario, con arrogancia y rapidez de reflejos. Comprendió entonces que el objetivo de la visita estaba justificado plenamente. Se fue más feliz de lo que había llegado.

Leyenda o realidad, ese episodio engrosará la historia menuda de los manejos mediáticos de una década plagada de abusos, improvisaciones y fracasos solamente sostenidos a fuerza de recursos públicos y prepotencia. El universo del relato K se hizo, como casi todo en su accionar político, a los empujones. Cuando los datos se contrapusieron a la realidad, el kirchnerismo siempre optó por falsear la realidad. Y siguió avanzando. Sin escatimar en gastos.

Finalmente, Szpolski no pudo vender su colección de figuritas a Clarín. Pero en estos días se anunció el comienzo de un proceso de transferencia de algunos de los medios gráficos que impulsó durante los tiempos de la pautita feliz (empezando por la emblemática Veintitrés) al Grupo Olmos, propietario de Crónica, una empresa muy vinculada a la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), hoy en manos del oficialista Antonio Caló. Lejos de la magnificencia de aquella broma matinal despachada ante las narices de un poderoso jefe de Clarín, el anuncio del empresario kirchnerista –anticipo de nuevos desprendimientos, según dejaron trascender sus voceros– parece un anuncio de lo que vendrá. Las retiradas no suelen ser heroicas. Y Szpolski, hombre de fino olfato, lo sabe.

La descomposición del Gobierno es elocuente. Según el consultor Carlos Fara ese proceso es irreversible. Sus argumentos, expresados para el periódico digital 7 Miradas, son los siguientes:

* El escenario electoral es de cambio, como ya sucedió claramente en 1989 y 1999. En ambas situaciones perdió el oficialismo de turno. En 2003 el contexto fue más complejo, pero básicamente era un cambio respecto al legado de Menem, que competía en la elección.

* En los últimos treinta años nunca se dio un resultado contrario a lo que deseaba la mayoría de la sociedad. De modo que puede debatirse quién será el próximo presidente, pero es poco probable que gane el candidato que representa al oficialismo.

Fara descree incluso de que haya un escenario de ballottage. Según el analista, la votación en las primarias abiertas posicionará al candidato que mejor exprese el reclamo de transformación y lo dejará a las puertas del 45% necesario para evitar la segunda vuelta.

De todos modos, si alguien está pensando que el pase a retiro del kirchnerismo será similar a lo que sucedió en otras etapas históricas, corre el riesgo de chocar contra el muro de la insensatez. Aunque son pocos los puntos de contacto que uno puede encontrar entre el núcleo duro del oficialismo y sus pretendidas raíces setentistas –al menos en materia de principios– no hay dudas de que la voluntad es uno de ellos. La propia Iglesia argentina       –que en tiempos de Francisco debería ser una voz escuchada– acaba de solicitarle al Gobierno, con elegancia aunque también con firmeza, que deje de sobreactuar con las leyes que envía al Parlamento para su aprobación exprés. “Cuando dejamos de lado los tiempos de la Constitución nos empobrecemos”, sentenció anteayer monseñor José María Arancedo, presidente del Episcopado Argentino.

Es que por momentos el kirchnerismo parece recién estrenado. Su negación es tan elocuente que hasta hay sectores de la oposición que parecen temerle. “Desfilan con armas de madera y algunos piensan que están cargadas”, grafica un veterano combatiente de la resistencia peronista adicto a las metáforas. Y agrega: “Son como los dirigentes montoneros: los están destrozando y largan la contraofensiva”.

A pesar de los esfuerzos que realiza por mostrar que camina derechito, el kirchnerismo no puede disimular su renguera. Cada semana la corona con un papelón. Esta vez fue el de los tres aviones oficiales para trasladar a cuatro ministros hasta la provincia de Santa Cruz, la tierra prometida. Dos de esos funcionarios, Kicillof y Timerman, siguieron viaje luego rumbo al G20 en un vuelo privado que costó 600 mil dólares. Una bicoca, según Jorge Milton Capitanich. Dos días antes, la Honorable Cámara de Diputados le había dado media sanción a la ley que establece el 7 de octubre (natalicio de Carlos Mugica, el cura villero asesinado por la Triple A en 1974) como Día Nacional de la Identidad Villera. En sus fundamentos, el autor del proyecto, el camporista Andrés “Cuervo” Larroque, destaca los valores que supuestamente abrevan entre los marginados de la patria: Solidaridad. Optimismo y esperanza. Generosidad. Humildad. Valor por lo colectivo.

Casi una broma de mal gusto.

*Periodista y editor.



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