COLUMNISTAS

Comparación con las antípodas

La manifestación estudiantil de Hong Kong tiene un líder de 17 años, Joshua Wong, que gestó su popularidad a través de las redes sociales. 

Es muy fácil decir y repetirse que las cosas están cambiando, que el mundo de hoy poco tiene que ver con el que supimos conocer hasta hace no mucho más de dos décadas, pero sin embargo, una cosa es proclamarlo, y otra entrar en materia. Paradójicamente para muchos, me voy a ocupar ahora de un archipiélago que queda exactamente en el otro extremo del planeta. La diferencia horaria en estos momentos entre la Argentina y Hong Kong es de once horas. ¿Por qué Hong Kong hoy? ¿Qué tiene que ver con nosotros? ¿Qué tenemos para saber y por qué nos debería interesar?

Las razones son, por de pronto, muy concretas. Hong Kong es una región administrativa especial de la llamada República Popular China fundada en 1949. Su superficie total, es cinco veces la de la ciudad de Buenos Aires. Buenos Aires ciudad tiene 202 kilómetros cuadrados. Hong Kong tiene 1108 kilómetros cuadrados. La población, en cambio, es mucho mayor Hong Kong tenía el año pasado 7.200.000 habitantes, lo que le da una densidad de más de 6.500 habitantes por kilómetro cuadrado. Se seguirán preguntando “¿y en dónde entramos acá nosotros?”. Déjenme darles un sólo argumento económico, o un sólo dato de la realidad. El producto interno bruto per cápita de los hongkoneses –gentilicio de los que viven en Hong Kong- es de 42.123 dólares por año.

Esta es la historia de un muchacho de 17 años, Joshua Wong. No tiene todavía edad para votar, pero hoy encabeza el movimiento estudiantil y popular en pro de la democracia en Hong Kong, que dejó de ser colonia inglesa en 1997 para pasar a ser región administrativa especial de China. El gobierno chino de Beijing, con régimen de partido único, considera que Hong Kong forma parte de China y como consecuencia no tiene derechos ni tiene atribuciones sobre su futuro político soberano.

Este activista estudiantil ha estado prácticamente a la vanguardia de las luchas en pro de la democracia que han sacudido fuertemente al régimen chino. Hace poco, en un reportaje, decía: “cuando escuchaba el himno nacional chino, no me sentía motivado por otra cosa que no fuese sencillamente malestar, ira. Porque al ver izarse la bandera china y al escuchar el himno nacional chino, que dice “levántense todos los que no quieran ser esclavos” (reiteración de la vieja Internacional, “¡de pie esclavos sin pan!”; ¿cuál es - se preguntaba este muchacho – el tratamiento que hoy recibimos en Hong Kong, sino el de esclavos?”.

Este chico, una suerte de pequeño genio de las redes sociales, emergió como activista en Hong Kong hace apenas dos años, cuando tenía, y comenzó a agrupar, de modo carismático, a los estudiantes que se querían pronunciar y rechazaban un llamado plan de “educación patriótica” en las escuelas, que era sencillamente una herramienta de adoctrinamiento del partido único, el Partido Comunista chino. Desde luego que la maquinaria propagandística se ha ido acentuando; lo han llamado “títere de los Estados Unidos”. La primera generación que ha crecido en Hong Kong bajo la soberanía del gobierno chino, implantada en1997, es también la que se siente más distanciada, más ajena a la influencia de Beijing. Este chico, Joshua Wong, nació menos de nueve meses antes de que la ex colonia británica fuese incorporada a China.

Joshua Wong está a punto de cumplir 18 años. Es una suerte de híbrido: por un lado, es un político hecho y derecho, y por otro lado, es una sensación entre los adolescentes. De tal modo que en su vida cotidiana en Hong Kong, si no está rodeado por simpatizantes que lo vitorean y admiran, suele ser permanentemente seguido por equipos de televisión y por periodistas. Forma parte de una generación de activistas de escuelas secundarias, que en Hong Kong han demostrado que las redes sociales pueden realmente hacer maravillas más allá de las técnicas tradicionales de la política e incluso de los medios tradicionales. Ya no estamos hablando de radio ni de televisión, y mucho menos de diarios; sino de redes sociales, para comunicarse a través de aplicaciones cada vez más sofisticadas. Es lo que Wong encarna: idealismo y talento organizativo, y esto es lo que a los mayores, a los más viejos, inclusive la generación de demócratas de Hong Kong, que siempre se opuso al régimen comunista chino, los hace ser muy cautelosos. Cuando son consultados, los mayores dicen que la mentalidad de estos chicos es muy diferente de la generación anterior. Uno de esos adultos los llama “mutantes”, pero ojo: “mutantes” en el buen sentido, como los Hombres X. Pero claro, tienen el temor de que en las próximas horas la reacción del régimen chino sea muy dura.

Wong representa, para sus coetáneos como para sus mayores, una cultura de la resistencia. Una cultura que tiene mucho de idealismo y es muy persistente en los estudiantes de escuela secundaria, que tiene acceso a los teléfonos inteligentes y están conectados con el mundo. Es inaudito, pero es la pura verdad:todo este movimiento que ha llevado a la calle a decenas de miles de manifestantes en procura de la democracia en Hong Kong, ha sido prolijamente suprimido en los medios de comunicación de China, además suprimido de Facebook, Twitter, y e-mail; el régimen chino ha reaccionado con una policía cibernética poderosa, que procura precisamente tapar la realidad, considerando que si la gente no se entera de ciertas cosas, todo va a permanecer como fue siempre.

Esta es la historia de Joshua Wong, un activista que comenzó a manifestarse cuando tenía 15 años, hoy tiene 17, a punto de cumplir 18; estuvo dos noches preso la semana pasada, y fue liberado por la manifestación estudiantil. Para la generación de sus padres, los más grandes irán muriendo, pero los jóvenes seguirán viviendo, y los habrán de superar. Es un movimiento basado en Internet, que algunos consideran excesivamente ingenuo si se lo compara con el poderío y el blindaje del régimen chino, pero se ha convertido ya en una fuerza potente en la campaña contra los cambios curriculares.

¿Queda, acaso, alguna moraleja para los argentinos? Se dirá que Hong Kong está muy lejos, que no tenemos una situación similar y es verdad, pero sería bueno que los dirigentes políticos, sobre todo aquellos que tienen más de 40 años, pensaran profundamente en estas cosas que están pasando en nuestro planeta, estos cambios ciclópeos, formidables, que se están produciendo en la manera de comunicar. Lo que parecía un tigre sin dientes, comienza a tener dientes que no nacen de la punta del fusil, como anunciaba el inventor de la China comunista, el presidente Mao, sino de las pantallas de las computadoras, y sobre todo de la voluntad individual, de la persistencia humana en recuperar o preservar la libertad. En Hong Kong creen que si no se movilizan como se están movilizando ahora, tranquilamente, en cualquier momento, el régimen de Beijing se los llevará puesto. Por eso han salido a luchar pacíficamente, enarbolando candelas, velas y cánticos alusivos a su demanda. Firmemente convencidos de que la libertad solamente surge de la humana voluntad de pelear por ella.

(*) Emitido en Radio Mitre, el jueves 2 de octubre de 2014. 



Pepe Eliaschev