COLUMNISTAS SUSURROS EMPRESARIOS

Compromisos, promesas y daños colaterales

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“Durante 12 años aceptaron entregar la renta al trabajo, con tal de que no le tocaran el capital, y así atravesaron el kirchnerismo. Por eso, ahora, van a bancarlos, porque saben que, si ‘ellos’ vuelven, les van a sacar el capital”. No lo decía un trotskista, sino uno de los principales operadores financieros del mercado, al explicar por qué en 50 días de Gobierno coexisten internas en el oficialismo, susurrantes quejas empresariales sobre mala praxis o de desvíos ideológicos, pero sin sangre que haya llegado al río. Se quejan algunos de demoras en la instrumentación de medidas, y del gradualismo elegido por Mauricio Macri en cabeza del ministro de Economía, Alfonso Prat-Gay, a quien asedian críticas de un sector de Cambiemos.
Por eso es que el “mercado” salió a asistir la corrección de la medida que de un plumazo, hace dos semanas, le quitó a las aseguradoras la obligación de invertir en empresas del “inciso k” (firmas de infraestructura, energía y pymes), y aumentó de un plumazo un aumento de la tasa de interés para las pymes de 10 puntos. La norma fue arreglada y en pocos días se reparó parcialmente el mercado.

Pero este apoyo no es incondicional. Se vio en la reunión que AEA mantuvo con el jefe de Gabinete, Marcos Peña, el miércoles. AEA agrupa a los dueños de las compañías más importantes de los sectores productivos del país. De Paolo Rocca a Héctor Magnetto, pasando por Luis Pagani, Enrique Cristofani, Federico Braun y Gustavo Grobocopatel. Los respaldos a la institucionalidad macrista se toparon con cruces acerca de la necesidad de que el sector privado contribuyera a poner coto a la escalada de precios. Las paritarias son la contrapartida de ese pedido, y sus efectos. El Gobierno intentará compasión gremial en las demandas si, y solo si, logra cierta garantía de que una disparada de los precios no los dejará a merced de la rebelión de sus bases. La preocupación empresarial por la insurgencia de muchas gremiales internas renacería mientras la política de despidos en el Estado estimularía la combatividad gremial.
El frente empresario no es homogéneo. Mientras el club de los propietarios  de empresas se reunía con Peña, algunos gerentes de sus empresas, en la UIA, apagaban incendios con llamadas alarmadas de pymes y de pequeñas empresas del interior del país.

Textiles, fabricantes de muebles, de zapatos y gráficos empezaron a detectar parálisis de encargos en el mercado local, por reemplazos o a la espera de que se estabilice la nueva situación de apertura de los mercados. En este aspecto, el Ministerio de la Producción se aprestaba para apagar algunos incendios. La convocatoria a las mesas de diálogos sectoriales para definir nuevos esquemas de protección sería uno de los extintores más eficaces.
Mientras el Gobierno insiste con que sus políticas están alineadas con la defensa del empleo, habrá que ver cómo hace para articular la apertura comercial post-cepo, recuperar su estructura institucional económica con la inmersión en un mercado global que tiene viento en contra.
“El mundo ahora está vendedor, no comprador, como parecía un año atrás”, explicó un industrial a PERFIL. La caída de los commodities y la de los granos que no logra recuperarse, la crisis de Brasil cuyo fondo no es posible avizorar desde la superficie y la caída de los precios del petróleo tienen en guardia a todos los países del mundo.

Cuando anunció la salida del cepo, el ministro de Hacienda y Finanzas dijo que se daba ese paso con el respaldo de las liquidaciones de exportaciones por parte de los cerealistas –que se cumplió parcialmente–, con un préstamo de bancos para reforzar las reservas –que un mes más tarde se acreditó el jueves pasado– y el anticipo de inversiones comprometido por empresas que actúan en el país.
Eso se lo había pedido Prat-Gay a un grupo de empresarios con quienes se había reunido los días previos en su domicilio. Habían sido de la partida Paolo Rocca, de Techint; Eduardo Eurnekian, de Aeropuertos Argentina 2000; y David Martínez, de Fintech, dueño del 40% de Cablevisión y aspirante a manejar Telecom. Convocados por el ministro, prometieron un apoyo  que parece esperar ciertas garantías de cumplimiento. Por eso, el Gobierno puso como prioridad la puesta de marketing del Foro de Davos y la cuidadosa agenda internacional.

Para asistir estos intentos de Prat-Gay, comenzaron a proliferar una serie de grupos de referentes financieros que actúan en el país para respaldar y asistirlo técnicamente. Son aportes desinteresados que pretenden suplir falencias urgentes. La mejor voluntad oficial choca con la falta de horas del día para, por ejemplo, terminar de completar los cuadros gerenciales. Organismos como la Aduana, por poner un caso, todavía esperan instrucciones concretas para la operación. Algunas medidas impositivas también se demoran. ¿Pasarán la factura antes de pagar lo que prometieron?



Ariel Cohen