COLUMNISTAS DEFENSOR DE LOS LECTORES

Con verdad no ofendo ni temo

PERFIL COMPLETO

Desde que fue publicada, días atrás, la noticia de que el jefe del Ejército había firmado la convocatoria a licitación para celebrar a lo grande el día de su arma, este ombudsman de PERFIL se metió en un debate más que interesante en las redes sociales, particularmente en Facebook. El disparador para la polémica fue una frase que generó esa publicación en Perfil.com: “Lo dice Perfil, no debe ser cierto”. Naturalmente, esa mirada nació y creció por los defensores a ultranza de este gobierno, en algunos casos ejercida desde la más pura inocencia y en otros desde el más crudo y bien remunerado interés.
Comprobé la veracidad de la información –consulté fuentes externas y accedí a documentación probatoria– y di respuesta a esa afirmación descalificadora de los opinantes K, ultra K, más o menos K y K críticos (pero poco) que privilegiaban la defensa del general Milani por sobre cualquier consideración, como viene ocurriendo desde que ese acusado por delitos de lesa humanidad fue designado por la Presidenta.
 
En realidad, era menos importante el hecho anecdótico (que quedó en suspenso tras la furibunda marcha atrás en ese millonario gasto, ocurrida un día después) que la cuestión principal en la que se origina esta columna de hoy: el valor verdad. Por cierto, para algunos periodistas y opinadores que no lo son, la verdad no es un absoluto sino una variable sostenible según los ojos de quien la busque. Hay, estiman, una intencionalidad en la búsqueda de la verdad, previa a su definición y sujeta a la mirada de cada quien.

Hace un par de años, dedicaba a la cuestión buena parte de su última columna, la de su despedida, quien fue defensora del diario El País de Madrid desde 2009 hasta 2012, Milagros Pérez Oliva, catedrática de 59 años que ejerce el vicedecanato del Colegio de Periodistas de Cataluña. Decía allí: “Una visión cínica del periodismo sostiene que la verdad no existe. Que puede haber tantas verdades como interpretaciones de la realidad. Este planteamiento es una gran trampa. Creo que los periodistas hemos sido negligentes al descuidar la defensa de la verdad. Porque la verdad, en periodismo, existe. Al menos existe la verdad de los hechos, la verdad factual. Aquello que es cierto y es comprobable”.

Por lo dicho, la verdad no es cuestionable, aunque sí lo es el criterio de veracidad que por lo general nos imponemos los periodistas cuando vamos en busca de fuentes diversas para lograr un mejor y más sano acercamiento a la información. Es allí donde parece relativizarse el valor verdad, porque los distintos abordajes sobre un mismo hecho quiebran la luminosidad de la certeza en una verdad única. Esto es lo que genera los grandes y también mezquinos debates que se vienen dando desde los distintos medios argentinos. En aquella columna, Pérez Oliva señalaba que la verdad “no es un compromiso entre sus diferentes versiones”, y exponía como si lo hiciera para la sociedad argentina de hoy: “Sin embargo, potentes aparatos de influencia saturan el espacio informativo con versiones y contraversiones destinadas a falsear la realidad. Más que informar, lo que hace este tipo de periodismo es desinformar. Porque la falsa neutralidad del periodismo de versiones otorga las mismas oportunidades a quien dice la verdad que a quien miente”. Y ejemplificaba: “... la verdad incómoda tiene más dificultades para imponerse al ruido mediático creado para sepultarla. Piensen en el cambio climático. Piensen en todos esos imputados por corrupción que se presentan como víctimas de una persecución política. Piensen en esos sindicalistas presentados como expoliadores, mientras los expoliadores aparecen como brillantes gestores”. Hay quienes se preguntarán por qué elijo palabras ajenas, escritas para un medio de otro país, para hablar de la cuestión doméstica. Lo hago porque no se trata de un tema local sino de un problema superior, que abarca a todo el periodismo del planeta. Cierro, entonces, con un último párrafo de aquella columna imperdible: “Si el ecosistema mediático está dominado por la charlatanería, el periodismo de calidad sufre cuando defiende la verdad. Pronto es acusado de manipular por quienes resultan perjudicados por ella. Y la guerra de versiones se convierte, con frecuencia, en una guerra de medios en la que la información veraz acaba siendo víctima del ‘todos son iguales’. Por eso es tan importante que el periodismo de calidad respete siempre las formas. No sólo ha de ser lo más factual y objetivo posible, sino que ha de demostrarlo.  Explicitando las fuentes, detallando los datos, exponiendo lo que no ha podido averiguar; siendo honesto”.

Hacer buen periodismo no es promediar entre versiones opuestas. Es ser creíble más allá de ese promedio. Y se es creíble cuando la información no está contaminada por las guerritas facciosas o mediáticas.



Julio Petrarca