COLUMNISTAS BOLETA ELECTRONICA


Concertación en orsai

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La tecnología hace tiempo que viaja en nuestros bolsillos. El celular se acomodó en nuestras vidas para indicarnos que ya no hace falta discutir más algunas verdades tecnológicas.

Sólo en dos campos parece no haber acuerdos a la hora de aplicar los avances tecnológicos para introducir certezas: el fútbol y las elecciones. El “ojo de halcón” y el “video ref”, son ejemplos deportivos. El fútbol, en cambio, amaga histéricamente con aplicar los adelantos de aparatología, pero siempre parece quedarse ahí.
¿Y las elecciones? Por estos días se trata en el Congreso la reforma electoral con la boleta electrónica. Se apuntan, entre otras, estas ventajas: ahorro de papelería, garantizar la presencia de boletas para todos los partidos y la rapidez del voto y su recuento.

Desventajas: la sospecha de si es factible manipular digitalmente el resultado, duda que también tiene el voto tradicional, el hackeo externo de los datos y su implementación en todo el país.

Se están colando en el tratamiento de la reforma al menos dos temas. El primero, la paridad: un grupo de diputad@s pretende alternar en la confección de las listas de candidatos a senadores y diputados nacionales una mujer y un varón consecutivamente, es decir, “una y uno”.

Hay que convenir que en la mayoría de las instituciones de la República la presencia femenina no alcanza al cupo del 30%, veamos la Corte Suprema, el Colegio de Auditores de la AGN, la composición de los síndicos de la Sigen, los ministerios e incluso, la CGT de 27 cargos electos en la reciente unidad sólo dos son ocupados por mujeres.
Pero aun reconociendo este injusto retraso de derechos e igualdad de oportunidades, cabe señalar que aprovechar la urgencia que tiene el Gobierno en aprobar la reforma electoral para proponer el “una y uno” no suena a que las mujeres están recreando o refrescando la política, sino a que confirman, con su accionar, el clásico “toma y daca” ajeno al debate que tanto critica la población sobre la dirigencia política.

En el mismo sentido se está gestando, en las comisiones respectivas, la ampliación de la cantidad de diputados a fin de reflejar el censo de 2010. De acuerdo con esto debería haber casi un 30% más de bancas en la Cámara Baja, obedeciendo a un mandato constitucional y reformulando la “Ley Bignone”, norma de facto.

Aquí lo mismo que antes, atar la discusión de la reforma electoral al aumento de diputados, aunque es necesario volver a la Constitución, puede ser percibido por la ciudadanía como el interés de la clase política de reasegurarse más cargos y sus consecuentes gastos para el bolsillo de los argentinos.
Lo que queda claro es que, en cada situación económica comprometida, se vuelve a poner en juego la eficacia de la democracia y el sistema representativo.

Los argentinos vivimos en una sociedad fraccionada, en la que los rencores tienen camisetas, dependerá la que nos toque hoy para ver con quién nos aliamos o a quién defenestramos. Esta fragmentación es sostenida por intereses sectoriales por encima del bien comunitario. Así los partidos políticos van perdiendo identidad y, consecuentemente, espacio.

La incertidumbre laboral, la creciente desigualdad, aportan a dudar de la baja calidad de la democracia representativa. Los partidos, como actores políticos, se vacían de ideología y se llena la opinión pública con propuestas a medio camino y sin debate (la citada paridad o el aumento de las bancas).

El pueblo, mientras tanto, parece demandar lo que no es atendido por instituciones vulneradas y vulnerables, se dispersan los reclamos y aparece la acción ciudadana, en algunas ocasiones manipulada por intereses efímeros.

Lo decimos de una vez, la inseguridad no se erradica con el aumento de penas, la corrupción no se combate con que devuelvan la plata los corruptos, los partidos no se fortalecen en la conformación de alianzas pegadas con agua, las injusticias de género no se resuelven con el cincuenta y cincuenta, ni la educación con cientos de escuelas.
Si los problemas son profundos y fragmentados, las soluciones no deben ser superficiales y sin cohesión. Hay que alcanzar una generosa y real concertación de actores sociales, representando los intereses de la población, con voluntad e inteligencia a la hora de las decisiones.

*Secretario adjunto de la Asociación del Personal de los Organismos de Control (APOC) y Secretario general de la Organización de Trabajadores Radicales (OTR-CABA).