COLUMNISTAS


Conejitos revestidos con vocales

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Lunes

Cuando Jorge Fontevecchia le pide al Gobierno que elabore una narrativa se refiere a los fines que debería enunciar para que el proceso político que inicia tenga un sentido, en especial para los perjudicados por sus primeras medidas.
¿Pero qué quiere decir “narrativa” cuando se le aplica a un poder político, hoy, en la Argentina o en el mundo?
Las palabras que necesita el poder para tener legitimidad simbólica no son de una gran variedad. Las hay trascendentes cuando fundamentan un poder en un Dios, como en las monarquías absolutas, en las teocracias o en la República de Platón. Se condensa en tres propósitos: obedecer a la Ley y sus mandamientos, trasmitir la Verdad, y salvar el alma.
Y las hay de las otras.
Por tradición, en nuestro país el relato político dominante debe apuntar a un enemigo, tener mártires y un par de héroes. Por eso el peronismo puede nombrarlos y otros no. Evita, Rodolfo Walsh, por ejemplo, la Juventud Maravillosa, Nestornauta para seguir, y como enemigo, el imperialismo, la oligarquía y los gorilas.
Además, puede evocar una épica con acciones recordables, como el 17 de octubre y la Resistencia durante la proscripción. Una vez hecho el paquete con todos estos ingredientes, cada vez que es necesario se lo abre y se muestran los conejitos
revestidos de vocales y consonantes.
El filósofo J.F. Lyotard dijo que ya no hay grandes relatos. Y tenía razón. Lo era el liberalismo con sus ideas de individuo, habeas corpus, libertad de expresión y separación entre fe y razón, o entre Iglesia y Estado. El comunismo con su teoría de la lucha de clases, el fin de la explotación del hombre por el hombre, hasta la conformación de una sociedad en la que cada uno ejerza una actividad según sus capacidades, y en la que todos tengan satisfechas sus necesidades. Una comunidad ideal sin dinero y sin poder.
Hoy no creemos en esas utopías, pueden funcionar como horizontes regulativos de índole moral, como el
republicanismo o la compasión populista.
Vivimos tiempos de comunismo neoliberal de avanzada y de una socialdemocracia sin Estado de bienestar, es decir, de categorías monstruosas, fuera de especie.
Pedirle a Macri que exprese algo más que su deseo de que todo el mundo sea feliz es un pedido comprensible. El Presidente no se destaca por su cultura y da toda la sensación de tener poca calle.
Sin embargo, dudo que nuestra demanda pueda ser satisfecha. Quienes le pedimos lo que no tiene, quizás, desde nuestro saber, podríamos ofrecerle alguna ayudita “narrativa” para que complete sus discursos.

Martes

El Cholo está de moda. Futbolero rabioso, veo todos los partidos de la Champions, y después de desmayarme de goce viendo al Bayern y al Barça, me cansé. Quería que ganara el Atlético. Por la siguiente razón derivada de una apreciación psicológica.
Hay dos autoestimas: una auténtica y la boba. La primera dice: soy feo y soy malo; ellos son lindos y buenos. Veo cómo les gano. La boba: soy lindo y bueno; a mí no me gana nadie.
Simeone sabe que Messi, Suárez y Neymar se sacan una selfie antes de comenzar cada partido, y lo hacen frente a las cámaras. Pep tiene a Müller, Lewandoski, Ribeli, Douglas Costa, Roben… le sobra pilcha y guita.
En el equipo del Cholo hay jugadores de los que no recuerdo los nombres. Me aprendí el de Koke, el de un Saúl, creo que hay un Gaby, y de lateral derecho juega Don Quijote, eso sí, que se hace llamar Juanfran.
No se trata de defensivo ni de tiqui taca, sino de dignidad.

Miércoles

Es increíble cuánto saben los periodistas Carlos Pagni y Horacio Verbitsky sobre la vida y obra de los jueces de la Nación. Si tienen caballos de carrera, si toman el mate dulce o amargo, si la ex cuñada de un magistrado anda de entreveros con el primo de un empresario imputado, si almuerzan de a tres o cuatro en una despensa de lujo con servilletas de lino; en suma, cuestiones que a todos los ciudadanos nos interesa si deseamos que nos tengan informados.
Salvo que lo que escriben no sea para nosotros sino para los mismos jueces, así se enteran de que hay un gran hermano de la gráfica que sabe lo que no convendría conocer. El cuarto poder, que le dicen.

Miércoles a la noche

Dijo el filósofo Michel Foucault: “Me asombra y lamento que las denuncias de corrupción que concitan la atención de tantas personas sin escrúpulos atraigan a tan pocas personas honestas” (Dits et Ecrits III, pág. 682)

Jueves

Gracias al esmero y a la curiosidad de una amiga, veo los capítulos de la magnífica serie Horace and Pete, creada por Louis CK, que en realidad se llama Louis Szekely. De apellido húngaro y de lengua materna el castellano por haber vivido en su infancia en México, excede en talento.
En la serie actúan, entre otros, Steve Buscemi, Jessica Lange, Alan Alda, por lo que el encanto derrocha, rebalsa, emociona. En cada capítulo pasa algo distinto, pero siempre en un viejo bar de Brooklyn. Por lo general la trama gira alrededor de una situación paradójica, rara, difícil de encarar. Hay borrachos, psicóticos, los que padecen el mal de Tourette, personas con cáncer, obesas. Y nos reímos con los personajes a la vez que compartimos su drama. Hilaridad y dolor bien entremezclados.
Me remito a un episodio. Louis –que hace de Horace, uno de los dueños del bar– se acuesta con una negra bien audaz y divertida, que a la mañana, en medio de los huevos revueltos, le ofrece a su compañero la siguiente hipótesis: ¿qué hay si le dijera que soy una transexual?
Louis cree que le toma el pelo, pero ella no agrega nada más. ¿Qué hay?, insiste. El, anudado en su perplejidad, al fin, sin ánimo de ofender, sin querer violar derechos humanos, responde: me hubiera gustado saberlo antes…
Ella lo atrapa. ¿Por qué? ¿Cuál es la diferencia? ¿Acaso no pasó una buena noche y no disfrutó con su pussy? ¿Es ella menos mujer por haber sido antes un hombre?
Louis tartamudea: no, claro… no quise decir eso…pero, sin ofender, ¿no me estarás jodiendo?
Así termina el episodio.
En una entrevista con Charlie Rose, Louis, respecto de este capítulo, habla sobre los derechos de los transexuales, de una identidad incuestionable y del derecho a la intimidad. Pero dice que no sabe si es necesario estar informado del cambio de identidad cuando se tiene una relación sexual. En mi opinión, creo que Louis tenía derecho a saber. No es lo mismo acostarse con una mujer nata que con una mujer que fue hombre. No es igual. Ni en el imaginario ni en lo real. Tenemos derecho a decidir el uso de nuestros placeres, como todo el mundo.

Viernes

Descanso.



tabraham