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Construcción de la verdad

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Gianni Vattimo, en su libro Adiós a la verdad, afirma que si uno dice que no hay verdades absolutas, la gente se enfada. El filósofo señala que las épocas en las que se creyó que la política podía basarse en la verdad absoluta fueron de gran cohesión social, de tradiciones compartidas pero también, en muchos casos, de disciplina autoritaria impuesta desde arriba. En palabras de Vattimo, “un ejemplo, incluso admirable, es la época barroca: por una parte, un amplio conformismo asegurado por la autoridad absoluta de los reyes y, por otra, un maquiavelismo explícitamente teorizado. La política ‘moderna’, la que hemos heredado de la Europa de los tratados de Westfalia, en el fondo es ésa. Hasta en los casos cada vez más numerosos de corrupción administrativa (como ocurrió en la Italia de ‘manos limpias’), los políticos han reivindicado, en los tribunales, el derecho a mentir (y robar, corromper, etc.) en nombre del interés ‘general’. Robaban no para ellos mismos sino para el partido, y por lo tanto para el funcionamiento de la democracia, que cada vez cuesta más”.

Según Vattimo, no nos gusta vivir en una sociedad abierta, incluso la gente que no cree en las verdades absolutas tiene la nostalgia de un referente fuerte o un padre autoritario, pero esto también es un problema político, no sólo filosófico. Aunque sea obvio afirmarlo, la democracia no puede residir en una clase de detentadores de la “verdad” que ejerzan el poder, como lo ha sido en el pasado con las distintas dictaduras o en su día con el absolutismo, pero no se trata de que esta autoridad sea sustituida por, según dice el filósofo italiano, “el poder incontrolado de los técnicos de los diferentes sectores de la vida social”.
¿La verdad filosófica está en manos hoy, literalmente, del mercado y su relato?

En el libro que el economista griego Yanis Varoufakis acaba de publicar, Adults in the Room, cuenta su experiencia como ministro de Economía griego en el gobierno de la coalición de izquierda Syriza. Varoufakis dice que en Washington, antes de que comenzara una reunión con Larry Summers, ex secretario del Tesoro y asesor de Barack Obama, éste le preguntó de qué lado quería estar: dentro o fuera. Los que eligen el exterior, le advirtió Summers, son los que optan por contar su versión de la verdad. ¿El precio? Quienes toman las decisiones importantes los dejan a un lado.
Varoufakis llega a una conclusión que merece la pena atender porque surge de quien hizo una inmersión profunda en el ojo del poder: éste, el verdadero poder, lo tienen los mercados financieros con sus Bolsas y sus redes de inversión, asistidos por los medios de comunicación construyendo una verdad necesaria urbi et orbi. Ejercer la política en este escenario pasa por aceptar esa condición y moverse sin alterar el ecosistema financiero.

Una nueva verdad, entre tantas, que incluso la izquierda asume, es que el trabajo desaparecerá en manos de las nuevas tecnologías. La economista italiana Mariana Mancuzzo sostiene que esto no es realmente así: “La razón por la que puede que no haya empleos –dice Mancuzzo– es porque las empresas y la economía se están financiarizando. La mecanización y la innovación han ido destruyendo empleos, pero a medida que los beneficios se han ido reinvirtiendo, nacen nuevos sectores y nuevos empleos. Cuando se interrumpe ese proceso inversor en innovación, todo se detiene”.
¿Qué gobiernos invierten hoy en innovación? ¿El argentino o los de los países del sur europeo? La respuesta está en los relatos oficiales que construyen verdad, una verdad necesaria para gobernar. Mancuzzo no lo duda: “Quienes saben construir el relato sobre lo que ocurre son quienes dominan el mundo. Los neoliberales y los populistas saben hacerlo mejor. No hay nada determinista que diga que son ellos quienes deben mandar. Pero si la izquierda no encuentra un lenguaje y un relato para contar algo propio, tiene un problema”. Y no es pequeño.

*Periodista y escritor.