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Consumo, dólar y precios pueden subir ‘juntos a la par’

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Desde principios de año, el objetivo central de la política económica fue llegar a las elecciones con las presiones cambiarias e inflacionarias contenidas, y un consumo pujante.

En la primera mitad de 2015, el Gobierno trabajó intensamente en aplacar las tensiones. Por un lado, consiguió los dólares financieros necesarios para profundizar el atraso cambiario y apuntalar la venta del dólar ahorro (clave para estabilizar el blue) sin afectar el stock de reservas internacionales. Además, el acotado deslizamiento del dólar oficial y el congelamiento de tarifas ayudaron a moderar las presiones inflacionarias.

La calma cambiaria e inflacionaria lograda en los primeros meses del año se tradujo en un fuerte repunte de la confianza del consumidor y la estabilización del nivel de actividad. De hecho, en el segundo trimestre se observaron brotes verdes en varios rubros del consumo (apuntalados por promociones y financiamiento en doce cuotas sin interés) y en algunos sectores productivos como la construcción, que no requiere de divisas para crecer.

Más aún, el Gobierno preparó el terreno para dinamizar la actividad en el segundo semestre con un fuerte salto de los ingresos nominales (retraso del cierre de paritarias de los principales gremios, shock de gasto público concentrado en trabajadores informales y jubilados), y un mayor cupo de importaciones para la compra de insumos productivos.

Pese a los avances del “plan oficial” mencionados, las tensiones en el frente cambiario e inflacionario volvieron a resurgir, amenazando la concreción del objetivo planteado.
En primer lugar, destaca una política fiscal ultraexpansiva donde los gastos crecen al 40% mientras que los ingresos trepan al 30%. El creciente y elevado déficit primario (en niveles similares al promedio de la década de los 80) demanda mayor financiamiento con emisión.

Lejos de funcionar como un contrapeso, la política monetaria también está siendo expansiva (se aceleró el crecimiento de los agregados monetarios). Lamentablemente, la elevada inyección de pesos, en un contexto de creciente atraso cambiario e incertidumbre por el recambio presidencial, potencia las presiones cambiarias e inflacionarias existentes.

A esto se le suma un contexto internacional que dificulta la estrategia oficial de “atraso con endeudamiento externo”. La apreciación mundial del dólar no sólo profundiza la pérdida de competitividad local, sino que deprime los precios de las commodities generando un impacto negativo sobre nuestro país y nuestros vecinos. El caso de Brasil es el más preocupante. En un contexto político complejo, la economía de nuestro principal socio comercial profundiza su deterioro: ni su moneda ni la recesión parecen encontrar un piso, generando un combo muy negativo para nuestro país.

Además, la inminente suba de la tasa de interés de la Fed, el desplome de la Bolsa de China y la saga de Grecia incrementan la volatilidad de las finanzas internacionales. Lamentablemente, Argentina depende una vez más del ingreso de capitales externos para financiar los desequilibrios internos, por lo que problemas en los mercados internacionales y/o con los holdouts condicionan el plan oficial.

Por último, la incertidumbre en torno al recambio electoral juega un papel crucial en las decisiones de los agentes económicos. Es particularmente relevante lo que suceda con las expectativas cambiarias: cambios significativos en la percepción de la población sobre lo que hará el próximo presidente con el dólar pueden consolidar la calma o generar estrés.

La pregunta del millón es qué pasará con el estímulo oficial al consumo y las presiones cambiarias e inflacionarias en la segunda mitad del año. A simple vista, uno no esperaría que estas tres variables se movieran en la misma dirección. Sin embargo, lo más probable es que el consumo, el dólar paralelo y los precios trepen “juntos a la par”, como indica el nombre de la reconocida canción del rock nacional.

La masiva inyección de pesos a la economía va a lograr traccionar el consumo. Buena parte de los recursos estatales se volcarán en hogares de menor poder adquisitivo (de baja propensión al ahorro), que concentrarán su gasto en consumo masivo (este segmento no se recuperó en el primer semestre). Además, el incremento nominal de los salarios tras las paritarias, las cuotas sin interés y los descuentos serán aprovechados por la clase media para adquirir bienes durables (atados al dólar). Por último, sectores de mayor poder adquisitivo van a adelantar el pago de gastos en moneda extranjera (pasajes de avión, paquetes turísticos, etc.) ante la creciente incertidumbre cambiaria.

Dicha inyección de recursos altera la frágil tregua cambiaria e inflacionaria conseguida. Como ya se mencionó, una parte de la expansión del consumo va a demandar (directa o indirectamente) divisas. Asimismo, aquellas familias con capacidad de ahorro pueden dolarizar sus activos hasta que aclare el panorama cambiario/político. La reciente suba del blue junto con un nuevo récord de venta del dólar ahorro indican que eso ya estaría sucediendo.

Las empresas con liquidez en pesos también pueden buscar cobertura en moneda dura (el alza del contado con liquidación es una señal), pero antes deberán tomar una decisión trascendental sobre cómo enfrentar el incremento nominal de la demanda durante la segunda mitad del año. La disyuntiva aquí es cuánto remarcar los precios y cuánto podrá aumentar la producción.

Diversos factores pesan en la decisión del empresariado, pero la continua suba de costos que erosiona la rentabilidad, la posibilidad de que el repunte de la demanda sea transitorio, la dificultad en la provisión de insumos importados (pese a que el Gobierno habría morigerado las trabas) y la expectativa sobre su costo de reposición indican que buena parte del incremento nominal de la demanda se capturaría vía suba de precios, aprovechando que los controles oficiales serán más laxos durante la transición política.
La conjunción de todo lo mencionado se observa en los primeros indicadores disponibles de julio: la lluvia de pesos hizo que la confianza del consumidor rozara niveles de 2011 pero también que la venta del dólar ahorro se ubicara en niveles récord, en un contexto en que la cotización del dólar paralelo no afloja y resurgen las presiones inflacionarias.

*Economista jefe de Ecolatina.



Lorenzo Sigaut Gravina