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Continuidad y cambio al mismo tiempo

Por Jorge Fontevecchia | Análisis sobre las escasas diferencias ideológicas entre los candidatos a la Presidencia de la Nación.

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Foto:Cedoc Perfil

La polarización que muestran las encuestas entre Scioli y Macri crea una falsa idea de sociedad fracturada. No existe tal división entre continuidad por un lado y cambio por el otro. Eso es confundir los eslóganes de los candidatos, simplificaciones diferenciantes con la realidad, que no es tan diferenciada.

Probablemente en ese error cayó Massa al creer en serio que Macri representaba un cambio verdadero y Scioli, una continuidad también verdadera, y entonces tendría lógica su propuesta mediadora: “el cambio justo”. El fracaso de su propuesta quizás obedezca a que los votantes traducen los eslóganes de los candidatos y saben que en el fondo Scioli, Massa y Macri son parecidos, tan parecidos que hace dos años estuvieron analizando un acuerdo entre los tres que no se produjo simplemente porque no le convenía a Scioli, de la misma forma que ahora no se produce entre Macri y Massa porque no le conviene a Macri (o cree que no le conviene), pero no por cuestiones ideológicas. No hay diferencias ideológicas entre ellos, y sus críticos hasta podrían decir de los tres que no tienen ideología.

La grieta entre gran parte de los medios de comunicación invierte el orden de proporciones de la sociedad. La enorme mayoría de los medios de comunicación está claramente alineada con el Gobierno o decididamente contra él. Mientras que en la sociedad sólo el 15% cree que el kirchnerismo es lo mejor que le pasó al país en su historia y el 25% piensa que el kirchnerismo es lo peor que le pasó al país en su historia. Pero el 60% restante ve correctos claros y oscuros en el Gobierno. Lo que sucede es que ese 15% militante y ese 25% opositor son los altamente politizados y comprometidos con la política, los que consumen los diarios, los canales de noticias y los programas de radio politizados. Pero el país de verdad y los resultados electorales pasan más por ese 60%, que, al estar alejado de las pasiones de la política, quizás pueda ver mejor que los reyes están desnudos de ideología, que los candidatos no son tan diferentes entre sí y por eso pueden pasar en pocos meses de votar por Massa a votar por Scioli o por Macri, volviendo loco al círculo rojo de los pro y los contra, quienes nunca podrían permitirse esa volatilidad porque a Scioli y a Macri los cargan de su propia ideología, como en el amor el enamorado proyecta sobre el objeto de amor todos sus ideales, aunque no estén allí. Lacan decía que el enamorado se enamora “de alguien que no es”, pero no importa, se realiza en su fantasía.

No hay margen en economía para mucha continuidad ni en la sociedad para mucho cambio

En la economía es donde se plasmarían más contundentemente las diferencias ideológicas de los futuros presidentes, y sea Scioli o sea Macri habrá allí continuidad y cambio al mismo tiempo. Si Scioli pretendiera continuar con el modelo Kicillof, podría hacerlo pagando el costo extra de endeudarse al doble de tasa de interés mundial o pagando más caro por infraestructura, comprándoles sólo a quienes nos financien, como China. Pero sólo podría estirar un tiempo más los cambios macroeconómicos que precisa este modelo obsoleto. Con un año de diferencia terminaría produciendo los mismos cambios que Macri introduciría más alopáticamente desde un comienzo.

Al mismo tiempo, Macri, si pretendiera aplicar un modelo económico ortodoxo y aun sin llegar a ser neoliberal, tampoco podría sostenerlo porque la sociedad en su conjunto no comparte esa visión, ni aun gran parte de los que lo votarán y de su círculo rojo.

El antikirchnerismo es una gran contribución al kirchnerismo, una eficacia táctica de algunas ideas de Laclau en las que entraron sin mucha conciencia los medios y los periodistas hoy más críticos del Gobierno, haciéndole el juego de ponerse a su servicio como sparrings dedicados. Creyéndosela, como Massa o, en sentido contrario, se la creyeron Randazzo o Milani, o Nisman o Stiuso. Pensaron con categorías equivocadas.

Que Scioli y Macri sean los que más lejos llegaron en esta carrera por suceder a Cristina Kirchner en parte puede obedecer a que, al ser poco ideologizados, son más inmunes a creerse ciertas mentiras. Su propia desideologización los inocula contra cualquier conceptualismo, y provenir de fuera de la política, de actividades más básicas como el deporte y las empresas, los hace menos complejos y menos engañables con retórica.

Estilos distintos pero el mismo contexto harán que apelen a soluciones parecidas

La Argentina que viene requerirá algo de continuidad y algo de cambio, en gran parte porque tras el fracaso del comunismo y del neoliberalismo no apareció una idea claramente superadora de un híbrido entre Estado y mercado. Esto no quiere decir que Scioli y Macri sean lo mismo; de la misma manera, el solo hecho de que cambie Cristina Kirchner por Scioli, aunque siguiera todo el gabinete K y sus políticas, igual no sería lo mismo porque la impronta personal de quien conduce hace diferencias. Lo que sí será el mismo es el contexto, y lo dado no es poca cosa: muchas veces en estas y otras páginas se sostuvo que si Menem hubiera gobernado en el siglo XXI y Néstor Kirchner en los 90, los papeles de privatizador y nacionalizador se hubieran invertido.

Lo que los argentinos elegiremos en octubre próximo serán estilos de introducción de cambios y mantención de continuidades, pero no entre cambio y continuidad. Habrá de ambos al mismo tiempo.



jfontevecchia