COLUMNISTAS DEFENSOR DE LOS LECTORES

Cortar no es un placer

PERFIL COMPLETO

Como es fácil advertir, la sección Cartas de los Lectores mantiene ciertas reglas expuestas en el extenso copete que se publica en la página anterior. Es evidente que algunas de ellas son violadas con frecuencia, y este ombudsman quiere aclarar que ello ocurre, muchas veces, con su conocimiento y aceptación. Una de esas normas es la que establece el límite máximo de mil caracteres para cada envío, medida que se considera razonable para exponer ideas, propuestas o reclamos. Otra,  que los correos estén dirigidos a este diario y no también a  otros medios, en lo que se puede definir como un “volanteo” sin destinatario claro.  

La mayoría de las cartas excede largamente los mil caracteres, lo que obliga a recortar drásticamente los textos, no siempre de manera afortunada para los firmantes. Se ha llegado a excesos (hace un par de semanas, un lector escribió más de 11 mil caracteres, texto que hubiese ocupado la totalidad del espacio destinado a las cartas), y no pocas veces los lectores afectados vuelven a escribir quejándose por las reducciones.

Debo explicar por qué se aceptan misivas de extensión mayor a la permitida: lamentablemente, no son tantos los correos recibidos cada semana que merecen publicación (son centenares los que llegan a la casilla de correocentral@perfil.com, pero más del 90% constituyen textos impublicables), por lo que es preferible, muchas veces, darles mayor espacio a los mejores que salpicar la sección con envíos de escaso valor. La intención es dosificar con equilibrio las tres razones por las cuales escriben los lectores: para manifestar quejas, elogios, errores o aciertos en relación con notas publicadas; para exponer problemas sobre el funcionamiento de instituciones; y para sentar opiniones acerca de la realidad.
Son  demasiados los lectores que consideran la sección a ellos dedicada como un espacio para producir sus propias columnas de opinión, una conducta que reiteran semana tras semana, en algunos casos a razón de más de una carta por vez. Este ombudsman debe, a veces con dificultad, limitar tanto entusiasmo de los opinólogos para evitar la repetición de firmas y de fórmulas. Así, la coherencia y valor de los textos adquiere importancia para el conjunto de los lectores, aún aquellos que jamás han escrito una línea a la sección. Esta búsqueda de la excelencia también motiva no pocas dificultades a este ombudsman, que seguramente habrá editado cartas excesivas con mayor arbitrariedad que la anhelada por los corresponsales. Lamentablemente, el cortar textos es una de las tareas menos gratificantes para cualquier editor, y con más razón si esos textos provienen de los lectores. Hoy mismo, varios de los correos publicados han recibido fuertes recortes, aunque al realizarlos se haya intentado no desnaturalizar la esencia de los envíos.

Para que nadie se sienta sorprendido por  las reducciones de sus textos es que se insta a quienes envían cartas, a hacerlo con mayor capacidad de síntesis y respeto por sus pares y por este Defensor de los Lectores.

Policiales. La siplificación conlleva riesgos que muchas veces, en este oficio y en medios como PERFIL, afectan el buen entendimiento de los destinatarios, es decir los lectores.

Ayer, un título pequeño en la tapa y la nota que le da sustento en las páginas 44/45  incurrieron en algunas de esas reducciones al tratar la cuestión de las indemnizaciones pecuniarias que ordenó la Corte Interamericana de Derechos Humanos al gobierno argentino porque su sistema judicial condenó a prisión perpetua a varias personas que cometieron homicidios  cuando eran menores de edad, pena inadmisible y violatoria de las normas jurídicas internacionales según entrendió el tribunal continental.

* El título de tapa dice “Homicidas indemnizados”, que si bien es correcto en su formulación formal aparece como sesgado en cuanto a lo que sugiere.

* El título interior es, cuanto menos, equívoco: “Indemnizan con US$ 100 mil a cinco menores condenados a cadena perpetua”. No indemnizan a cinco menores sino a cinco mayores que mataron cuando eran menores; no es lo mismo. Y además: la figura “cadena perpetua” no corresponde ni es lo mismo que “prisión perpetua”.

* No se indican en ningún caso las edades actuales de los involucrados, mayores de 30 años en tres de los casos, y cercano a los 30 otro de ellos. Llama la atención el trato cuasi familiar que se les da en el epígrafe, identificándolos por sus nombres y no por sus apellidos, como es usual con los niños y adolescentes.

* Y finalmente, dos errores; la CIDH es la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y no la Corte, que se abrevia Corte IDH; el homicida de apellido Roldán es llamado Saúl Roldán Cajal, Saúl Roldán y Cristian Roldán Cajal en tres lugares diferentes de la nota.



Julio Petrarca