COLUMNISTAS EDUCACION

Crisis y oportunidad

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La escuela del futuro puso sobre el tapete una serie de puntos sobre los que conviene prestar atención. En principio, estamos frente a una nueva reforma que pretende alcanzar a todo el país, valga de ejemplo el Plan Maestro. Se trata de la tercera iniciativa en menos de tres décadas. La reforma fue escasamente divulgada y discutida con los actores principales de la experiencia: las escuelas piloto fueron anoticiadas con poco tiempo y citadas aisladamente a reuniones. El resto de la comunidad educativa –estudiantes, docentes, futuros docentes, familias– no está siendo involucrada en discusión alguna, algo similar al cuadro de las anteriores experiencias. Por eso los estudiantes mostraron su rechazo, una vez más, mediante las tomas, acompañados de muchos padres y docentes. Debería llamar nuestra atención la campaña de deslegitimación que han sufrido. Lo cierto es que la toma en sí no es ni buena ni mala. El eje de la discusión debe ser qué intereses representa. En este caso, expresa el del conjunto de la sociedad por educarse mejor, realizado además por los eslabones más débiles de la sociedad. Pero, por otro lado, deberíamos atender el supuesto real detrás de la iniciativa: la profunda crisis que afecta a la escuela argentina. Hay que preguntarse entonces por la naturaleza de esas crisis, si la reforma podrá resolverla y qué deberíamos hacer nosotros.

Poco se sabe del proyecto, porque la información que circula es escasa y eso es de por sí grave. Sabemos que se reduce el tiempo de exposición de los docentes, se concentra su trabajo como facilitador de los objetivos individualizados de los alumnos que realizan trabajo autónomo y se concentra el currículum en áreas, lo que históricamente implicó degradación del currículum. En efecto, el documento oficial reconoce que ya no se debe centrar la escuela en los contenidos sino en las aptitudes, habilidades y necesidades del mercado laboral. Se flexibilizan los objetivos por alumno según el riesgo escolar, se flexibiliza (aún más) el régimen de asistencia de los alumnos, se introducen prácticas profesionalizantes para el quinto año. Además, se terceriza el espacio de aprendizaje ya que la ampliación de la jornada escolar se realizará fuera de las escuelas en clubes, comedores, ONG’s. Esto no es más que la degradación de la formación, en tanto algunos van a aprender más y otros mucho menos, se desdibuja el rol docente haciéndolo prescindible y el lugar de la escuela misma.

Este nuevo proyecto no desentona con la tendencia histórica a la degradación educativa de las últimas cuatro décadas. Los alumnos aprenden cada día menos en escuelas que carecen de infraestructura y recursos elementales para mejorar el punto de partida de casi 7 millones de chicos que sufren carencias estructurales profundas. La degradación de la infraestructura escolar es reconocida por el Gobierno cuando se compromete a mejorar las conexiones wifi y los equipos de las escuelas piloto. ¿Y del resto? Esta sociedad no garantiza un trabajo ni siquiera a estudiantes con título universitario. ¿Se piensa que ese problema se resolverá con las prácticas de quinto año? No lo hará. Pero la mayor degradación y fragmentación en marcha presupone una respuesta para ese mercado de trabajo. Cualquier indicador social (o educativo) muestra que la sociedad argentina se degrada a nivel salarial, laboral, social, cultural. La sociedad argentina está en crisis, ¿por qué la escuela no va a estarlo?

Precisamente, el reconocer la crisis nos interpela. No podemos simplemente “rechazar” la reforma. Los sindicatos docentes se equivocan cuando ésa es la única respuesta. La tarea de la hora es organizar un gran congreso de estudiantes secundarios, terciarios y universitarios, docentes de todos los niveles, familias y demás miembros de la comunidad escolar en el cual se discuta un plan de lucha por una educación pública, nacional, científica y que sirva para la transformación social. Ello nos llevará a pensar posibles soluciones a la crisis. Vale la pena porque a quienes hace décadas nos ofrecen una escuela sin futuro hay que mostrarles que nosotros tenemos nuestra propuesta.

*Docente, Conicet/UNQ/Ceics.

Romina de Luca*