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Cristina dijo ‘mierda’

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Lo dijo al recibir al elenco de actores y directores y productores que viajó a Cannes en la esperanzada delegación que “nos representa como Nación” en un arte en el que nunca nos destacamos (el cine), al menos si lo comparamos con nuestra producción telúrica (malambo), literaria y gastronómica (dulce de leche y milanesa a la napolitana). Por supuesto, políglota y educada, Cristina lo dijo en francés, “merde”, y alguien, ¿ella misma?, explicó que el presunto insulto era en realidad una expresión de buenos deseos porque, en las buenas viejas épocas (que ya no volverán, porque a cambio de la oligarquía ahora impera el inclusivo capitalismo de amigos), mierda era lo que se acumulaba en la entrada de los teatros, soltada por los caballos que arrastraban los carruajes que trasladaban a los espectadores de las obras de éxito. Así, desear mierda es augurar pilas de éxito. Claro que ese producto, expelido en masa en una ciudad pujante, termina produciendo pestes y ratas y las ratas tienen pulgas y piojos y no hay gato ni sanidad que alcance, lo que explica el rápido desarrollo de la industria automotor y petrolífera desde comienzos del siglo XX: en algún momento, el automovilismo y los motores de combustión interna fueron una solución para un problema urbano. Pero la dinámica del dominio del hombre sobre la naturaleza y la creación de una naturaleza artificial y el desarrollo de las fuerzas productivas modificaron la solución, o más bien la volvieron parte del problema, cosa que advierte a simple vista cualquier persona razonable, excepto los políticos lobeados por los empresarios. El modo de extraer petróleo por fracking supone unos insumos de agua enormes y baratos, pero ¿qué pasará cuando todas las aguas queden inútiles y apestadas? No por nada, Stephen Hawking, que es un experimento glorioso y fallido de la evolución (puro cerebro y cuerpo mocho) nos advirtió que nos preparáramos para rajar en dirección de las estrellas si queríamos sobrevivir como especie: acá, en esta tierrita superpoblada e hipercontaminada, nos vaticina una duración inferior a los doscientos años.

Tengo una intuición, incomprobable: el capitalismo es devastador y voraz, se corresponde con un modo primitivo de pensar nuestro estar en el mundo, propio de zonas antiguas de nuestro cerebro: las reptilianas. Si seguimos así por mucho tiempo, Cristina demostrará que tuvo razón al decir mierda.



Daniel Guebel