COLUMNISTAS EL ABRAZO SCIOLI-MAGNETTO

Cristina lo hizo

El encuentro desató la ira presidencial y hay quien lo ve como señal de fin de ciclo. Encrucijada oficial.

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Foto:Dibujo: Diego Temes

Daniel Scioli avanzó por el medio del salón. La concurrencia se abrió al paso del gobernador que fue derechito hacia Héctor Magnetto. Se hizo un revuelo de fotógrafos y camarógrafos que pusieron el dedo en el gatillo. El gobernador y el CEO de Clarín se estrecharon en un abrazo y se levantó un murmullo que hablaba de un hecho político. “¡Qué convocatoria, Héctor!”, dijo Daniel sonriente, rodeado por su hermano Pepe Scioli, Gustavo Ferrari y Gustavo Marangoni. “Es la nueva Argentina que nace”, respondió el empresario. Parecía una pesadilla de Cristina Fernández, pero fue una realidad que corresponde analizar en su profundidad y de cara a 2015. La Presidenta no aguantó ni un día para reaccionar. Le ordenó a Capitanich que devolviera el agravio y el jefe de Gabinete dijo con algún problema de sintaxis : “Dime con quién andas y te diré quién eres”. Ayer redobló la apuesta y fue al grano. Acusó a Scioli, sin nombrarlo, de ser empleado de los grupos mediáticos que financian sus campañas y de marionetas de las corporaciones que quieren extorsionar a la democracia”. Scioli no devolvió la cachetada. Puso la otra mejilla: “No pido permiso ni me escondo”, y citó como ejemplo de su amplitud que también participó en eventos organizados por el diario PERFIL.

Esa fue la bandera de largada para que otros dirigentes más sectarios y con menos votos todavía salieran a confirmar lo que los carteros abiertos plantearon con o sin vueltas: “Scioli no nos representa”. “Cualquier colectivo lo deja bien”, acusó Sergio Urribarri, quien se presenta como un ideológico puro del cristinismo. Magnetto tuvo la gentileza de no refregarle en la cara ese triunfo a la Presidenta y al día siguiente ni en Clarín ni en ningún lado pudo verse la imagen de ese abrazo público que marca un antes y un después. Magnetto se autolimitó. Podría haber publicado la foto en la tapa del diario o las imágenes en Telenoche y hubiese generado un tsunami político en el peor momento de un gobierno que tuvo a su vicepresidente vapuleado en los tribunales, a semanas de ser procesado, camino al juicio oral y que por la noche accedió a ser entrevistado por TN. A sus plantas rendido un Boudou.

Marangoni quiso quitarle dramaticidad al gesto y habló de la cordialidad como bandera del sciolismo y se quejó de que  “si después de treinta años de democracia no podemos estar con quien piensa diferente, estamos en problemas”. Error. Para Scioli puede ser que Magnetto piense diferente. Pero para el matrimonio ideológico de Cristina y Víctor Hugo Morales, el gobernador se abrazó con el diablo mafioso responsable de todas las calamidades nacionales. Todavía huele a azufre, diría Hugo Chávez, el autoritario ídolo de ambos.

El seminario organizado por Clarín llamado “Democracia y desarrollo” coincide en sus conceptos con lo que Daniel Scioli plantea hacia el futuro. “Soy el más confiable y más experimentado para avanzar en la etapa del desarrollo, que es lo que se viene”, dijo rodeado de Miguel Bein y Mario Blejer, quienes serán los estrategas económicos si Scioli llega a sentarse en el sillón de Rivadavia. Ambos son críticos de la gestión de Cristina, pero no tanto. Y rescatan mucho de lo que hizo Roberto Lavagna en el último duhaldismo y el primer kirchnerismo. Representan lo que el gobernador quiere instalar como consigna: “Continuidad con cambios”. ¿Lo conseguirá? No es fácil.

Aquel día del abrazo no fue en el infierno. Fue en el Malba y en un contexto donde salvo Scioli y el empresario Hugo Sigman, casi no hubo oficialistas. Participaron cuatro presidenciables: Sergio Massa, que esperó que se fuera Daniel Scioli para entrar y repetir el saludo, Ernesto Sanz quien fue uno de los expositores, y Hermes Binner. El quinto de ese grupo selecto, Mauricio Macri, estaba de viaje en el interior y fue representado por Horacio Rodríguez Larreta. Esos apellidos potenciaron el enojo de Cristina. La radio AM 750 y Tiempo Argentino la supieron expresar. La radio de Aliverti y del gremio de los encargados le preguntó a Hermes Binner si no sabía que “Magnetto está en abierta guerra con el Gobierno”. Astuto, el socialista le recomendó al periodista que hiciera la denuncia a la Justicia. Y el diario de Szpolski recordó que la concurrencia al Malba se sumó a la estrategia de Magnetto de “comprar impunidad a futuro porque está sospechado de delitos de lesa humanidad como la apropiación de Papel Prensa”.

En el plano empresarial la cuestión tuvo la misma envergadura, por la presencia de varios de los más poderosos de la Argentina. Empezando por Luis Pagani de Arcor quien últimamente se había corrido de la exposición pública o la de Luis Betnaza (Techint), Miguel Acevedo (Aceitera General Deheza), Enrique Cristofani (Banco Santander Río) y Gabriel Martino (HSBC), entre otros, como el vicepresidente de la UIA y hermano del gobernador de Salta, José Urtubey, y los cinco jinetes del apocalipsis de la oligarquía destituyente: Etchevehere (SRA), Ferrero (CRA), Garetto (Coninagro), Buzzi (FAA) y Gerónimo Venegas (Uatre).

Un consultor comentó con avaricia: “Esto es un síntoma claro del fin de ciclo”. Es que apenas seis meses antes muchos de los que participaron no se hubieran atrevido a mostrarse públicamente con Magnetto, José Antonio Aranda, Lucio Pagliaro o Marcela Noble Herrera. Temían las represalias de Cristina y sus muchachos. Los ataques hacia los presentes ya comenzaron y van a seguir. Pero duelen mucho menos. La ausencia de herencia política y la crisis económica le quitaron capacidad de daño al Gobierno. Pasa lo mismo en la Justicia. Tienen a José María Campagnoli contra las cuerdas. Todos los días los paraperiodistas subsidiados por todos los argentinos operan contra Ariel Lijo, y sin embargo, el mismísimo papa Francisco salió a respaldar a ambos pese a que también son como el diablo, pero de los tribunales.

Los tiempos electorales se acelerarán cuando Argentina finalice su participación en el Mundial de Fútbol. Si sale campeón eso producirá humo y una semana más de euforia. Pero si los muchachos de Sabella regresan antes, se potenciará el malhumor que abrirá las puertas a la discusión sobre candidaturas. ¿Qué hará Cristina al respecto?

Está atrapada sin salida. Su candidato del alma, Axel Kicillof, por ahora no acusa peso en la balanza. Pero le serviría para conservar el relato heroico ficticio y cohesionar a diputados y a militantes para comandar la oposición. Nadie cree que quiera jugar su única carta competitiva que es la de Daniel Scioli. ¿Pero qué hacer, entonces, para no favorecerlo? Si Scioli gana las PASO ante Randazzo, Urribarri o Kicillof, se fortalece. Si lo expulsan del Frente para la Victoria, lo victimizan. No está claro cuál será el camino electoral del cristinismo. Porque fuera de los defensores del modelo está sólido en el primer lugar Sergio Massa (menos para Poliarquía que lo da segundo) y vienen creciendo tanto Mauricio Macri como el espacio UNEN que cada día estudian desde el radicalismo y Elisa Carrió con más detenimiento una oferta del PRO que los llevaría a ambos a ganar las gobernaciones de una decena de provincias en el peor de los casos. Eso fracturaría el Frente Amplio que perdería su ala izquierda. Por ahora son especulaciones y posibles reacomodamientos más pragmáticos y territoriales que ideológicos.

De todas maneras hay muchos prejuicios y dogmas que se seguirán cayendo. Un cronista experimentado cuando vio el abrazo entre Magnetto y Scioli dijo que era una foto no publicada insuperable como noticia. Pero al instante cambió. Señaló otro abrazo del CEO del Grupo Clarín y dijo: “Esto es más increíble todavía”. Era Humberto Tumini que palmeaba a Magnetto. El conductor de Libres del Sur integró el estado mayor del Ejército Revolucionario del Pueblo en los 70. Y lo pagó con años de cárcel y torturas. Ese encuentro también era impensado en otra época, aunque ambos hayan tenido sus etapas de aliados de Néstor Kirchner. Esta vez los unió la oposición a la Presidenta. Cristina lo hizo.



Alfredo Leuco