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Cuando escucho la palabra 'cultura'

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Todos conocemos esa famosa frase de Joseph Goebbels que dice: “Cuando oigo la palabra ‘cultura’ saco el revólver”. Sin considerarme más fascista que muchos e incluso considerándome mucho menos fascista que varios, a veces no puedo evitar repetir la frase con alguna pequeña variante, algo del estilo “Cuando oigo la palabra ‘cultura’ saco la billetera”.

Lo cierto es que estamos habituados a atribuirle a esa frase un contenido que, en tanto que generalizado, me lleva a dudar de él. A lo mejor Goebbels quiso decir otra cosa. Cambiemos el razonamiento. Es sabido que normalmente la palabra “ética” sale de las bocas de los menos éticos. Lo mismo para la palabra “corrupción” y la palabra “libertad” y tantas otras. Hay un libro de Georges Bataille que se llama La parte maldita. Allí en determinado momento habla de una tribu salvaje en Africa en cuyo lenguaje no existe la palabra “libertad”. ¿Saben por qué? Porque eran libres. Creo que la palabra “cultura” sale siempre de las bocas de la gente más bruta, ignorante, estúpida y peligrosa. Yo, que soy un pacifista convencido, y que además soy inteligentísimo, no la pronuncio nunca. Pero hay más.

Suele considerarse la cultura como algo débil, raquítico, que necesita ser protegido, arropado, custodiado, subvencionado y promovido. Tengo la impresión de que eso de debe a una falencia del lenguaje, que llama por el nombre equivocado a lo que necesitaría de un nombre propio, suyo, único. A lo mejor hay algo débil y raquítico por ahí, pero no es la cultura, que es indestructible y es capaz de sobrevivir a las peores hecatombes. Como las cucarachas, dicen, que cuando todo haya terminado van a seguir deambulando en la noche, solas, y que al parecer están aquí, entre nosotros, desde antes de que aparecieran los dinosaurios. A la cultura no se la destruye.

Así que voy a destilar mi propia variante de la célebre frase de Goebbels. Me parece muy exagerado sacar una pistola al oír la palabra “cultura”. Yo aconsejo no sacar nada, pero si alguien pronuncia la palabra “cultura” recomiendo empezar a correr en sentido contrario y esconderse en un garage, si hay uno cerca. O en un establo, si se está en el campo. Por eso es importante correr: muchas cosas se solucionan corriendo. Casi todas las cosas se solucionan corriendo.

Todavía hay quienes consideran que el consumo de lo bello y lo bueno hace a la gente más buena y más bella. Esa es una idea que al parecer materializó un tal Matthew Arnold allá por fines del siglo XIX, cuando no había pruebas suficientes de que eso era una estupidez. Hoy sabemos que los soldados de las SS quemaban cadáveres oyendo a Wagner e iban a la ópera en sus días de licencia. El conocimiento de lo bueno y lo bello no civiliza, no nos hace mejores personas.

Hay un libro de Andrew Vachss llamado Nacido bajo el signo del mal. Malo o bueno se nace, nos dice Vachss. Y lo mínimo que podemos pedirles a los malos es que controlen el mal. Yo, por ejemplo, controlo mi maldad escribiendo acá. Ya ven, empecé esta columna citando a un demonio y la terminé citando a un santo.



Guillermo Piro