COLUMNISTAS IRAN

Cuando gobierna Dios

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Teherán, fines de 1978. Multitudes enardecidas exigían la vuelta del ayatolá Jomeini, la destrucción de Israel y la muerte de todos los occidentales. Me pareció peligroso esperar ocho días para volver a la India, pedí al encargado del hotel que me ayudara a salir del país en cualquier dirección y me consiguió un cupo para ir a Roma esa misma noche. Cuando nos despedimos, dijo “no se quede en Roma, está cerca de El Andaluz y en tres meses lo habremos tomado. Llega el tiempo de los justos”. Poco después, el 97% de los iraníes aprobó una Constitución cuyo artículo segundo dice “Dios ejerce en Irán una soberanía absoluta y preside la elaboración de las leyes”. Lo hace a través del imán Jamenei, que gobierna en diálogo con el Mahdi oculto.

Los chiítas creen que el Mahdi oculto volverá pronto, en medio del caos, acompañado de Jesús, que, convertido al Islam, exhortará a los no musulmanes a escoger entre seguir al Mahdi o la muerte. A su llegada los justos matarán a todos los infieles, empezando por los judíos. El profeta Al-Shaykh Al-Mufid dijo en 1409: “Cuando vuelva, el Mahdi luchará contra los judíos y los matará a todos. Incluso, si un judío se escondiera detrás de una roca, la roca hablará diciendo: ‘¡Oh, musulmán! Un judío se esconde detrás de mí. Mátalo!’”. El Mahdi oculto se llama Muhammad Ibn Hasan Ali, nació en Samara en 869, hijo del undécimo imán legítimo, asesinado cuando el Mahdi tenía cinco años. Alá designó al duodécimo imán el último de la historia y le ordenó ocultarse hasta el juicio final. El Mahdi gobernó setenta años a través de cuatro colaboradores. Cuando murieron, se ocultó y en estos 1140 años se ha comunicado sólo con chiitas excepcionales, como el ayatolá Jamenei, actual líder de Irán.
Los expertos religiosos creyeron que la Primavera Arabe y la renuncia de Benedicto XVI cumplían con las profecías de Al-Shaykh Al-Mufid sobre el fin de los tiempos. El 14 de septiembre de 2012 Jamenei proclamó que “los soldados del duodécimo imán deben prepararse para ir a la guerra y ayudar al triunfo de la civilización islámica en el mundo”, y ordenó que circulara el folleto “Los últimos seis meses”, instando a los creyentes a prepararse para la inminente guerra final.

Esta semana asumió un nuevo presidente, que está por debajo de Dios, el Mahdi oculto y el imán viviente, quienes gobiernan directamente. En las elecciones de 2013 participó el 72,7% del electorado, no hubo incidentes ni sospechas de fraude y votaron 36 millones de personas. Al iniciarse el proceso se presentaron 686 candidatos, todos chiitas que juraban lealtad a Jamenei. En esta democracia es impensable que una persona con ideas distintas a las del imán tenga derechos políticos. El Consejo de Guardianes de la Revolución, integrado por 12 teólogos, calificó a los ocho candidatos más ortodoxos y proscribió las otras 678 candidaturas. En una teocracia, aunque juegue con urnas, el Poder Judicial, la prensa y el congreso obedecen al imán. Todo es controlado por Dios. Ningún opositor tiene acceso a los medios de comunicación, ni oportunidad de hacer una campaña competitiva. Hassan Rohani, el nuevo presidente, nació en 1948, a los 13 años ingresó en un seminario y luego se trasladó a Quom, sede de los principales seminarios chiitas. En 1977 fue el primer clérigo que proclamó imán a Jomeini, dos años antes de la revolución.

Algunos occidentales dicen que en Irán hay unos pocos extremistas que creen en locuras y que la mayoría son islámicos buenos, inteligentes, democráticos, con valores cristianos. Es un disparate. Los chiitas creen en el Mahdi como los católicos creen en la transubstanciación. Persia es una de las civilizaciones más antiguas y sofisticadas de la humanidad, a la que no podemos comprender con moldes occidentales. Irán no es una democracia, sus habitantes creen que deben desatar una guerra para preparar el Juicio Final y que eso ocurrirá en los próximos meses.

*Profesor de la George Washington University.



Jaime Duran Barba