COLUMNISTAS ECONOMISTA DE LA SEMANA

Cuando la política no quiere, no entiende o no puede

El gobierno del presidente Macri enfrenta el desafío de resolver fuertes desequilibrios macro sin que una crisis le haya hecho antes la parte más ardua del trabajo.

EN CAMPAÑA. La estrategia hasta las elecciones exacerba los desafíos del después.
EN CAMPAÑA. La estrategia hasta las elecciones exacerba los desafíos del después. Foto:CEDOC PERFIL

Desde que la Argentina es Argentina, nuestro país ha atravesado veintisiete crisis económicas, un promedio de una crisis cada unos siete años. Si tomamos los años en los que el PBI sufrió una caída, la frecuencia se eleva a un año de caída cada tres años. La intensidad de las crisis fue incrementándose con los años, después del Rodrigazo, vinieron las dos hiperinflaciones y por entonces parecía que nada podría ser peor que aquello. Pero la crisis del 2002 se salió del molde estableciendo un estándar de crisis muy alto. A tal punto es así que no llamamos crisis o cuesta catalogar como tal lo que viene pasando en los últimos años.

Seis años de estancamiento del PBI, un tercio de la población en la pobreza, y diez años con inflación de dos dígitos en Argentina no alcanzan para hablar de crisis. En casi cualquier pais del mundo se hablaría de crisis y hasta de crisis profunda. Algunos se animan a catalogarla como "crisis asintomática". Pero los síntomas de que la macro requería cirugía mayor (y no solo de sintonía fina) estaban todos ahi. Claro, esta vez no hubo el tipo de corrección descontrolada de episodios previos. No hubo hiperinflacion, ni corrida ni crisis bancaria, ni default (todavía no habíamos salido del último).

Las crisis son la manifestación de desequilibrios macroeconómicos que no son resueltos a tiempo; y son el mecanismo a través del cual se "licuan" esos desequilibrios, toda vez que la política no sabe, no quiere o no puede resolverlos.

La trayectoria del Producto Bruto de Argentina está lleno de “V” cortas: fuertes caídas seguidas de rápidas recuperaciones. Las caídas coinciden con crisis que perduran en la memoria: Rodrigazo, Crisis de la Deuda y Malvinas, las dos Hiperinflaciones, el Tequila y la crisis de 2002. Tales crisis fueron una suerte de borrón y cuenta nueva. La macro arrancaba después de la mayoría de ellas sin déficit fiscal o con un déficit sustancialmente menor, con un balance del BCRA saneado, con menos inflación y con un tipo de cambio competitivo (muchas veces con un fuerte overshooting, sobre-depreciación cambiaria). Tales condiciones viabilizaban el crecimiento del producto y en muchos casos coincidían con el arranque de un nuevo gobierno.

La ausencia de "una crisis a la argentina" en los últimos años de la Administración Kirchner no permitió licuar como, en esas otras oportunidades históricas, la herencia macro de quince años de pésima política económica.

Al mismo tiempo, al no percibirse que la Argentina atravesaba una crisis, una gran cantidad de políticos y analistas políticos y económicos coincidieron en que no se podía hacer un cambio de régimen económico o una corrección macro más fuerte. Según esta interpretación, compartida y avalada luego por la estrategia del actual gobierno, la sociedad no percibía la gravedad de la situación y no había espacio para un ajuste proactivo más fuerte (ya que habría lucido injustificado).

El gobierno del presidente Macri enfrenta entonces el desafío de resolver fuertes desequilibrios macro sin que una crisis le haya hecho antes la parte más ardua del trabajo y, para hacer las cosas más difíciles, con una opinión publica que no percibe o prefiere ignorar la necesidad de hacerlo.

Varios funcionarios del gobierno han tratado de poner bien en claro, y el consenso es amplio en la materia, que no habrá cambios significativos de política económica de aquí hasta las elecciones. Sin embargo, muchos dejan la puerta abierta de que podría haberlos luego de ellas. En efecto, desde hace un par de meses se viene especulando que de mediar un triunfo electoral del oficialismo se encararían las correcciones macroeconómicas pendientes. Una especulación que cada tanto se ve alentada desde lo más alto de la Administración.

Ahora bien, por qué sería posible hacer después de octubre de 2017 lo que no se hizo en diciembre de 2015? Acaso ahora sí la sociedad estará preparada para aceptar remedios fuertes con efectos colaterales no triviales? Si no fue posible llevar adelante un programa de cambio de régimen económico, que hoy ya tendría casi dos años de implementación, porque la opinión pública no lo permitía, hubo alguna modificación o habrá alguna más adelante que ahora sí lo haría posible? Y qué podría pasar si tal cambio de política económica no se produce?

Los desequilibrios macro no atendidos a tiempo tienen consecuencias gravosas. Debería alcanzar con mirar el desempeño (absoluto y relativo) de la Argentina de los últimos 70 años para que no queden dudas de ello. También debería estar bastante claro, después de muchos años de asistencialismo, que no hay política social capaz de tapar los agujeros provocados por malas políticas económicas. Es probable que la situación económica siga mejorando en términos de actividad e inflación, aún cuando las políticas sigan siendo las mismas. Pero la vulnerabilidad es alta y la inercia no alcanza ni para resolver la macro ni para garantizar que esos resultados puedan mantenerse indefinidamente.