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¿Cuántos Papas es Francisco?

Por Esteban Peicovich | No es fácil definirlo a Francisco embretado como está en su destino bipolar.

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Foto:AFP

Me sorprende que el Papa desde hace un tiempo se muestre como “guardado”, algo distante de nosotros. ¿Temerá se avecine una nueva ofensiva pegajosa de Tinelli? ¿Le inquieta la polvareda que alzará la visita preelectoral de Cristina? Puede que no, puede que solo esté pensando en nuestro pecado original: no saber querernos. Cierto es que el magnicidio de enero 2015 sucedió cuando Francisco encaraba su aventura en Filipinas. Pero Papa Locutor que gusta ser de tan variados temas a ése lo evitó. Cuando en Manila un cronista italiano lo buscó:

-Yo rezo. Yo rezo. Yo rezo.- pecó absteniéndose.

Y volviendo su cabeza, apuró el paso y se ocultó en la ostra papal. Todavía hoy sigue sin soltar opinión (de aceite o de vinagre) sobre nuestro último crimen social.

Quien es nuestro argentino más mundial (Messi también lo es, pero en formato monaguillo) desayuna como cualquier mortal. Mientras lo hace, su asistente le desgrana títulos de tapa y las citas que se agolpan en su agenda. No es cómodo ser Papa. Es el cristiano a quien Dios más le exige. Es el cristiano a quien los cristianos más le piden. Y por lo que se ve hasta ahora Francisco se mata por ir cumpliéndole a todos.

Pero todavía no ha dicho nada sobre Nisman.

Es mayo florido en Roma y Francisco ahora prueba la sagrada miel que le traen de Castel Gandolfo. Hunde la punta del croissant en el pico espumante del capuchino y piensa en Buenos Aires. “Allá todavía es de noche” murmura. Toma otra medialuna, “algo” lo detiene en la palabra “medialuna” y comenta:

-Hasta en el desayuno está el Islam.

Y sonríen.

De no ser por la chilaba cuasi "blanca y radiante" que lo viste, uno podría suponerlo un ingeniero, un diputado o un productor de chinchillas. Pero el hábito hace al Papa. Desciende de pescador. Lleva el anillo de Pedro. Antes de tanta grandeza, conoció la chiqueza del trabajo común. ¡Hasta patovica fue! Un tuttifuori, sí (sic).

Ahora camina hacia la Sala Consistorial en la que aguarda con nudo en la garganta una delegación de monjitas voluntarias llegadas de México. Al ingresar, lo precede un joven con tres Nikon colgadas del cuello. Goza del privilegio heredado de abuelo y padre. Ser Fotógrafo Papal no es poca cosa. En estos sitios, nada es “poca cosa”, empezando por los Tesoros Vaticanos. A los flashes se suma la luz de los spots que coronan las altas puertas de la Sala. El bisbiseo de las monjitas recuerda un mariposario. Para una novata, ver en persona a un Papa es como imaginar a Dios. La ceremonia es emotiva y breve. Y algo posmo, “al estilo Francisco”.

Nada que ver con las bizarras ceremonias de altri tempi. Si bien la Iglesia evita el tema, en el siglo IX se habría estado a punto de elegir una papisa solapada pero la intrusa tuvo unos vómitos a destiempo y la trama falló. No es invento de Rial. La mismísima tía Google ilustra el caso con grabado del asiento papal (sedia stercoraria) que se diseñó mas tarde para evitar pudiese llegar a pasar tamaña cosa. Con preciso agujero en el centro del asiento que permitía verificar si el sexo del papabile elegido era el de un varón. Un joven diácono, mediante palpado testicular (sic) asumía la función de asegurar la masculinidad del nuevo pontífice. Cumplido el acto decía “testículos habet”, esto es “tiene testículos” o de modo aun más elocuente “habet duos testiculos et bene pendentes” (“tiene dos testículos y cuelgan bien”). Tras lo cual dábase inicio a la liturgia de la coronación.

“Cosas veredes, Sancho”, decía el Quijote. Y sí. Y hasta en la misma Iglesia. Claro que un Papa de hoy no pasa por estos trances. Lo más molesto que debe tolerar son las pulsiones verbales de Moreno, la cháchara de Vera o el “humilde” lagrimeo epistolar de Leuco.

A quien vi pasar un sofocón insólito fue al Papa Wojtyla el 24 de mayo de 1979 cuando en la misma Sala de Visitas recibió a las selecciones de fútbol de Argentina e Italia que jugarían al día siguiente en el Olímpico de Roma. El acto terminó con Menotti y Bearzot discutiendo a viva voz ¡a tres metros del Papa! cuántos suplentes pondrían. Pero aún faltaba algo. El Papa polaco accedió a una foto con ambos capitanes y no tuvo mejor idea que mirar a su derecha y preguntarle a Tardelli quién ganaría. El jugador no acabó de responder “L´Italia” cuando ya el dedo índice de Daniel Pasarella (a su izquierda) se dirigió (tras la espalda del Pontífice) hacia el hombro derecho papal golpeando con rudeza. Algo picado y echando el cuerpo atrás Wojtyla miró sorprendido a Daniel quien, como si estuviera en un boliche, retrucó ansioso: “Noi, due a uno”. Por un instante, 2000 años de la Iglesia se licuaban en el absurdo convertidos en un signo de interrogación.

Como lo cuento fue. Me encontraba a un metro de los tres. César y Daniel pueden dar fe.

Pero esto no es nada. Esto humaniza. Alegra. Los temas de la religión son otros. Cuantas más diabluras hacen los hombres más le cuesta a la corporación de dioses liderar encuestas y actualizar su fabulario. Recientes 80 mil rastreos en 80 países muestran que decaen en India, Europa católica y protestante, que suben algo en Latinoamérica y Japón, y que poco se sabe de los países islámicos pues sólo preguntarlo es un acto suicida o de guerra. Inescrutable asunto. Hasta no hace mucho, la puja grafitera posmoderna se reducía a dos frases que porfiaban por la verdad: “Dios ha muerto” (Nietszche) y la réplica, “Nietszche ha muerto” (Dios). Eran “altri tempi”. Los alemanes de hoy ¡los alemanes! cerraron 340 templos y van perdiendo 35 mil fieles por año. Francisco lo sabe (los datos se los tiene que haber pasado su asistente).

Cuantos más milagros de la ciencia remozan lo cotidiano más despistadas se muestran las iglesias que disputan el mercado de la fe. De seguir así, resulta difícil imaginar que lleguen a existir Santos Tecnos o Papas Biónicos. Cuanto mayor es el desarrollo social de un país menos fieles registra la creciente demografía del siglo. Una tendencia mundial en la que sólo destaca una notabilísima excepción: los Estados Unidos.

Y también esto lo sabe Francisco. Pero “Francisco lo sabe” es un modo de decir (minimalista) que no aclara nada. Porque… ¿Lo sabe como Papa o lo sabe como Francisco? diría Borges. No es fácil definirlo a Francisco embretado como está en su destino bipolar. Por un lado, su yo mundial se afina a diario tras el propósito de reunificar todas las iglesias. Por el otro, su yo argentino en colaborar a que el Arca de la Constitución resista hasta octubre (y también despues de octubre). Su yo individual aprueba darle un puñetazo a quien insulte a nuestra madre, mientras que su yo religado desaprueba que se insulte a la religión “madre” de quien sea.

¿Cuántos Papas es Francisco?

 

(*) Especial para Perfil.com



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