COLUMNISTAS PERDONES

Cuenta regresiva

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Yo también llevo la cuenta regresiva. Me aburren los llantitos encadenados, el aparato propagandístico previsible no sólo en sus contenidos sino también en sus tonos, el rosario de anuncios que la realidad desmiente (“Hora pico sin camiones” duró un día y después los reyes del asfalto volvieron a circular por los carriles centrales de las autopistas provocando ataques de nervios; los planes de vivienda, si hubieran sido finalizados, tendrían que haber por lo menos descomprimido la situación de las villas miseria; si el dólar no aumentara como aumenta, yo no estaría contando las monedas para ver si me puedo tomar una cerveza en esta playa en la que estoy, esperando el comienzo de un congreso internacional al que fui invitado; y si las jubilaciones fueran tan suculentas como nos dicen, no tendríamos que mantener a nuestras madres).

Pero sobre todo me preocupan la multiplicación de la miseria, la imposibilidad para revertir las escisiones que el peronismo de derecha de los años 90 provocó entre nosotros, el desasosiego creciente, el abaratamiento de la vida, la solución retórica de los problemas del transporte, la educación, la alimentación, la salud, la deuda externa.

En fin, me aburren y me preocupan las acciones de un gobierno que siempre dijo tener un modelo, o un plan estratégico, pero que en realidad fue reaccionando a los avatares de la realidad (con mejor o con peor suerte) y que, pasados los años, nos devolvió a un punto de partida, eso que se llama “crisis” y que es una configuración económico-político-cultural de la que nunca terminamos de salir del todo y que tampoco nos condujo a umbrales de transformación y de liberación de energía de vida.

Me aburren el pragmatismo y la falta de imaginación, pero no especialmente de quienes nos gobiernan sino de aquellos que aplauden sin misericordia cualquier cosa que se diga en la televisión pública, en las cadenas nacionales, en los decretos de necesidad y urgencia y en las resoluciones de los ministerios.

Me cansa seguir el mismo camino durante mucho tiempo. Y aunque mis amigos me aseguren que cualquier cosa que venga será peor (algo de lo que yo mismo estoy bastante convencido), el solo hecho de que tengamos que ponernos a pensar de nuevo qué posiciones tomar ante tal o cual asunto me parece auspicioso. Mientras tanto, que Dios me perdone, veo si me puedo escapar del chiringuito de Copacabana sin pagar la cerveza.



Daniel Link