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Daniel y Sergio, unidos por el espanto

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Se entiende el posible acercamiento entre los que son, por ahora y según las encuestas, los dos candidatos con mayores chances de suceder a Cristina el año próximo. Un mar de intereses contrapuestos los separa. Pero un río de preocupaciones los acerca. La principal, que por primera vez desde el retorno democrático la economía le estalle en las manos a un gobierno peronista. Y, atada a ella, la idea que intentan instalar el Pro y el panradicalismo de que el verdadero problema argentino es el peronismo.

Un ex ministro, un empresario y un banquero muy conocidos han llevado y traído reservados mensajes conciliatorios entre Scioli y Massa. Entre los temas, muchos de ellos propios de la frondosa literatura política, estaría incluida la posibilidad de un acuerdo para que ambos diriman en internas abiertas el orden de una fórmula compartida. ¿Dos bonaerenses? “Los dos tienen imagen nacional”, contragolpea un allegado bifronte. ¿No habría que reformar la ley electoral? “El Pro, la UCR y los socialistas apoyarían; a ellos también les conviene para definir sus candidaturas”. Acaso estas especulaciones ajenas y subterráneas sean un homenaje a Cortázar.

Pero en público, cada uno sigue fiel a su libreto.

Scioli se armó un show relámpago en Nueva York para mostrarse, otra vez, como la cara racional y dialoguista del actual modelo. Importó menos el auditorio convocado por una reconocida broker de contactos en EE.UU. (la mayoría de los presentes tiene representantes en la Argentina) que la difusión de su rol de estadista acrítico. “No esperábamos otra cosa”, deslizó uno de los presentes, antes de que el gobernador volara a Miami, donde repartió gorras naranjas con la inscripción “Scioli 2015”. Hay fotos.

Igual, el kirchnerismo duro lo sigue despreciando, lo que no necesariamente le juega en contra, vista la última década de su carrera. “No es ni nuestro Plan B”, sentencia un funcionario pingüino de peso. Sin embargo, se vislumbran riesgos mayores: podrían no arrancar las clases en la Provincia por el reclamo paritario docente. Primera escala de un 2014 arduo en el capítulo de la conflictividad social.

Alivio para Massa, que no gobierna. Sin sentarse en su banca de diputado (en todo el verano no hubo sesiones en el Congreso), tiene tiempo y energía para tejer. Antes de la foto del viernes con Riquelme, en Tigre, se retrató con su más controvertida incorporación. El pase de Raúl Othacehé no sólo habla del habitual saltimbanquismo del intendente más siniestro del Conurbano, con tal de mantener el poder. Sobre todo expresa que en pos de sus objetivos, Massa parece dispuesto a todo. “Ustedes lo ven como algo negativo. Pero la gente lo va a leer como ‘qué grosso este tipo, le sacó otro intendente a los K’”, explicó un miembro del equipo tigrense.

Por semejante novedad, algunos rostros que compraron –o intentaron vender– el concepto “renovador” del frente massista, juntaron las cejas como muestra de incomodidad. No será la última, en esta afiebrada carrera por la sucesión.



Javier Calvo