COLUMNISTAS OPINION

De Balbo a Carrió

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La complejidad social se representa en espacios, se explica en espacios, y los actores que juegan a la sociedad se explican a sí mismos en estos territorios imaginarios. Emanuel Balbo es golpeado por ser explicado como ajeno a ese territorio de tribuna, golpeado hasta ser lanzado como forma de expulsión de un espacio al que supuestamente no debería pertenecer. En la misma semana, Elisa Carrió se cuenta expulsada por Cambiemos de la provincia de Buenos Aires y se somete al ejercicio de la inclusión y exclusión en el que todos debemos participar. Con más o menos recursos simbólicos, el modo en que se ejecuta el orden social se organiza entre incluidos y excluidos en los espacios en que tratamos de circular.

Según el modo en que Carrió describe sus intervenciones, su brutalidad expresiva incluiría todo sin excluir nada. Antes que todo el resto del universo ya hablaba de corrupción kirchnerista, cuando nadie del Gobierno comenta se lanza contra Lorenzetti, se expresa sobre Ritondo e insiste sobre Angelici. La supuesta imposibilidad de controlarla sería su no límite, el no dejar nada afuera. Pero cuando Carrió juega a estar por encima de la articulación social, es decir que su “ser” podría enfrentarse al modo en que se organiza la interacción social, la sociedad misma la lanza de su tribuna simbólica y le recuerda que no es un ser supraterrenal y que sobre ella rige también el estar incluida o excluida de espacios.
El episodio de la tribuna de Belgrano tiene el carácter terrible de su brutalidad. Balbo es golpeado por una serie de sujetos en masa en donde el concepto de individuo no tiene espacio. Sólo Balbo es señalado por esa masa de hinchas como individuo, pero en carácter de ajeno a la homogeneidad de hinchas; es decir que Balbo allí asume el rol de “diferencia”. Para los incluidos todo, para los externos el exterminio. Balbo ya casi muerto en la tribuna y sin sus zapatillas robadas de sus pies, no merece más que la observación del proceso de su deceso. Desde la tribuna salvaje hasta la organización profesional de los partidos políticos se juega necesariamente a la expulsión de los ajenos.

El eslogan de “unir a los argentinos” vive en una fórmula antigua de ilusión social inalcanzable. Las sociedades modernas están basadas no en la unidad, sino en lo contrario, en la diferencia. La aceptación de formatos familiares novedosos para la tradición, con personas del mismo sexo adoptando o teniendo hijos, identidades de género o hasta los tipos de indumentaria, son ejemplos de que la sociedad avanza hacia un proceso de mayor complejidad interna. Estos son considerados logros cuando son aceptados en su condición de diversidad y no anulados por ser diversos a lo establecido. Para la meta de unir a los argentinos el punto de arranque es la diferencia que debe ser anulada y no la aceptación de las diferencias, descripta con el nombre genérico de “grieta”, y es allí donde aparece el secreto de los problemas. Se une a los incluidos y se trabaja para eliminar a los ajenos.

En el peronismo entra de todo y ha entrado de todo. En la identidad peronista se han reconocido militares, sacerdotes de derecha e izquierda, nacionalistas de izquierda y de derecha, sindicalistas, empresarios, movimientos vinculados a la lucha del colectivo LGBT, guerrilleros y periodistas, en una lista que juega a ser eterna. Si bien nunca lo hacen todos al mismo tiempo, porque entre ellos también se expulsan, hay allí alguna suerte de aceptación de la variedad con la que el partido debe lidiar. Esto en Cambiemos no queda del todo claro. La ingeniería electoral que diagrama el Gobierno se basa en la unidad rígida y controlada de todas sus partes, no en la variedad y la diferencia. Casi como una tribuna homogénea, se requiere de candidatos que canten todas las canciones, gusten o no gusten. Si Carrió no puede someterse a ese control, debe ser arrojada hacia el exterior. Desde la tribuna de Belgrano hasta los armados electorales modernos, comprendemos como todo, una y otra vez, se organiza entre estar incluido o excluido.

Tal vez modernos en lo económico, porque su modelo intenta insertarse en la variedad económica mundial, se muestran tradicionales en la variedad interna del partido. Justamente contra lo que luchaba el radicalismo hace muchos años, hasta que se metió en la tribuna de Macri. Ahora, a cantar como si fueran hinchas… ¡Canten, viejo!

*Sociólogo. Director de Quiddity Argentina.