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De Carrió a Melconian

Cuando la coyuntura lo permite, en general en una pausa, inesperadamente, Carlos Melconián, el presidente del Banco Nación, sale a la cancha, como un Lilita Carrió de la economía.

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Cuando la coyuntura lo permite, en general en una pausa, inesperadamente, Carlos Melconián, el presidente del Banco Nación, sale a la cancha, como un Lilita Carrió de la economía. Cual Mascherano como última línea, barre el gradualismo y frena en seco cualquier ilusión de mejoría por el camino actual. Con acceso directo al presidente Mauricio Macri, de su confianza íntima, como lo señaló la semana pasada en un foro público, Melconian viene llamando la atención y convirtiéndose en el fiscal de lo fiscal del Gobierno, pero sobre todo de la estrategia  gradual diseñada en la Jefatura de Gabinete.

La semana pasada volvió a tocarle al presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, a cuya flamante política crediticia hipotecaria le dedicó párrafos en un seminario sobre mercado inmobiliario. “No creo en la UVI (Unidad de Vivienda) y se lo dije al Presidente. Creo en la libertad de elegir”, dijo Melconian. También le dirigió dardos al blanqueo.

Un breve desvío técnico. El economista Martín Grandes, que viene estudiando la evolución de los créditos UVI y de la solución del Banco, “Nación tu casa”, explica que las dos líneas persiguen y favorecen a públicos diferentes.

Por ejemplo, el Nación exige ingresos familiares más altos, que pueden llegar a duplicar el del sistema creado por el Central. Aunque hubo una reforma reciente, el valor máximo de la vivienda del Nación es inferior al que permite el de las UVI. Según Grandes, la tasa de interés es “real” en el sistema de Sturzenegger, pero nominal con el de Melconian. Si la inflación llega a cero en cinco años, se continúa pagando 17,35% en el Nación y 5,26% en bancos con UVI. En la transición en este último, la cuota se indexa con el CER y en el Nación, con una tasa constante aunque real negativa hasta que la inflación descienda del 17,35% anual.

En el de Sturzenegger, por otra parte, la cuota no puede superar el 25% del ingreso neto familiar, mientras que en el de Melconian, el 30%.

Por las UVI, la cuota se indexa con CER desde que se obtiene, pero a favor del de Melconian, se ajusta a partir del cuarto año con la variación salarial. Pero si la inflación sube 10% más que los salarios según CVS (coeficiente de variación salarial)  el banco debe refinanciar estirando el plazo hasta 25% en términos de tiempo para que la cuota no supere el 25% del ingreso.

Lo notable es que entre 2003 y 2016, en promedio el CER iguala o sigue muy cerca al CVS.

Hasta ahí, una cuestión de debate operativo sobre la oferta y sobre la evolución de la inflación, que a juicio de Melconian no se presenta tan allanada en su cuesta abajo como pretende el Gobierno.

En baja. La semana que pasó mostró al Banco Central retomando la senda de bajas de tasas de interés, en 0,25 punto, debajo de la tasa psicológica de 30%. Justo en el mismo momento en que el Gobierno recalculaba para enfrentar el berenjenal tarifario que está empantanando las cuentas fiscales y haciendo naufragar todas las metas.

De cara a las elecciones legislativas de 2017, como analiza el economista Dante Sica, el Gobierno pasó de una estrategia de reordenamiento de la macroeconomía  para cosechar rápidamente los beneficios del ajuste en términos de inversiones, a otro que asegure la gobernabilidad. Su expresión es la necesidad de abrir la billetera a las provincias, los sindicatos, las asignaciones por hijo, las obras sociales y los jubilados y a rezar por el éxito del blanqueo. Son unos $ 118.500 millones, el 1,8% del PBI.

Sica afirma que este camino da por seguro una señal  a los inversores de que el esfuerzo económico redituará en política, y que de asegurarse un buen resultado en las legislativas, entonces sí habrá una mayor decisión de equilibrar las cuentas públicas y disciplinar las demandas sectoriales.

Están quienes dudan de que  esa hoja de ruta sea posible, como Melconian. De acá a diez días, tendremos una CGT unificada que declarará, muy probablemente, un paro general en contra de la política económica del Gobierno. Será una nueva cancha donde empezará a jugarse otro tiempo del partido estratégico, el del 2017.