COLUMNISTAS CUENTA REGRESIVA

De dichos, hechos y sueños

El escenario preelectoral, sin cambios. La cuesta abajo que deja CFK será imposible de llevar para un poder solitario.

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Foto:Pablo Temes

La semana, que a mediados se iluminó desde gran altura con la puesta en órbita del satélite argentino Arsat-2, acabó en sombras: más policías federales al conurbano bonaerense por el aumento de la violencia ligada al narco; advertencia del Episcopado sobre la transparencia de las próximas elecciones; las cúpulas de la CGT oficialista y la UOM imputadas en un caso de lavado de dinero durante casi tres décadas; las reservas del Banco Central perdiendo otros 800 millones de dólares; el ex secretario de Transportes Ricardo Jaime (y otros ocho acusados, entre ellos Sergio Cirigliano, ex titular de Trenes de Buenos Aires), “arreglando” con el fiscal Guillermo Marijuan reconocer “algún” recibo de “dádivas” durante su gestión y devolver dos millones de pesos, a cambio de una condena a un año y medio de prisión… en suspenso. Este último asunto quedó en manos del juez Julián Ercolini.
Lo del Arsat es resultado del único sector realmente destacable de la acción de gobierno: ciencia y tecnología. Pero pone al desnudo la diferencia de resultados entre un sector con apoyo económico, proyectos claros, manejado por especialistas –es difícil imaginar a los ñoquis de La Cámpora diseñando satélites– y el resto de los asuntos de Estado.
En suma, una semana como cualquiera, con un festejo tecnológico en medio que la Presidenta no se privó de detallar por cadena nacional, obviando lo demás. El país de siempre; una de cal, de vez en cuando, y diez de arena. Pero en un mes habrá elecciones nacionales y es válido esperanzarse, imaginar que todo cambie. Válido, pero no realista. Las encuestas y pronósticos electorales siguen mostrando un panorama confuso. No está claro si el oficialismo ganará en primera vuelta. Si Massa sube y, en ese caso, a quién le quita votos, a Macri o a Scioli. Si Stolbizer sufrirá el voto “realista”. Si el Frente de Izquierda seguirá ganando terreno. Si hay segunda vuelta y, en ese caso, a quién irán los votos de quienes queden afuera. De ganar la oposición, si tendrá mayoría parlamentaria.
Pero lo que “sale” de cualquier variable es un gobierno enfrentado a problemas graves y urgentes.
De ganar la oposición, será débil en el Congreso y deberá maniobrar con un aparato de Estado invadido por el peronismo, que aún controla la mayoría de los grandes sindicatos. Si el caso es el de un nuevo gobierno peronista, estará dividido internamente, acechado por antiguas y probablemente nuevas denuncias y juicios por corrupción. En materia de economía, obligado a hacer lo contrario de lo que se viene haciendo, o a enfrentar una crisis grave. De modo que no podrá exhibir, como hasta ahora, una política concreta, basada en déficit, emisión y endeudamiento, ante la “masa” que dice representar y favorecer. Con guita cualquiera es vivo, dice un dicho. Sin ella, agarrate Catalina, dice otro.
Así, con Zannini detrás y los camporistas en el Congreso, Scioli tiene todas las fichas para acabar representando el papel del Nicolás Maduro de Cristina Fernández, pero sin la chance de ponerse un pajarito en el sombrero para el “relato”, porque este pajarito está vivo y podría desmentirlo, ya que lo ha puesto allí para que le arregle los entuertos y pague el costo político. Para el caso, también es previsible una oposición fortalecida.
O sea, lo que “sale” es un presidente esencialmente débil, o uno aparentemente fuerte. El primero alegaría que no lo dejan gobernar.
El segundo cargaría con toda la responsabilidad de aplicar remedios a una situación que ha heredado de sí mismo. En cualquier caso, “papita pa’l loro” para la oposición, puesto que los remedios, cualquiera sea el que haya firmado la receta, serán difíciles de digerir para diversos y mayoritarios sectores de la población. Seguiremos girando en círculos (http://e.perfil.com/eternoretorno*).

Soñar, soñar. “Y entonces llegó…” si no “Fidel”, la cordura. Imaginemos, soñemos, una Argentina “año verde”, ya que de dichos estamos... Imaginemos algo que cualquiera podría intentar, pero que, por caso, lo intenta Scioli.
Que gana, y de inmediato convoca a la oposición y le propone compartir un diagnóstico y elaborar un proyecto. Imaginemos que incluso –es un ejemplo– le ofrece a Lavagna, es decir a Massa, el Ministerio de Economía. Idem con Macri, Stolbizer y otros. Que ese gobierno pactado con parte de la oposición aprueba en beneficio de la clase trabajadora una ley de asociaciones profesionales como la que a Alfonsín le costó 11 paros nacionales (posible, porque hoy el sindicalismo y las corporaciones están muy divididos). Que acuerda tomar en cuenta los informes de la Auditoría General de la Nación y solucionar esos graves problemas. Y así con todo lo demás, que es mucho.
En suma, imaginemos que Scioli, en todo este tiempo, lo que hizo fue rumiar. Y que un día, ya ungido presidente, abre la boca y se traga a La Cámpora y al pajarito, acordando con lo más cuerdo y honesto de sus propias filas y de la oposición un programa económico realista de corto, mediano y largo plazo; un gobierno e instituciones de Estado y corporativas adecentadas.
Es mucho soñar, vale. Suponiendo que Scioli tuviese la voluntad, habría que ver si tiene la capacidad. Del lado de la oposición, por lo que se ve y con las excepciones del caso, parece mucho suponer que se pondría a la altura.
Pero un sueño así es realista. En ciudad de México la cifra de homicidios, ya alta, se disparó (El País, 1-10-15). Lo mismo ocurrió en Rosario y en el Gran Buenos Aires, Argentina.
 El papa Francisco ya hizo esa comparación. A los negativos datos económicos internos deben agregarse los internacionales: entre otros, caída de precios de las materias primas, crisis en Brasil y problemas serios en China, hoy por hoy los dos principales socios de Argentina.
Ningún gobierno podrá en solitario con todo eso, por lo que el país tiene todas las chances de seguir cuesta abajo.
Pero soñar no cuesta nada, sea dicho para cerrar con otro dicho.

*Periodista y escritor.



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