COLUMNISTAS

De eso no se habla

A un año de las elecciones, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires tiene algunas deudas pendientes con el espacio público que deberán, sí o sí, ser encaradas por el próximo jefe de gobierno electo. 

Tengo la casi total certeza de que la abrumadora mayoría de ustedes sabe, porque lo ha escuchado y mencionado en tantas ocasiones, que estos editoriales no son la lectura de algo escrito previamente. Sin embargo, hoy debo “confesar “, aunque  no es ningún pecado, que, aun voy a leer nada (nunca lo he hecho a lo largo de tantos años, estos editoriales periodísticos son eso que están escuchando en este momento, una toma de posición en base a algunas ideas que surgen de mi interior), que en este caso me hice un machete, como se decía en la escuela secundaria, una suerte de hoja de ruta para no dejar afuera temas que me interesa comentar.

 Quiero arrancar afirmando que la casi totalidad del periodismo que se hace en la ciudad de Buenos Aire no le está prestando la debida atención a un episodio que habrá de producirse el año que viene y que es trascendente: termina el gobierno de Mauricio Macri. Con su segundo mandato que formalmente expira en diciembre del año que viene, se le abre a PRO –la fuerza política largamente mayoritaria en esta ciudad - la posibilidad de llevar como jefe de Gobierno a otra figura de ese partido. Todo hace suponer que habrá de ser Horacio Rodríguez Larreta el candidato de PRO como Jefe de Gobierno de la Ciudad; o el enigma Gabriela Michetti, que paradójicamente había llegado en 2007 a la vice jefatura de gobierno, pero renunció a pedido de Macri, para convertirse en senadora nacional por PRO. También está el caso de la actual vice jefa, María Eugenia Vidal; también en ese caso PRO ha movido sus fichas y Vidal ha sido puesta a recorrer la provincia de Buenos Aires, como eventual candidata de PRO en el mayor distrito argentino.

Así que, de no mediar nada excepcional, todo parece indicar que en diciembre del año próximo Rodríguez Larreta debería –tras ganar las elecciones, claro– asumir la jefatura de Gobierno. Lo que no está haciendo el periodismo es cubrir de manera seria, rigurosa y responsable, la temática intrínseca de la ciudad. Cada vez que se habla de Macri, o de otros dirigentes políticos, la obsesión periodística es las alianzas, los guiños, el “mostrarse con”, el “sacarse la foto con”, pero todo enderezado, quizás con comprensible apasionamiento, a la decisión nacional: cómo va a  seguir la Argentina cuando terminen los largos doce años de kirchnerismo.

En este caso el aporte que quiero hacer desde Radio Mitre para Rodríguez Larreta, como para Martín Lousteau o cualquiera de las otras figuras que aspiren a llegar a la jefatura de Gobierno, es un listado de cuestiones que me parecen dilemáticas, conflictivas, insatisfactorias, insuficientes, y que van a tener que ser resueltas. Hay que ser franco: el ingeniero Macri, aun cuando le dedica algunas horas a la semana a la Ciudad, está absolutamente sumergido en la campaña nacional. En un punto, es comprensible, pero tiene la sensación de que el apasionamiento y la libido política de Macri ya no están en la Ciudad de Buenos Aires.

En favor de Macri hay que decir que él plantea algo razonable y no deja de tener fuerte vigencia: hay cuestiones de la Ciudad –piensa Macri (por quien, por otro lado, hace mucho tiempo que no tengo el gusto de ser recibido) – que solo se pueden transformar desde el poder nacional. Aquí hay que darle la derecha, porque efectivamente el Gobierno de la Ciudad ha tenido y sigue teniendo que hacer frente a problemas durísimos e irreductibles desde el poder nacional.

Acá va un aporte, porque estas cuestiones deben ser resueltas y es muy poco probable que puedan ser resueltas de aquí hasta diciembre del año que viene. No es una lista excluyente, absoluta ni acabada. Son cuestiones que me preocupan, pero que de ninguna manera agotan la temática de cómo se gobierna y qué está pasando en la ciudad de Buenos Aires. Tenemos por medio cuestiones de hábitat, urbanización, salud y educación (donde la gestión de Esteban Bullrich sigue siendo – a mi gusto - muy buena), pero lo que voy a encarar ya mismo y sin más prólogos, son las áreas de Espacio y Medio Ambiente y Transporte y Tránsito que ya no solo preocupan, sino atormentando a los porteños.

1.   Los famosos contenedores de basura, así como las pantallas luminosas de publicidad, absurdamente colocadas en toda la ciudad, están permanentemente cubiertas en una amplia zona del centro político de Buenos Aires, antes y después del Congreso, por afiches de partidos políticos. De esa manera, el Gobierno de la Ciudad, al instalar contenedores y pantallas nuevas luminosas aumentó la polución ambiental al colocar nuevas superficies para ser aprovechadas por fijadores de carteles ilegales, como se ve permanentemente. No se trata de actos militantes, sino de empresas que se dedican a tapar contenedores y pantallas luminosas con estos afiches. Por otro lado, los contenedores han sido un fracaso. Lo lamento mucho por el Gobierno de la Ciudad, pero éste es mi punto de vista, leal, franco, y transparente. Era una idea interesante, pero están pésimamente instalados y cada vez más deteriorados. Son literalmente arrojados por los camiones de recolección de la basura y se han ido abollando, algunos están volcados, y aparte son sistemáticamente depredados por los cartoneros.

2.   Los famosos carriles exclusivos, que -se nos decía- iban a garantizar una circulación correcta y ordenada de los colectivos, son un chiste. Esos carriles exclusivos de hecho no son usados. El 99% de los colectiveros manejan sus poderosos paquebotes en zigzag, entrando y saliendo de esos carriles que dejaron de ser exclusivos y son permanentemente violados.

3.   Es insultante la cantidad de obras de construcción privadas que están ocupando hasta dos y tres carriles en amplias avenidas, como si contaran con permiso permanente del Gobierno. La que veo todos los días y me parece insultante, es la obra en Santa Fe y Scalabrini Ortiz, un gigantesco rascacielos que hace varios meses tiene tres carriles ocupados por camiones y volquetes, sin que se advierta si tienen autorización para hacer eso a plena luz del día, a pocos metros de una esquina complicadísima.

4.   Ni que hablar del tantas veces vapuleado y nunca resuelto drama del delivery y la carga y descarga en doble fila, una realidad que se registra en todos los barrios. Con absoluta tranquilidad y total impunidad, hoy en la ciudad se estaciona en doble fila, hay una nueva generación de camiones altísimos que nunca dejan ver qué hay adelante de ellos, que llevan y traen mercadería ya sea a las 10 de la mañana, a las14 o a las 18 horas, en doble fila y obturando el tránsito.

5.   Tampoco la ciudad ha tenido éxito en la instalación de la señalética de nomenclatura debería como se llaman las calles de la. Acá la Ciudad fue estafada. Los concesionarios que lograron el permiso para instalar carteleras luminosas y la nomenclatura de las calles han cumplido apenas en ciertos barrios, pero hay barrios enteros en donde uno puede recorrer varias cuadras sin saber en dónde está parado. El Gobierno de la Ciudad no quiso, no pudo o no supo, pero fue literalmente estafado.

6.   En materia de transporte además de la violación de los carriles exclusivos, también es insultante verificar el espectáculo de varios colectivos de la misma línea en caravana circulando en horarios que no son pico, y a menudo semivacíos. Aparentemente todo radica en que ellos cobran el subsidio por cantidad de vehículos que ponen en la calle. Pero no ha habido, que se sepa, de parte del Gobierno de la Ciudad ningún intento de limitar este abuso de la ocupación de la vía pública. No estoy hablando en contra el transporte colectivo, estoy diciendo que es muy llamativo que en calles angostas en donde hay estacionamiento en uno o hasta dos lados, circulen estos gigantescos portaaviones a toda hora del día como si con uno solo no alcanzara.

7.   El Gobierno de la Ciudad no ha logrado controlar el cronograma de bacheo y obras viales que son en muchos casos necesarias y en otros no, en días laborales. Son infernales los fideos que se arman cuando una cuadrilla de trabajadores corta una esquina de la importancia de Las Heras y Pueyrredón para reparar un bache a las 4 de la tarde, y se arma rápidamente colas de cuatro cuadras. ¿Por qué no se trabaja de noche? ¿Por qué no se trabaja de fin de semana? ¿Por qué se vulnera tanto la paz y la tranquilidad de las personas? Y lo que es todavía mucho más grave e imperdonable: ¿por qué el Gobierno de la Ciudad nunca logró diseñar un sistema de aviso anticipatorio previo que le permita a los pobres mortales que vamos por las calles, saber que en 200 o 300 metros va a estar cortada la circulación?

8.   También forman parte de esta problemática los vehículos cartoneros que siguen circulando de noche y de día (de noche totalmente a oscuras), con chapas patentes ilegibles, sin que nadie los detenga y les diga que son ilegales.

9.   Es la misma ilegalidad de los volquetes arrojados y recogidos impunemente en calles y avenidas. ¿Quién controla a los volquetes? ¿A quién le pagan sus dueños por el derecho a colocar un volquete en calles angostas y por qué no están debidamente señalizados y con pintura reflectante? Otra asignatura pendiente del Gobierno de la Ciudad.

10.                   Tampoco se ha logrado frenar, sino que se ha agravado, la publicidad ilegal colgada cada vez con mayor impunidad de columnas de la televisión por cable y alumbrado; esto es un hecho ilegal porque no pagan ningún tipo de canon y siguen aumentando la suciedad visual de Buenos Aires.

11.                   Más allá de la religión del ciclismo y de la expectativa utópica de que las bicicletas resuelvan todos los problemas, ciclistas y motoqueros son hoy sujetos humanos impunes en Buenos Aires. Hacen lo que quieren Es muy normal ver cómo el 90% de los ciclistas conducen sus dos ruedas escuchando música en los auriculares, completamente ajenos a lo que pasa en la calle, sin que nadie los detenga.

12.                   De los motoqueros ni hablemos. Se han puesto el casco, ahora sí, pero avanzan a toda velocidad, zigzagueando, circulando oblicuamente. Muchos de ellos ni siquiera tienen la chapa patente debidamente instalada en la parte de atrás.

Todo esto es un listado provisorio y parcial.

Básicamente el problema central que no se ha logrado resolver y es la gran asignatura pendiente, ya sea para Rodríguez Larreta o para quien se haga cargo el año que viene, es la inexistencia total y absoluta de una policía de tránsito en la ciudad de Buenos Aires. La capital de la Argentina es una ciudad insólita en el concierto de las grandes ciudades del mundo: no tiene policía de tránsito. Los argentinos, en tal sentido, podemos decir que somos sobrevivientes de un milagro, el milagro porteño: no nos hemos matado pese a que en la calle nadie controla nada excepto los cuerpos armados de Sergio Berni cuando no quieren evitar algún tipo de piquete ideológico.

Todo esto es lo que está por delante. De esto no se habla, como si lo único que interesara fuera la candidatura presidencial. Sin embargo, tengo para mí que es la temática que debería ser analizada y me encantaría escuchar sobre estos asuntos a aquellos que se candidatean para ocupar ya no el Palacio Municipal de Bolívar 1 –que será desocupado– sino el nuevo edificio del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

Tienen muchas cosas que explicar y estudiar para que esta ciudad sea un poco más humana y aceptable para vivir.

(*) Editorial emitido en Radio Mitre, el miércoles 8 de octubre de 2014. 



Pepe Eliaschev