COLUMNISTAS TIEMPOS DE CAMPAñA

De eso no se habla

.

Carrio. Para los autores ejerce un bullyng político sobre los opositores al gobierno.
Carrio. Para los autores ejerce un bullyng político sobre los opositores al gobierno. Foto:Cedoc Perfil
De ciertos temas no se habla, algunos se distorsionan y otros se reemplazan. En la agenda temática de Cambiemos, la realidad económica y su contracara política molestan, incomodan, asustan. Esa especie de censura o línea directriz proyectada desde Balcarce 50 trata de no ahondar en una economía que no arranca o en el tendal de heridos que la “pesada herencia” amenaza con recoger y parapetar en las urnas. Sin embargo, pese a lo estudiado de un lenguaje electoral con resultado incierto, pocas veces el PRO ha ido tan lejos y arriesgado tanto en esa suerte de incontinencia verbal estudiada con precisión de algoritmos.

 Blandiendo el estandarte de la lucha antimafias, el Presidente aprieta públicamente a legisladores propios y ajenos, tratando de capitalizar el rédito de una votación parlamentaria que íntimamente creen perdida. Se trata de instalar la agenda y no hay lugar para la crítica. Sólo basta algún esbozo cuestionador al curso de la economía para que gobernadores antes considerados aliados hoy resulten esquivos. La agresividad de Macri, su disgusto, la baja tolerancia a la frustración en un mundo que ve unívoco, sin matices, están dejando de ser excepción para convertirse en esencia. No sólo de su carácter, también de su gobierno. No son tiempos de tibiezas. Elisa Carrió, la estrella mediática del firmamento oficialista, al mejor estilo Corleone, confecciona listas de enemigos, los amenaza a viva voz y lidera una especie de bullying político que suele tener su correlato en el accionar de fiscales y jueces.

 Los últimos gestos del Gobierno, sin embargo, empiezan a desmaquillar y plasmar el verdadero proyecto. Si la realidad cuestiona los deseos, habrá que partirla y descartar una parte de ella. Seguramente será esa masa de votantes que Duran Barba vinculó a la venta ilegal, al narcomenudeo, a la ignorancia. Son los desarrapados, los estigmatizados por los prejuicios de quienes gobiernan, y que difícilmente encuentren un futuro mejor que este bastardeado presente. Quizás sea consecuencia de que a veces se gana mintiendo, o de que las promesas electorales están más supeditadas al marketing que a rendir cuentas a posteriori por los actos de gobierno.

 A más de un tercio de su administración, el espíritu democrático de Cambiemos parece diluirse en un panorama electoral que le puede ser adverso. Las elecciones de medio término han sido reiteradamente cuestionadas, como un escollo en la fiscalización de un gobierno “que sabe lo que hace” pero cuesta que se “entienda”. El voto “calificado” sería el escalón superior de las deterioradas democracias, en las cuales la desigualdad económica aumenta dramáticamente, pero el voto sigue alimentando la ilusión de que ser “iguales” es posible.

  En este contexto, bucear en explicaciones dentro de la compleja ingeniería social y política aparece como una empresa vana ante panelistas o escribas domingueros que intentan explicar en unos pocos caracteres las mieles de la “antipolítica”. Cómo se llega al desatino de concebir un país en que las políticas de Estado desaparecen en una compulsa casi “suicida”, en el que se destruye parte de un pasado para construir un presente endeble y arriesgando el futuro.

 Postales de una Argentina en tiempos complejos. Un Poder Judicial demasiado sensible a los poderosos de turno, en el que el decoro se vende al mejor postor y la Justicia llora junto al calefón. Un país en el que los gobernantes piensan como empresarios, y los empresarios conciben las políticas públicas en su propio beneficio. En el que la ignorancia de funcionarios se tapa con disculpas. Tiempos en que perder el trabajo es una preocupación masiva. En los que los temas “serios” se debaten en la tele. En los que hay demasiada gente durmiendo en la calle. País de desigualdades, corrupciones, engaños. Donde los jubilados, pensionados, discapacitados, pobres, indigentes son números de un modelo que no cierra.

 También hay un país que tiene dignidad, ganas, empuje. Un país que se debate para seguir creyendo. Ya lo decía Bertolt Brecht: “No acepten lo habitual como una cosa natural. Pues en tiempos de confusión organizada, de arbitrariedad consciente, de humanidad deshumanizada, nada debe parecer natural. Nada debe parecer imposible de cambiar”. Todavía se está a tiempo.

**/**Expertos en medios, contenidos y comunicación. *Politóloga. **Sociólogo.


Temas: