COLUMNISTAS ECONOMISTA DE LA SEMANA

De la tormenta perfecta a la salida obligada

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La Argentina está en un proceso electoral de altísima significatividad. Aparentemente, hay alternativas de cambio (dos candidatos) y una de “continuidad” (concepto relativo).

Esto en el plano interno. En el internacional, surge una crisis de mayor magnitud: China en profunda caída bursátil, básicamente por el ajuste de una perspectiva de riqueza sobrevendida en los mercados, algo no muy distinto del ajuste de la Bolsa de los EE.UU. en el año 2000 con la caída vertiginosa del Nasdaq, o el ajuste de valores luego de la crisis subprime. Como en todas las crisis, sabemos dónde comienzan, pero ni idea de dónde terminan. China arroja, además, severos interrogantes por la ignorancia occidental de las lejanas realidades geográficas y culturales.

Brasil en plena crisis, ya percibida por el ciudadano común, acostumbrado a años de progreso, que ve ahora en la conducción política, los casos de corrupción y un freno abrupto de la actividad, producto de una tremenda caída de la tasa de inversión, un chivo expiatorio de males que se han venido acumulando por años.

La caída de las commodities también arroja una fuerte incertidumbre, como en el petróleo, con valores menores a la mitad de hace un año.

Luego Europa, con la espada de Damocles encima, vislumbrada por Grecia, que no es sino una potencial muestra del efecto dominó de una mala resolución del euro para países altamente comprometidos como Portugal, Italia, España, etc.
Todo esto conlleva un escenario donde indudablemente las variables externas no surgen positivas a nuestro futuro, y, de tener una conducción errada, indudablemente podríamos generar una tormenta local en conjunción con la internacional.
Honestamente, no lo creo. Por el contrario, creo que llegó la hora de alinear nuestra economía y renovar el modelo, aprovechando las lecciones aprendidas y las herencias positivas. ¿Hay negativas? Por supuesto, y ya son profusamente comentadas: los cepos (cambiario, trigo, importaciones, carne, retenciones, que en esencia son un freno a la producción, etc.), la falta de credibilidad en el anuncio de las variables (Indec), la espiral de gasto (indudablemente vinculada además con un año inflacionario), la falta de definiciones en temas que impiden acceder a deuda (la situación de los holdouts y organismos multilaterales), el déficit fiscal, etc. Pero hay una situación en particular que nos brinda una oportunidad: el bajísimo nivel de endeudamiento externo vs. PBI.

Este es el dato clave: si Argentina creciera de aquí a 2020 al 4% promedio anual, podría incrementar la deuda en 150 mil millones de US$, a una tasa muchísimo más razonable si “limpiamos la mesa” y nos alineamos comercialmente.

Con ese dinero invertido en infraestructura como lo hizo, por ejemplo, España con el dinero pre-euro, tendríamos casi independientemente de lo que pase en el mundo un progreso evidente. Esto es desarrollo.

Ultimamente he escuchado con sorpresa las incongruencias de expertos que dicen que el “desarrollo ya fue”, y la verdad, no entiendo lo que quieren decir. Quizá sea un anuncio para parecer distintos, notorios, pero no entiendo sino lo básico: 2 más 2 es 4, no le busquemos la quinta pata al gato. De experimentos recientes ya estamos, me parece. ¿Cuál es el riesgo? Que los políticos no están hablando necesariamente de esto sino tangencialmente, y los “equipos económicos” están siempre hablando de temas coyunturales, salvo contadísimas excepciones (una o dos).

Percibo una tentación a hablar del ajuste: reducción de la brecha fiscal, la cual se logra con más impuestos o menos gasto, lo que conlleva a la recesión, con inflación inercial (estanflación, recesión más inflación), lo cual generará una nueva necesidad de ajuste, y así sucesivamente.

Es lo que pasa cuando se piensa en forma cortoplacista. Obviamente el corto plazo requiere acciones. Pero ellas pasan más por provocar una repatriación de capitales para inversión (sí, blanqueo, con todas las letras), una ley para protección de la inversión privada (ya lo he escrito varias veces), apertura cambiaria, liberación de cepos, reducción de retenciones, y una ley absolutamente nueva en materia fiscal. El esquema actual es insólitamente regresivo, de hecho aún con baja de actividad sube la recaudación, es decir, ¡no es adecuado! Los impuestos deben crecer cuando crece la economía, ¡no al revés!

Necesitamos políticos con visión de largo plazo, que comuniquen a la ciudadanía y al mundo qué piensan hacer. No sirven ya las críticas al Gobierno, sobre todo porque tampoco admiten en general aciertos, que sin duda hubo, por sobre todo los primeros ocho años de gestión.

Y a continuación, economistas que expliquen cómo ha de ser la ingeniería económico-financiera para sostener esos modelos.

Endeudarse no es malo, si se lo hace para invertir.  Si lo hacemos para déficit, volvemos a los 90. Ya sé que repito siempre lo mismo, pero como escucho siempre lo mismo de parte de economistas referentes, no queda otra que remarcar que Argentina tiene una oportunidad en materia económica, sin dejar de lado que muchos aspectos de transparencia democrática obviamente también deben aparecer: seguridad jurídica para personas y empresas, una Justicia acorde a lo que nos merecemos, un Legislativo comprometido a buscar mejoras y un Ejecutivo que gobierne por sobre conflictos muchas veces inútiles. Les dejo el gráfico de evolución de nuestra deuda externa, para aquellos que piensan que los 90 fueron mejores, y en realidad fueron un espejismo.

Podemos hacer algo distinto, y “surfear” la crisis: un país con una moderna infraestructura en trenes, rutas, vías navegables, hospitales, escuelas, etc., es un país nuevo, el que nos merecemos; dejemos de pensar que nos merecemos lo peor, una repetición deportiva y peyorativa tan injusta como criticar al mejor jugador de todos los tiempos.

Entonces, señor Scioli, señor Macri, señor Massa, cuéntenme, cuando tengan un minuto, qué país ven en el año 2020, y sus economistas, cómo piensan lograrlo. La pregunta equivocada es “quién va a ganar”, la correcta es “qué va a hacer el que gane”, dado que margen de maniobra no tiene.

 

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Miguel Arrigoni