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De las esperanzas a la realidad

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El modo en que hemos descripto la relación entre el gobierno nacional y la opinión pública ha estado inundado por las esperanzas a futuro. Una sociedad que insistentemente señala al presente como problema, y que deposita en el año próximo, la posible recuperación. Sobre el cierre del primer año de gestión de Macri, este esquema de relacionamiento se mantiene, aunque con un presente que ya comienza a pisar el futuro de manera marcada.

En nuestra encuesta de septiembre la distancia que había entre la evaluación de la economía (33% positiva) y las expectativa para dentro de un año (62%) era de 29 puntos porcentuales. Esa diferencia hoy se ha reducido a 10 puntos porcentuales y donde la expectativa es la que más se ha resentido. La evaluación de la economía sólo bajó tres puntos; las expectativas bajaron de 62% a 47%, es decir un total de 15 puntos porcentuales.

Lo que se ha escondido en esta insistente relación es la transición entre un kirchnerismo que no terminaba de apagarse, y un macrismo que no terminaba de nacer.
Durante casi todo 2016 el presente ha sido siempre un poco más el pasado enmascarado, una suerte de aprobación de gestión oculta de un gobierno que ya no ejerce funciones. Esas expectativas que hoy bajan, y se acercan más a la evaluación del presente, son la señal de que el gobierno de Macri ya tiene sus propios desafíos anclados en su propias decisiones de gobierno. El uso del pasado tiene ya sus límites.

A pesar de lo que señalamos, la aprobación de gestión puede considerarse aún como relativamente alta con 48% de evaluaciones positivas, aunque con una reducción de 7 puntos porcentuales desde nuestra anterior medición de septiembre (55%). Las alarmas más marcadas para el Ejecutivo son el conurbano bonaerense y las poblaciones de edades medias para abajo. Macri encuentra a los más “comprensivos” entre la población adulta y en el interior del país, particularmente en la zona central. Ese esquema, que lo llevó a ganar las elecciones el año pasado, sigue siendo su base de sustento, y los que no lo votaron siguen también siendo, sus alarmas.

Probablemente el dato más crudo sea la evaluación específica del año del Presidente. Para seis de cada diez argentinos, hasta ahora, Macri ha estado por debajo de sus expectativas (62%). La suma del resto de las opciones, “alcanzó sus expectativas” (27%) y “superó sus expectativas” (7%) llega al número casi exacto de sus votos en primera vuelta con 34%. En lo que va del año, Macri ya ha comenzado a alejarse de sus votantes prestados de la segunda vuelta y vive fuertemente de sus seguidores más puros.

La etapa de “aniquilación” del kirchnerismo requiere ahora de resultados en la gestión y por lo tanto de pasar ahora sí a la construcción efectiva de la nueva experiencia de gobierno. Como siempre esto significa, que la economía comience a dar sus resultados al nivel de que el individuo común pueda sentirlo en su vida cotidiana. Si esto no sucede, el próximo año será electoralmente un caos y el sistema político se enfrentará a una nueva etapa de definiciones. Si el Gobierno logra domar la economía, podrá volver a recibir apoyo público y seguir adelante.
Más que nunca, el futuro depende del gobierno nacional.

*Sociólogo. Director de Quiddity Argentina.


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