COLUMNISTAS SALIDA DE LA POBREZA

¿De qué igualdad estamos hablando?

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La filosofía y la teoría política han aportado agudas reflexiones sobre la complejidad del tema de la igualdad en las sociedades humanas. Sin embargo esto no ha sido tomado en cuenta por prácticas políticas que convierten ese concepto en una consigna ambigua para hablar de igualdad a secas, quitando así claridad a sus propuestas electorales.

Pierre Rosanvallon escribió La sociedad de iguales preocupado por el “crecimiento de las desigualdades” que ponen en riesgo el “mismo régimen democrático”. El libro ofrece abundantes reflexiones sobre el tema, aunque no definiciones para una práctica política concreta (el texto termina con un capítulo que el autor define como “primer bosquejo”).

En cambio, Sartori hace aportes de utilidad para nuestros propósitos en su Teoría de la democracia cuando plantea: “Una comprensión analítica del concepto de igualdad presupone la pregunta… ¿igual en qué?”. Sostiene luego que “la desigualdad es ‘natural’; la igualdad, desnaturalización”, para aclarar en seguida que “la democracia asume la tarea de ‘desnaturalizar’ el orden social allí donde la libertad liberal cesa en sus funciones”. Afirma también que “la igualdad es atractiva y fácil de entender como ideal de protesta; pero como ideal constructivo, que contenga propuestas, resulta indudablemente complicado”.

Sartori distingue cinco tipos de igualdades: la jurídico-política, la social, la de oportunidades entendidas como acceso igual, la de oportunidades como comienzo igual, y finalmente la económica, a la que define como “la misma riqueza para todos y cada uno, o propiedad estatal de toda la riqueza”. A partir de esta clasificación, y dando por consagrados los dos primeros tipos, la duda que se plantea cuando escuchamos hablar de igualdad es la de saber si se trata de la referida a oportunidades o de la igualdad económica. Un deber de lealtad para con los ciudadanos exige especificarlo, así como aclarar qué políticas se van a aplicar para alcanzarla, ya que, según Sartori, “más allá de la igualdad de acceso, las políticas tendientes a la igualación son en gran medida políticas de… expropiación”; lo que exige también la aclaración de cómo se conciliará ese objetivo con la preservación de la libertad y de las garantías republicanas.

Muchas de las dudas que surgen cuando se habla de igualdad a secas desaparecerían si las fuerzas políticas elaboraran sus propuestas de gobierno alrededor de un objetivo claro, de fácil comprensión, como es el combate a las crecientes y aberrantes desigualdades económicas. Reducir desigualdades es un proceso cuantitativo; alcanzar la igualdad supone un cambio cualitativo. Sartori considera que “el problema de la igualdad es siempre establecer un sistema… de fuerzas contrapuestas en el que cada desigualdad tienda a compensar otra desigualdad”. Esto significa que para combatir las desigualdades económicas se requieren propuestas “desiguales” que discriminen positivamente a favor de los que menos tienen.

Esas propuestas desiguales deben ofrecer medidas de aplicación inmediata que, además de contribuir a reducir la desigualdad, se ocupen de los pobres que no pueden esperar a que los efectos de las oportunidades igualadoras se produzcan. El primer paso será redefinir la situación de no pobreza; esto es, establecer qué se necesita para tener una vida digna y sin privaciones, propia de los avances de la civilización y de la capacidad productiva que ha alcanzado el desarrollo económico. Esto debe traducirse en una cuantificación operativa que eleve, en forma significativa, la línea por debajo de la cual se considera a una familia como pobre.

Pero las propuestas no pueden terminar con la nueva definición de pobreza. Esta debe ir acompañada por el conjunto de medidas necesarias para alcanzar el objetivo propuesto; incluyendo, en forma clara y comprensible para los ciudadanos, el detalle de la política económica que hará posible la generación de empleos genuinos que terminará con el desempleo, los bajos salarios y el trabajo en negro, de manera que la salida de la pobreza sea un camino digno.

*Sociólogo.



Omar Argüello