COLUMNISTAS ESA COSTUMBRE DE MOJAR LA OREJA

De Rusia con amor

Los acuerdos y la relación con el gobierno de Vladimir Putin podrían oxigenar con divisas una salida a la crisis de los holdouts, la reactivación en 2015 o la campaña electoral oficial. ¿Cuánto saldrá?

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El relator de la TV oficial se regodeaba con la derrota brasileña, casi desbordando los límites de un juego natural de “gastadas” mutuas y exagerando su “militancia a sueldo”.

Mientras tanto, en el entretiempo del  partido Alemania-Brasil, la publicidad del Estado que pagamos todos, (junto con el sueldo de la militancia), agradecía a los “hermanos brasileños”, el apoyo recibido ante el fallo adverso a la Argentina en su conflicto con los bonistas que no entraron al canje. 

A principios de los 80, un gobierno militar aislado internacionalmente, violó el boicot que Occidente había decidido contra la entonces Unión Soviética vendiéndole trigo. Un par de años después, le pedía a Occidente que lo apoyara en el intento de recuperar militarmente las islas Malvinas, enfrentando  a un integrante importante de la alianza occidental.

En los 90, le vendimos armas a Ecuador, en conflicto militar con Perú, el país latinoamericano que más nos había apoyado en la Guerra por Malvinas. Por suerte le vendimos armas que no funcionaban, de manera de moderar la afrenta.
Y hace un par de años firmamos un acuerdo con, en ese entonces,  uno de los principales enemigos de Occidente, poniendo en duda el principal argumento de las sanciones globales a Irán, el financiamiento al terrorismo, y actos de terrorismo organizados por funcionarios oficiales de su gobierno, al crear una “comisión de la verdad” para revisar una “verdad” obtenida por la Justicia argentina.

Antes, habíamos acusado al gobierno de los EE.UU. de introducir armas y drogas a la Argentina con oscuros propósitos, en el marco de ejercicios militares conjuntos.

Un par de años más tarde, le pedimos a ese Occidente y a ese gobierno, que nos “ayude” ante el injusto fallo de la Justicia norteamericana, mientras consideramos al gobierno de EE.UU. responsable de dicho fallo.

Ahora, el gobierno argentino se apresta a recibir con honores al presidente ruso Vladimir Putin y su comitiva de “capitalistas amigos”, por llamarlos de un modo  benévolo, en medio de las sanciones impuestas por Occidente al gobierno ruso por sus acciones en Ucrania, mientras el presidente ruso, en el poder por maniobras muy poco ligadas a la “democracia”, aislado del mundo occidental, nos “condecora” con la distinción de “principal aliado estratégico” en América Latina.

Todo esto, sin recordar el pecado original de nuestra “neutralidad” y “protección” al nazismo en los 40  y 50 del siglo pasado y muchos otros actos que, por razones de espacio, omitimos.
Es cierto que en política exterior se da la misma premisa que un ex presidente brasileño impuso para la política a secas: “nadie es lo suficientemente amigo como para no ser enemigo, ni lo suficientemente enemigo como para no ser amigo”. Pero no es menos cierto que esta errática estrategia no nos ha resultado mucho.

Ni recuperamos las Malvinas, ni juzgamos a los responsables del atentado a la AMIA, y  los amigos transitorios rápidamente nos abandonaron por sus propias conveniencias permanentes. Y en los casos “económicos”, hemos terminado pagando mucho más caro los arreglos de deuda, y aceptado condiciones cuasi leoninas para recibir inversiones o financiamiento (mal disimulados en discursos nac & pop).

En este contexto llega el amigo ruso, cuya intención “estratégica” es aprovechar la necesidad de dólares de la Argentina, y ver si consigue, a precio de liquidación, alguna participación a futuro de la joya de Vaca Muerta.

Que un gobierno en retirada siga “negociando” futuro de manera opaca, y costosa, mientras el resto de la dirigencia, asiste muda a esta puesta en escena es preocupante. Ya hemos tenido evidentes pruebas de la mala decisión de la “relación estratégica” con Venezuela. De la costosa expropiación de Repsol. Del acuerdo tardío con el Club de París. De negociaciones “de apuro” con petroleras de Occidente, por un puñado de dólares. 

Ahora toca Rusia, y la ilusión de conseguir fondos para financiar un default selectivo, la reactivación 2015, la campaña electoral del oficialismo o alguna otra fantasía adicional.

Cuidado, de Rusia no viene el amor, sino negociados. Esperemos que no nos cueste demasiado caro.



Enrique Szewach