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De Yabrán al caso Ciccone

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José Antonio Capdevila levantó el teléfono y del otro lado una voz le prometió la muerte. Fue la primera de una serie de amenazas que con los días se volvieron habituales. Su jefe, Domingo Cavallo, había emprendido un combate desenfrenado contra el sombrío Alfredo Yabrán, por entonces mandamás absoluto del negocio de correos en la Argentina y a quien el ministro había bautizado como “jefe de la mafia”. Capdevila reportaba a Pablo Rojo, subsecretario de Desregulación y Organización Económica, la oficina que buscaba desbaratar el monopolio del servicio postal que controlaba Yabrán. La respuesta fue una andanada de intimidaciones que auguraban un futuro trágico para los funcionarios si seguían con su faena. Yabrán terminó por pegarse un tiro tras ser buscado por el asesinato de José Luis Cabezas. Capdevila siguió en la función pública. Dos décadas después, se siente nuevamente amenazado.

Su padre, José “Pepún” Capdevila, tenía una mesa reservada en la confitería La Biela, de la Recoleta. De históricos contactos con el sector más conservador del peronismo, el sanpedrino “Pepún” atravesó diferentes gobiernos. La confluencia de peronismo y contactos ayudaron a que su hijo José Antonio Capdevila encontrara rápidamente un lugar en el Estado. Luego se abrió camino por cuenta propia. “No era fácil pelearse con Yabrán en 1992, y lo hizo con coraje”, rememora Pablo Rojo.
Tras la tormentosa partida de Cavallo, Capdevila volvió al Ejecutivo durante el gobierno de la Alianza, a través del entonces secretario de Comunicaciones, Henoch Aguiar. Años después y tras la llegada del kirchnerismo al poder, Benigno Vélez, un marplatense cercano a Amado Boudou, le ofreció la estratégica Dirección General de Asuntos Jurídicos del Ministerio de Economía. Cristina Kirchner ya era Presidenta. Entonces llegó la consulta de la AFIP que sería determinante para su futuro. La oficina a cargo de Ricardo Echegaray quería que el Ministerio de Economía emitiera una opinión sobre la deuda de la empresa Ciccone. Era una consulta envenenada. Si Boudou respondía, se comprometía con un asunto que nada tenía que ver con su ministerio. La indagación de la AFIP señalaba públicamente al ministro. Desde la dirección de Asuntos Jurídicos, Capdevila le aconsejó que se abstuviera de responder: No correspondía. Así le ofrecía a Boudou una salida que lo podría haber liberado de sus actuales infortunios judiciales. Pero el ministro rechazó la mano tendida por el funcionario. Una fuerza superior lo comprometía con el futuro de Ciccone. Sus colaboradores de aquel entonces creen que el pedido de inmiscuirse en el porvenir de la imprenta de billetes había llegado desde niveles superiores. Boudou por ahora acepta el confinamiento del Gobierno. Algunos en la Casa Rosada temen que abandone su opción por el silencio.



Damian Nabot