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Decisión y estrategia

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En un excelente artículo publicado en este diario el domingo pasado, Manuel Mora y Araujo realza la dimensión táctica de la política. La política es siempre más táctica que estrategia, sostiene, no sin buenos argumentos. Me gustaría, con todo, argumentar a favor de la dimensión estratégica, y sostener que es un componente tan importante de la política como la táctica. Sobre todo si no nos limitamos, en la mirada a la política, a considerar en exclusiva los procesos electorales. Para empezar, por política se pueden entender cosas bastante diferentes. Contra el viento y la marea que hoy día ha arrasado la política en todas partes, y ha convencido a todos de que ésta es irrelevante, creo que la política de mayor envergadura es una que está orientada a establecer mutaciones duraderas (o a impedirlas, si se trata de una orientación conservadora, no neoconservadora por supuesto, ya que el neoconservadurismo es transformador) y en gran escala, en las reglas formales e informales que definen las interacciones sociales. Graduales o masivos, de una orientación ideológica o de otra, de alcance mayor o menor, progresistas o regresivos, estos cambios son el núcleo duro de la política y, si bien a ésta la táctica le resulta indispensable, tampoco puede prescindir de la estrategia.
La táctica sin estrategia es, como dijo un amargado Esteban Echeverría de Lavalle, una espada sin cabeza. El New Deal, tanto como la dificultosa entrada de los Estados Unidos en la guerra, fueron decisiones estratégicas, o más bien conjuntos de decisiones estratégicas (ambas definían consecuencias de largo plazo en la sociedad y en la posición del país en el mundo), apuntaladas, por cierto, por incontables decisiones tácticas, pero fue en ellas que se colocó el peso de la política. El gran táctico de Roosevelt fue Harry Hopkins, que tenía una comprensión superior de las estrategias de largo plazo del presidente. El politólogo Peter Gourevitch en su libro sobre la política en tiempos difíciles ha explicado, recurriendo a un brillante análisis de casos europeos y norteamericanos, cómo modificaciones profundas del contexto internacional crean oportunidades para una recomposición de alianzas sociales domésticas, y para que éstas, encabezadas por liderazgos estratégicos, pudieran generar nuevas líneas de acción de largo plazo sustentadas por coaliciones sociales. Asignar más gasto público a tal o cual sector podrá ser táctico, pero las políticas keynesianas eran ciertamente estratégicas. Pero no precisamos seguir lejos. Cuando los presidentes brasileños, apenas iniciados sus mandatos, toman una decisión sobre la fórmula de gobierno están pensando estratégicamente. Cuando Perón, en 1946, toma decisiones enderezadas a la supresión del Partido Laborista, se comporta como estratega, no como táctico. La habilidad táctica puede haber consistido en desplazar a tal o cual dirigente y sustituirlo con otro.
Cuando Alfonsín, en 1983, decide desestimar la formación de una Comisión Parlamentaria y dar curso a la Conadep, no tomó una decisión táctica sino estratégica, ya que ésta revestía una envergadura y una perspectiva temporal –así como una bifurcación de no retorno– excepcionales. Las tácticas son importantes, pero lo son en un escenario definido por las estrategias. Si las decisiones políticas alteran conscientemente, o procuran hacerlo, los escenarios, entonces son estratégicas. Podrán estar erradas, y también puede ocurrir que una decisión táctica tenga vastas consecuencias impensadas. Pero la distinción, así como la relevancia de ambas, se mantienen. ¿Importa todo esto en la Argentina de hoy? A mi juicio, importa muchísimo. Creo que los ciudadanos debemos exigir a nuestros políticos que, además de tener habilidad para ganar elecciones, sean capaces de concebir ideas ambiciosas de cambio, así como las estrategias indispensables para hacerlas realidad. Los políticos se desesperan como cualquier candidato, y más porque el respaldo electoral es tan seguro como arena entre los dedos. Por eso no salen del terreno de la táctica. Y así las oportunidades que ofrece el mundo pasan de largo.

* Investigador principal del Conicet y miembro del Club Político Argentino.



Vicente Palermo