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Déficit y deuda

Supongamos un país que tiene cerca de 10% de su PBI de déficit fiscal.

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Supongamos un país que tiene cerca de 10% de su PBI de déficit fiscal. A esa cifra se  llega por la suma de 5% del PBI de déficit primario, 3% del PBI de intereses de la deuda externa y 2% del PBI de déficit cuasifiscal del Banco Central (intereses por Letras). Supongamos que tal país decide financiar ese déficit en dos monedas: en su moneda local y en dólares. Obviamente, la magnitud del déficit es tan alta que los pesos que se emiten, aunque luego sean reabsorbidos por el propio Banco Central, en el camino dejan una inevitable expansión monetaria porque al ponerse en circulación o bien agregan dinero en manos del público, o bien agregan depósitos bancarios. Como entonces la expansión monetaria es inevitable al aumentar la cantidad de medios de pago, se produce inflación. Vayamos ahora a examinar lo que ocurre con la otra parte del financiamiento de esos diez puntos del PBI. Las grandes cantidades de  dólares que se toman en concepto de deuda son en buena medida vendidas en el mercado con el fin de poder pagar compromisos internos. Este incremento del endeudamiento externo produce un movimiento depresor en el tipo de cambio. En síntesis, ¿qué tenemos entonces? Una combinación de presión al alza en los precios y a la baja en el valor del dólar en términos de su poder de compra de bienes y servicios. Y en el caso de este país teórico que analizamos las presiones citadas son seguramente muy fuertes, dado que suman nada menos que 10% del PBI.

El lector avezado apreciará rápidamente que la dinámica del proceso tiende a acentuarse por sí misma, ya que la presión bajista en el valor real del dólar agrava la pérdida de competitividad. Esta pérdida de competitividad deriva en menor recaudación de impuestos y ello impacta en forma directa en un aumento del déficit fiscal, además principalmente de dejar en la calle sin trabajo a mucha gente. Ese aumento del déficit fiscal produce un incremento en términos absolutos y relativos de la cantidad de moneda interna que se emite, y un aumento también en términos absolutos y relativos de la cantidad de dólares que el propio Estado toma para financiar el faltante de recaudación, por lo que aumenta la presión bajista en el tipo de cambio, lo que a su vez impacta en el mediano plazo en un deterioro de la balanza comercial, dado que se encarecen las exportaciones y se abaratan las importaciones. ¿Qué implica esto? Que no sólo el Estado sino también el propio sector privado va a necesitar dólares prestados para vender en el mercado a cambio de moneda interna, para pagar sus costos y saldar sus pérdidas. Esas pérdidas empresarias incipientes al comienzo, van a agravarse con el paso del tiempo porque el valor del tipo de cambio real es cada vez menor.

Como vemos entonces, la dinámica del proceso muy lejos de converger al equilibrio diverge muy acentuada y rápidamente del mismo. Sigamos entonces con nuestros supuestos acerca de este teórico país. Se supone que tal país tiene un gobierno. Pero... ¿tiene un gobierno realmente si deja en forma pasiva que este proceso se desarrolle de manera peligrosa en el tiempo? Bueno, en este país virtual las autoridades piensan que como son todos buena gente, buenos muchachos, las inversiones externas lloverán en algún momento, produciendo empleo, crecimiento y recaudación tributaria que suplantará el mecanismo perverso por una estabilidad fruto de causas que sólo podría explicar un autor de realismo mágico. ¿Lluvia de inversiones para producir qué, si se trata de un país caro? Más que inversores lo que el país suma son acreedores. Y es que en el fondo subyace un pensamiento religioso en la tolerante y negativa actitud de las autoridades. Porque quienes gobiernan piensan que  son buena gente, que los habitantes merecen ser felices y como el bien siempre derrota al mal, todo irá de maravillas.

Y así pasa el tiempo, con un nivel de deuda pública aumentando 10% del PBI por año. Y se puede ir aún más allá: para manejar en teoría lo que en realidad no se maneja sino que se deja librado a su propia dinámica, se puede tener  nueve o diez ministros de Economía simultáneos. Seis en el gabinete, más el jefe y los dos subjefes de gabinete, más el independiente titular del Banco Central. El Presidente puede estar más tranquilo así. Tiene diez personas juntas de similar poder, que pueden velar mejor por la estabilidad económica. Diez cabezas juntas piensan mejor que una. En fin, así son las cosas en el teórico país que imaginamos. El lector puede estar tranquilo. Total, todo parecido con la Argentina actual es mera coincidencia.


* Economista.



Walter Graziano