COLUMNISTAS POLEMICA POR LOS BILLETES

Del “relato” a la historia real

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El año que pasó tuvo un de-senlace electoral inesperado. Los que debían perder ganaron y los supuestos triunfadores se llevaron un desengaño mayúsculo. Tales resultados dejaron de a pie a la nutrida serie de analistas, encuestadores, agencias especializadas, politólogos y formadores de opinión que dieron por hecho el triunfo del Frente para la Victoria y condenaron a  priori a los candidatos opositores por incapacidad para construir mayorías.

Afortunadamente la democracia es una suma de votos que expresan mal o bien el estado de ánimo del votante medio; unos pocos deciden guiados  por los arriba citados, muchos más inducidos por el puntero de barrio, una autoridad respetada o la propaganda; por último, están los ciudadanos que responden a su propia intuición y percepción del presente y a la proyección de sus fantasías y deseos.

El cansancio del régimen que afecta a las largas hegemonías desempeñó un papel silencioso en el desenlace. Doce años después, se necesitaba mucha fe kirchnerista para no sentirse hastiado ante la repetición de frases hechas, el desfile de las mismas figuras en los mismos escenarios, las convocatorias multitudinarias cuidadosamente pautadas y la sobreactuación de la protagonista estrella. Hasta los exabruptos de los voceros “espontáneos” seguían un libreto.

Hoy, quienes observamos con simpatía el cambio, seguimos los grandes  temas en los que se jugará el futuro de esta gestión –que es el futuro del país en los próximos años–. Esto no implica dejar de lado temas en apariencia secundarios, como es el caso del relato de la historia nacional, distorsionado y recortado para su utilización en la política partidaria.

Desde fines del siglo XX, en las naciones europeas y americanas el discurso de la Nación fue puesto en duda y los relatos clásicos han sido examinados a la luz de las nuevas tendencias políticas. En esto, la Argentina sigue las líneas generales, pero es curioso observar hasta qué punto el discurso histórico de la “década ganada” exigió la negación del pasado, salvo en los aspectos puntuales en que éste contribuía a la exaltación del presente “políticamente correcto”.

Así, Cristina Fernández de Kirchner fue “la primera presidenta argentina”, olvidando que tuvo una antecesora del mismo signo partidario, María Estela Martínez de Perón (ella sí víctima de los militares). Dentro de esta reescritura arbitraria de la historia reciente, el mismo Perón, fundador del movimiento justicialista, no mereció de la iniciativa oficial un monumento o una simple escultura, como los que  tuvieron Juana Azurduy y Arturo Jauretche. O al menos un billete de la serie dedicada a los presidentes como el que benefició a Evita, su esposa y discípula.

Si este trato se dio a los “compañeros presidentes”, poco podía esperarse para los “enemigos” históricos. Es el caso de Sarmiento, relegado a la condición de viejo rezongón y maligno que pretendía que los chicos fueran a la escuela a aprender. Su lugar en  el billete de 50 pesos dedicado a las islas Malvinas, emitido hace poco, lo ocupa el gaucho Antonio Rivero, un supuesto héroe de la lucha antiimperialista en Malvinas, que en la realidad fue autor  de crímenes comunes. Para colmo, la ilustración con la imagen de Rivero corresponde a una fotografía tomada en la jineteada organizada por una agrupación tradicionalista en los años 90.

Me pregunto: ¿no sería más ajustado a la verdad histórica acompañar el billete de las islas Malvinas con una fotografía, ésa sí, muy real, del cementerio de Darwin donde descansan los restos de los soldados  argentinos que dieron la vida por la Patria? Su sacrificio está en la base de la recuperación de la democracia, ¿se acuerdan?

2016, el año en que se conmemorará el Bicentenario de la Declaración de la Independencia, invita a dirigir una mirada a nuestra historia más amplia, menos facciosa, basada en hechos reales, que ayude a generar nuevos consensos sobre el pasado y se constituya en una de las  bases sólidas para construir el futuro.

*Historiadora.



María Saenz Quesada