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Desde lejos no se ve

PERFIL COMPLETO

Terminado el masturbatorio show en torno a la ley antidespidos, en el que todos los participantes sacaron una tajada sin resolver ninguno de los graves problemas que nos aquejan, los medios tendríamos que volver a poner el ojo en ellos. Acuciantes. Crecientes. Y no necesariamente salen en las fotos.
Más allá de la proliferación de actos y apariciones junto a Mauricio Macri, María Eugenia Vidal monitorea obsesivamente la situación social en el Conurbano. Ciertas luces de alerta han comenzado a encenderse en las últimas semanas.
El frío en la actividad económica, la caída del empleo informal y, sobre todo, el incesante aumento en productos y servicios básicos impactaron con dureza en los 11 millones de habitantes del Gran Buenos Aires, donde más de un tercio de ellos son pobres.
Como lo alertó el Barómetro de la Deuda Social de la UCA (ver nota en esta edición de PERFIL, desde la página 60), sólo en el primer trimestre de este año se generaron 1 millón de nuevos pobres en el país: el 40% de ellos está en el Conurbano. Al gobierno nacional le molestó ese dato, pero en voz baja advierten que el pico del efecto crisis aún está por venir.
Vidal se les adelantó, a sabiendas de que cualquier estallido social en el GBA puede tornarse un descontrol con suma facilidad. Porque el dificultoso contexto económico está inmerso en una problemática más profunda y estructural: el deterioro de los lazos sociales y familiares, producto de la marginalidad y del abandono del Estado en las áreas básicas (seguridad, salud, educación, justicia), que fue reemplazado por las mafias del narco y de la ilegalidad.
Algo está roto, mal, en el Conurbano. Y se sostiene con alambre. Vidal lo sabe. Por eso ella y sus ministros se reúnen de manera casi constante con los intendentes peronistas de la zona. Y la gobernadora puso en marcha un sistema de “alertas tempranas” para contener socialmente al GBA, que incluye la distribución de medio millón de kilos de alimentos para reforzar comedores, escuelas y planes. Y desde el Ministerio de Infraestructura bonaerense se activaron obras públicas pequeñas, medianas y grandes (como la del río Luján).
Sin aportes extras del Estado nacional (amén del recibido para pagar sueldos en diciembre, respaldo del que Macri dice en privado haberse arrepentido, pero ése es tema para otra nota), Vidal también operó, con apoyo unánime de la Legislatura provincial, para que el Congreso actualizara el Fondo del Conurbano. Y obtuvo además esta semana un guiño de la Iglesia, en Mar del Plata, en sus políticas sociales.
Independientemente de las elecciones legislativas de 2017, de las que no es ajena, la gobernadora parece tener claro que del clima social del área urbana más densa del país no depende sólo un escenario electoral. Su estallido puede arrastrar todo a su paso. Ya ocurrió. Y no hace tanto.

jcalvo