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Despiste total

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Hasta hace unos pocos días, yo desconfiaba de la televisión, pero ahora estoy absolutamente segura de que se utiliza ese magnífico medio para pasar estupideces, frivolidades, confusiones, temas totalmente superficiales. Para, en pocas palabras, nublar las mentes y los entendimientos. Sí, claro, seguro: hay un par de canales que pasan preciosas películas, viejas o no tan viejas, pero llenas de encanto; y hay otro par de canales en los que se puede ver temas de arte y cultura y entretenimiento que enriquecen eso que tenemos (no todos) dentro de la caja craneana. De repente hay un drama espantoso del que se ocupan todos pero todos los canales, porque una mamá joven se ve detenida en Ezeiza porque uno de sus nenes tiene el pasaporte vencido. Ay, pobre, digo yo, que oigo desde mi lugar de trabajo algunas voces que salen del aparato ese. Y después empiezo a preguntarme quién será esa mujer tan importante como para que la televisión se ocupe de ella.

Ucrania y Rusia desaparecieron, Boko Haram y las chicas secuestradas, ya ni pelota les dan, la mujer condenada a muerte por haberse casado con un cristiano, chau, la inflación, la inseguridad, el narcopaís, nada de nada. Lo que importa es la rubia mamá y su nene. Que, claro, la habrán pasado mal, seguro. A ver, señores de Ezeiza, si tienen un poco más de paciencia y eficiencia, por favor. ¿Quién es esta señora?, pregunté. Me dijeron un nombre. Sí, dije, pero qué hace, qué es.
Ahí ya no me dijeron nada. ¿Es artista? ¿Científica? ¿Autora de un nuevo programa en educación? ¿Campeona de algún deporte? ¿Concertista famosa? Bueno, usted sabrá, querida señora, estimado señor. Lo único que yo pude averiguar es que es rubia, bastante bonita, y que tiene tres nenes. Y que todo el periodismo se volvió loco y mandó ejércitos munidos de cámaras para filmar su espantoso drama.

Caramba, después nos sonreímos cuando oímos a las señoras en la cola de la caja del supermercado diciendo: “Ya no hay respeto, se han perdido los valores”.



Angélica Gorodischer