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Después de 2017

En las crisis siempre gana el partido del “cambiemos”: cambiemos a Cristina, a Dilma, a Alfonsín o al PRI de México, pero pocas veces luego el cambio verdadero se produce.

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Foto:Adidas

La dificultad de Macri no se reduce a cruzar este segundo semestre sin poder cumplir la promesa de crecimiento económico. Aunque logre llegar a 2017 habiendo ordenado la economía, el problema de fondo de Macri y de todos los gobiernos de Latinoamérica es que se quedaron sin agenda.

En los 90 la agenda fue el Consenso de Washington: tratado de libre comercio con Estados Unidos (ALCA), privatizaciones, inversiones externas, fin del comunismo (y “de la historia”), reducción del Estado. En la década pasada la agenda fue lo que podría llamarse el Consenso de Caracas: integración regional, desendeudamiento, aumento de las materias primas, emancipacionismo post marxista, alianzas con los adversarios de Estados Unidos, crecimiento del Estado.

Ahora no hay una agenda. Estamos en un interregno, no sólo regional sino mundial, donde Gran Bretaña puede irse de la Unión Europea, donde la población de Estados Unidos es la que se siente explotada y por resentimiento puede votar el populismo de Trump, y donde tanto Estados Unidos como Europa pueden recuperar la fabricación de lo que enviaron a hacer en los países factorías asiáticos o México, con robots que sustituyan los ex sueldos bajos de esos países cambiando la lógica de la globalización.

La foto que acompaña esta columna es de un brazo robot fabricando una zapatilla en el centro experimental de Adidas en Ansbach, Alemania. Dos décadas después de haber trasladado su fabricación a países como China, Camboya o Bangladesh, el aumento de sueldos en Asia sumado a los avances de la tecnología robótica, comienza a permitir a los países desarrollados recuperar la fabricación local  de ciertos productos. En Estados Unidos ya hay trescientos casos de relocalizaciones de plantas industriales.

Del Consenso de Washington pasamos al Consenso de Caracas y falta una agenda que oriente a dónde vamos.

Las materias primas son la ventaja competitiva de Latinoamérica y las que permitieron durante los últimos doce años el Consenso de Caracas, hasta que sus precios comenzaron a bajar. Pero ahora están volviendo a subir: la soja aumentó 30% en los últimos dos meses, a 432 dólares por tonelada, y desde septiembre de 2014 no superaba los 400 dólares.

Macri apostó a las materias primas eliminando las retenciones al agro y la minería como apuesta a la Alianza del Pacífico (México, Colombia, Perú y Chile) con su primer viaje de Estado como presidente, el próximo martes a Colombia y a fin de mes a Chile, para participar como miembro observador en la cumbre de presidentes de la Alianza del Pacífico.

En Colombia, Macri participará de la reunión latinoamericana del Foro Económico Mundial, llamada Davosito, por la cumbre de Davos en Suiza, que este año se realiza en la ciudad de Medellín y Argentina pretende que en 2017 se desarrolle en Buenos Aires.

También Colombia, en este caso Cartagena, será la sede de la Conferencia Anual de la Asociación Mundial de Diarios, coincidiendo con la llegada de Macri a ese país. Participará del evento el presidente Juan Manuel Santos, cuya familia dirigió y fue propietaria del diario El Tiempo, el principal de su país.

El viaje de Macri a Colombia es el comienzo de la nueva geopolítica: los países del Pacífico siempre fueron más pro norteamericanos: Colombia firmó el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos en 2011, Perú en 2006, Chile en 2003, y México directamente integra el Nafta (Tratado de Libre Comercio de América del Norte) desde 1990.

Pero los países sudamericanos del Pacífico exportan minerales, ninguno alimentos en alta escala como Argentina, que en eso se parece a Brasil, el otro gran proveedor mundial de alimentos con Estados Unidos.

La tecnología está originando un cambio en las formas de producir equivalentes a las que en el siglo XIX generó la Revolución Industrial, que desplazó la población del campo y expulsó a muchos agricultores europeos a poblar la Argentina, donde el ciclo industria versus el campo no había comenzado.

En las crisis siempre gana el partido del 'cambiemos lo anterior' pero pocos logran consumar un cambio.

China, al lograr hacer sobrevivir el sistema político de partido único que colapsó en la ex Unión Soviética, el populismo en la última década en Sudamérica, o la emergencia en Europa y Estados Unidos de populismos que explícita o tácitamente discuten la tradición liberal del sistema democrático de separación de poderes, muestran que los sistemas políticos sobreviven si tienen éxito económico y entran en crisis, aun con sustento moral y jurídico, si no logran mejorarle la vida a la gente.

En uno de sus editoriales en su programa de radio, Marcelo Longobardi reflexionó esta semana sobre  si Macri venía a construir un sistema político que dejara definitivamente obsoleto el populismo anterior, o no; y la tensión entre un nuevo orden que no acaba de nacer y uno viejo que no acaba de irse. La instalación o no de un nuevo orden político dependerá de encontrar una nueva agenda económica. Si Macri sólo viene a normalizar la economía, no habrá cambio. Y sólo habrá cambio político si se produce cambio económico. Lula, Chávez y Kirchner fueron el resultado de un cambio económico.

En las crisis siempre gana el partido del “cambiemos”: cambiemos a Cristina, a Dilma, a Alfonsín o al PRI de México, pero pocas veces luego el cambio verdadero se produce.



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