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Detras de cada jugador hay una gran historia

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Las atajadas milagrosas de nuestro arquero nos dejan sin aire por un segundo. Estar entre los ocho mejores equipos del mundo, ni hablar. Pero las mujeres, de manera espontánea, andamos buscando las historias detrás de estos hechos futbolísticos. ¿Por qué? A la mayoría de nosotras nos emocionan más las personas y sus circunstancias. Hasta hace veinte días, por ejemplo, Pocho era el apodo de algún abuelo, tío o mascota. Un torso tatuado, unos abdominales impecables y una sonrisa luminosa vinieron a romper preconceptos. El número 22 de la Selección nos llamó la atención al instante y, como si hubiéramos hecho una gran reunión de consorcio, levantamos la mano, votamos por el sí y convertimos a Lavezzi en un sex symbol.
Muchos hombres se aburrieron de mostrarnos fotos de nuestro Pocho –porque nos lo apropiamos– más gordito, con un corte de pelo de adolescente sobrealimentado de los 80, y hasta revelaron un secreto conocido por pocos: el verdadero apodo del nuevo galán es Pocholo, mucho menos glamoroso que Pocho, como si eso fuera posible. Y vaya si lo era. Pero lejos de desencantarnos, nos fascinamos. Porque en ese Pocholo gordito vimos la historia. La del chico humilde que la pasó mal, hasta que el talento, el esfuerzo y un toque de suerte lo llevaron a Europa.
La contracara es Angel Di María. Tiene nariz aguileña, orejas saltonas y es tan flacucho que su apodo es Fideo. La reunión de consorcio femenina lo puso en observación, algo había en Angelito que nos atrajo. Cuando el sueño mundial se estaba convirtiendo en pesadilla, Angelito se vistió de salvador y metió el golazo que nos devolvió el alma al cuerpo. Levantamos de nuevo la mano y votamos: Angelito también era nuestro. Detrás del corazón que formó con sus dedos para festejar el gol estaba la historia. Y la supimos ver, obvio. La hijita del Fideo había nacido antes de tiempo y estuvo al borde de la muerte. “Viniste a este mundo para enseñarnos que no hay que rendirse jamás”, le escribió a Mía cuando salvó su vida.
Las personas son sus historias, sus anécdotas. Y seguimos gritando goles, pero no dejamos de buscar.

*Periodista.



Florencia Etcheves