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Día de la lealtad

Ser racional ante un acontecimiento es colocarlo en relación con sus probables causas y prever sus consecuencias.

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Ser racional ante un acontecimiento es colocarlo en relación con sus probables causas y prever sus consecuencias. Todo hecho singular y todo acto de discurso responde a un a priori histórico. Juramentar lealtad un día al año durante el mes de octubre parece parte del pensamiento mágico, de una disposición al milagro, una invocación que transforma una vida, todas las vidas.  

A las 8.05 del pasado 17 de octubre mi hija dio a luz a su hija Juana, de quien todos dijeron de inmediato que se parecía a su madre, a su padre, a mi madre, a su tío.

Más sabia, su bisabuela dijo que se parece a ella misma, a lo que de ella conocíamos ya por una serie de resonancias magnéticas.

Y sin embargo... Mirarte, Juanita, es sentir mi cuerpo expuesto a una emoción y un amor desconocidos porque no hay más que felicidad irresponsable en el abrazo que alguna vez compartiremos sin otra interdicción que ésta: no sos mía. Mirarte es adivinar en cada uno de tus gestos de recién venida la vida por la vida misma, el puro instinto de existir, opuesto como un llanto de hambre o de protesta (de esos que ya se escuchan en tu boca) al orden moral del mundo que nos ofrece tedio y pena. Mirarte, Juana, ahora, apenas hecha, es comprender que como juegan el fuego y el viento, siempre vivos y eternos, jugará la niña en que vas a convertirte, iluminada por la suave luz de la luna y las estrellas o por el rayo de sol de este verano.

Te miro, Juana, y te imagino durmiendo acurrucada con dos gatas, y sé que la única lealtad a la que podemos aferrarnos es la promesa de que vas a darle al mundo lo que nosotros no pudimos. Pienso en bisontes y en ángeles, en el secreto de los pigmentos perdurables, en poemas proféticos, en cajitas de música y en caballitos de espuma y de madera, riéndose con vos. Te miro impaciente, esperando que me mires. Esa es la única lealtad que vos y yo podremos compartir, Juanita: nuestra mirada.