COLUMNISTAS FRANCISCO


Día del Padre peronista

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Entra la columna vertebral. Los “trabajadore”. Cabezas gachas en señal de respeto, jeans, poleras, camperas de cuero. Al frente, Luis “paren de robar ustedes” Barrionuevo. Le siguen Armando “Gitano” Cavalieri, Gerardo “Buchón” Martínez, “Cloro” Lingeri, “Caballo” Suárez, Andrés Rodríguez, de UPCN (Unión Para Cuidar la Nuestra), Viviani ( cartel amarillo y negro “fuera Uber de la mía” pegado en la espalda), Hugo Moyano y Pablito, con su camioncito de caudales. Temerosos, ocultan los diezmos. Cuando la limosna es grande, hasta el santo desconfía.

Un coro de monaguillos reza la marcha, –“... saransan-san-san– por ese gran argentino-saransansan...”. Ingresan “los muchachos”. La cabeza de Duhalde casi no deja ver la fila. El “minero” Gioja, Guillermo “Chumbo” Moreno, Aníbal “Efedrina” Fernández, José Luis “robo para la corona” Manzano, Héctor “Judas” Recalde y Mariano, su hijo, con la cometa de Aerolíneas. Garcas, canosos, trajes azules-negros, corbatas de seda, camperas de gamuza, camisas con monograma, pantalón gris: las “familias”, Kirchner, Romero, Insfrán, Alperovich, Alsogaray, Kunkel. Los “hermanos”, Menem, Spadone, Yoma, Rodríguez Saá, Scioli.

Sergio Massa se aparta. Daniel Scioli le advierte: “Es el año de la misericordia, Sergio, si no nos perdonan ahora, fuimos. Cambiemos”. Massa, sonríe: “Me lo fumo a Mauricio y entro, vayan cambiando ustedes que los alcanzo”. El hacendado Felipe Solá lee en una tablet la e-pistola de la justicia social: “Bienaventurados los pobres porque de ellos será el reino de los cielos”. Todos ríen. Los discípulos encanutan panes y peces para la próxima función y ofrecen el combo de “los diez mandamientos” y las “veinte verdades peronistas” con un 25% de retorno.

1) Señor, no me dejes afuera. 2) Si entro, entrás conmigo. 3) Si por puta caigo, vemos qué ofrecen. 4) No daré falsos testimonios gratis. 5) No consentiré pensamientos impuros, les quitaré entre un 10% y un 20% de “pelusa”. 6) No robaré más de la que me corresponde. 7) Sólo aceptaré efeté. 8) Nunca diré es “para mí”. 9) No codiciaré lo que es para “los muchachos”. 10) No diré nombres en vano. 11) Santificaré la joda. 12) Honraré a quien me nombró en el cargo. 13) No desearé la del otro. 14) Si el becerro es de oro, lo fundiré y lavaré todo. 15) Vade retro, Pastore. 16) Adoraré al Messias. 17) Engrasaré a los jueces. 18) Demonizaré a todo el que quiera democratizar los sindicatos y el partido. 19) No mataré. 20) No mataré si no es necesario. Con bonus track. ¡LLame ya! y reciba la verdad 21), según el evangelio de José “torre El Faro” Pedraza: “El señor acepta que se puede encubrir a los curas violadores de niños y mandar a matar, sólo si el necesitado llegó virgen al matrimonio, no es divorciado y el sicario no es gay”.

La runfla de peregrinos avanza hacia el altar. La Iglesia es síntesis de fe y doctrina. Una religión, un movimiento. Dios, el General, la Santa, patria, hogar, departamentos, casa en el country, golf, testaferrros y reelección permanente. De pronto, los pecadores caen de rodillas. A través de un ventanuco, un divino rayo de luz, sesgado, entra y le sigue los pasos al santo padre como si fuera Luis Miguel en Vélez. A un lado, crucificada por Bonadio (el “buen dios”, en italiano), la virgen viuda acusa: “Yo no fui”. Duhalde le aclara a Menem: “Fue el Espíritu Santo”. Menem, asiente: “Le dije, pero Zulema nunca me creyó”. Duhalde cabecea, molesto: “La Santísima Trinidad, Carlos, Justa, Libre y Soberana, la Triple A”. Menem, duda: “A Zulema no le entra una bala”.

El Santo Padre, el gran administrador de la culpa ajena, se seca un hilito de baba y sonríe, sotana. Pollera larga, sujeta a la cintura con un lazo de raso, chalequito, boina small, en tono crema. Anteojos, zapatitos negros. Ladino, se refriega las manos como el “pai” que hacía Olmedo, antes de revisar a “la nena”.

Un grupo rebelde de monjas alza carteles donde se lee “Ni una menos, ni un pibe más”. El señor de los cielos las ignora. Autoritario, ordena: “Lázaro, levantate y cebá”. El gordo protesta: “Todo yo, todo yo, en cualquier momento me arrepiento”. El primero en reaccionar es Barrionuevo. “¡Feliz día, Papá”, grita. “Sin acento, Luisito, sin acento”, ruega el monje negro.
 
*Periodista.



Carlos Ares