COLUMNISTAS RAYUELAS

Dibujando tiempos

El tiempo y su ritmo son un buen tema de reflexión.

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El tiempo y su ritmo son un buen tema de reflexión. Una va al diccionario, y nada menos que al del abate (¿fue abate? Sí, creo que sí, algo de eso) Covarrubias Horozco, y se encuentra con columnas y columnas casi interminables de definiciones y comentarios. Muy eruditos, le aseguro, querida señora, y absolutamente aburridos. Y resulta que lo que yo buscaba, ¡no está! No, no está. Pero ¿cómo?, ¿no existía la cronología en los tiempos de don Covarrubias? No, parece que no, pero eso sí: existía la cronografía, de la que se dice que es la descripción de los tiempos, que a su vez viene a ser el tema de los mamotretos de un tal Gilberto Genebrardo que vaya usted a saber quién fue (hágame acordar de que empiece a buscar las trazas y los pasos en este mundo del tal Gilberto). Pero de cronología, nada de nada. Una lástima. Me encantan las cronologías, eso de describir y comparar tiempos con el cartabón de alguna actividad humana que ha ido cambiando y mostrando faces y fases. Una delicia. Y lo más interesante se presenta cuando los eruditos, sabios, letrados y doctos se largan a comparar alguna fruslería con el paso irrepetible del señor Cronos. Por ejemplo, la historia de la humanidad según la gramática. O la medicina. Claro, ninguna de las dos es una fruslería, pero a veces a alguien le da por la vena de la comicidad y compara la evolución de la sopa con la evolución de la humanidad. Es como cuando se adjudican los premios Nobel en su faz caricaturesca y se dan a los jugadores de ludo o a las señoritas de vida airada como decía aquel pudoroso cronista. No está mal. ¿Por qué no reírse, o por lo menos sonreírse de cosas respetables, que así dejan de ser intocables y se convierten en casi domésticas y familiares? Y así sería estupendo contar los días de la humanidad (“del hombre” como dicen los criptomachistas) en comparación con la evolución de las botas de caña corta. No, ¿la cuchara? Menos, si fue casi antediluviana. La rayuela, eso, con perdón del señor Cortázar. A ver si se me anima, estimado señor, déle, en una de esas pasamos a la historia.