COLUMNISTAS ENSAYO

Diccionario del relato K

El periodista Pablo Mendelevich elaboró en El relato kirchnerista en 200 expresiones (Ediciones B), un minucioso diccionario que revela de qué manera la epopeya de la última década colonizó también el lenguaje con eslóganes, modismos, neologismos, eufemismos, cristinismos, latiguillos y palabras tabú, herramientas con las que el kirchnerismo armó una lengua propia, que acabó por convertirse en una marca inconfundible, un sello de época.

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Este libro intenta entender y mostrar al kirchnerismo a través de las palabras que usa y de cómo las usa. Aquí, algunos ejemplos.

Todos y todas.
Universo redundante al cual se dirige CFK cuando habla.
Aunque el empleo de este artificio idiomático también es frecuente en otros países latinoamericanos entre hablantes politizados (generalmente de izquierda), su enfática reiteración por parte de la Presidenta argentina lo convirtió en un rasgo identitario personal. Con sólo decir “buenas tardes a todos y todas” en la Argentina a cualquier humorista le basta para avisarle al público que está por parodiar a CFK. Considerar que justo la palabra todos es discriminatoria parece algo tan curioso como si se dijera frente a la aseveración de que “ninguno será incorporado” que la palabra ninguno es inclusiva. CFK habla de “todos y todas”, porque su ansia justiciera en el campo de la gramática parte de la hipótesis de que en el enunciado genérico muchos sustantivos, pronombres, adjetivos y artículos se organizaron para discriminar a la mujer. Sucede que más o menos desde hace mil años en castellano el genérico es el modo masculino. Y buena parte de la lógica del idioma se asienta sobre esa regla, si bien el tema es mucho más complejo debido a que se confunde la división zoológica entre macho y hembra con la división gramatical entre masculino y femenino. La silla es femenino, no hembra. Y el sillón, masculino, nunca macho. Hasta ahora se sobreentendía que el vocablo todos no sólo incluía a los hombres, sino también a las mujeres. Todos: niños, viejos, viejas, travestis, pintores, gays, judíos, negros, negras, científicos, cojos, peronistas, gorilas, carpinteros, hermafroditas, enfermeras, andróginos, monjas, putas, gente del barrio, mecánicos dentales, feministas y sepultureros, entre bastantes otros. CFK nos sugiere que todos no incluye a todas. Añadió a sus luchas la militancia semántica con la convicción de que al subrayar que también su público es femenino no sólo denuncia a la lengua de Cervantes como machista, sino que en el mismo acto compensa la iniquidad y gana empatía con las subrayadas.

En verdad, esta forma de hablar, la del empalagoso inventario de géneros, arrolla el sentido común y no tarda en caer en incoherencias. El propio Estado lo demostró cuando creó en tiempos de Duhalde el Plan Jefes y Jefas de Hogar (se ignora por qué con los varones adelante) y más tarde, mediante un decreto de CFK, instituyó la Asignación Universal por Hijo. El Estado cambió así de posición: consideró innecesario explicitar que las hijas también serían beneficiarias con una asignación mensual y dejó encargado de decirlo, solitario, al sustantivo unisex hijos, pese a que antes había considerado que la palabra jefes excluía a las mujeres. Senador, para el Estado, no es como hijo sino como jefe, un sustantivo reservado a los que tienen nuez de Adán y calzan cuarenta y cuatro. Por eso, a las mujeres que llegan a senadoras hay que abrirles un aparte. En el Senado de la Nación fue reformado el reglamento y se puso un artículo, el 228, que obliga a los senadores (perdón, a los senadores y las senadoras) a gastar siete palabras cada vez que uno (¡o una!) necesita referirse a los demás (los demás y las demás). Deben decir: “Los señores senadores y las señoras senadoras”. De allí que ahora el Diario de Sesiones trae más páginas. Todos y todas es una redundancia, porque todas ya está incluido en todos tanto como jefes incluye a las jefas e hijos a las hijas. Si se aplicase la misma lógica a todo el idioma, por ejemplo a una inocente y tierna frase como “el perro es el mejor amigo del hombre”, se generaría un lío formidable. Debería decirse que el perro y la perra –no sólo el perro– son los mejores amigos del hombre, pero no del hombre solamente, claro, también de la mujer. La frase quedaría, pues, de este modo: “El perro y la perra son los mejores amigos del hombre y de la mujer”. Al coexistir cuatro seres en el vínculo, repartidos, por especies, en dos grupos, debería aclararse que la correspondencia es aleatoria. Quedaría entonces así: “El perro y la perra son los mejores amigos del hombre y de la mujer, aunque no necesariamente mediante alineación por género”. Se advierte que si hubiera otro accidente morfológico, por ejemplo de número, la amistad en el círculo social bípedo-cuadrúpedo permanecería incólume. Como muchos documentos del Estado, incluidos decretos y leyes, ya usan el inventario de géneros, no hay que descartar que un día la Presidenta decida avanzar con el todos y todas y lo imponga, precisamente, para todos y todas. En adelante la expresión campera “hombres de a caballo” saldría en cuatro formatos, uno de las cuales sería “mujeres de a yegua”. Al ser pasado por el tamiz antidiscriminatorio, también Karl Marx sería revisado: la explotación del hombre por el hombre vendría en cuatro talles. Sería imperioso corregir en las enciclopedias donde dice que “en 1969 el Hombre llegó a la Luna”.

Debería escribirse que “en 1969 sólo el hombre llegó a la Luna; la mujer aún no fue”. Habría que disponer que donde juegan niños y niñas los autos vayan a paso de hombre y de mujer (pero no respectivamente). Y así. En todos lados, en todas partes, donde diga los, deberá decir los y las; donde diga el, el y la. Claro que eso traerá más incongruencias. Como la que consagró el Estado (otra vez) al instituir un Consejo de los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes: explicita a las niñas con una lógica que le resulta incapaz de extender a las adolescentes, porque allí se topó con un sustantivo común en cuanto al género. Por lo menos no le pusieron Consejo de los Derechos de los Niños, las Niñas y los y las Adolescentes, lo cual habría complicado la vida de la telefonista de esa institución. Está dicho: romper las reglas de un sistema determinado, como lo es un idioma, con el pretexto de compensar desigualdades ancestrales, rompe más de lo que repara.

Cepo democrático
Según CFK, impedimento para que se aplique la Ley de Medios.
En su fallida campaña contra la expresión “cepo cambiario” la Presidenta sostuvo que lo que en verdad existe es “un cepo democrático para cumplimiento de la Ley” de Medios (10/10/12). Acuñó esta expresión en un acto destinado a conmemorar los tres años de aprobación de la Ley de Medios, transmitido por cadena, durante el cual fustigó a la Justicia y al Grupo Clarín por su comportamiento antidemocrático. Entre quienes aplaudieron con fruición estaban los empresarios mediáticos Sergio Szpolski, Daniel Vila, José Luis Manzano y Raúl Moneta, ilustres compañeros de CFK contra el cepo democrático. 

Profundización

Derrotero K de imprecisión deliberada.
Es en el uso intensivo del verbo profundizar y todos sus derivados donde la ambigüedad oficial se profundiza. La profundización del modelo, tan escuchada en la campaña 2011, evitó decir qué planes tenía CFK para su segundo mandato. Eso se debió en parte a que el kirchnerismo es pragmático, hace los planes a la medida de las circunstancias, y en parte a que el electorado, cada vez más regido por pulsiones de tipo emocional, tampoco mostró demasiado interés por conocer una hoja de ruta pormenorizada. Es cierto que en el tercer mandato kirchnerista aumentaron el dirigismo (cepo cambiario, controles de precios) y las estatizaciones o confiscaciones (YPF, Ciccone, La Rural), además de que se cambió el alineamiento internacional a partir del acuerdo con Irán. Pero no está claro si ello representó una profundización de un proceso anterior, o es una serie de medidas ajustadas a las necesidades del momento, ornamentadas con pasión nacionalista.  Lo que sí se profundizó fue el pragmatismo.

Progresismo
Izquierdismo desteñido.
El uso de las palabras progresismo y progresista en una constelación tridimensional de vagos contornos conserva reminiscencias de la izquierda, pero, cada día más lejos del mojón marxista, no reconoce un pensamiento determinado ni a un inspirador, tampoco un ideal de sociedad. Si el progresismo aparece conjugado con peronismo se acentúa la base aceitosa. Los Kirchner utilizaron en forma intermitente la palabra progresismo, de resonancia positiva, en su lucha por ser y parecer, por acercar el ser al parecer. Lucha en la que no siempre triunfaron.
 

*Periodista.



Pablo Mendelevich