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Difícil que ‘lluevan’ dólares del exterior

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Las empresas están tomando créditos en dólares porque les resulta más conveniente que hacerlo en pesos, debido a las altas tasas de interés; el Estado toma dólares de la gente a plazo fijo con una tasa de 4% anual, alta para la media del mundo; las provincias emiten bonos en dólares y los colocan en el exterior a tasas muy elevadas, como Buenos Aires al 9,70%, Mendoza al 8,37 y Neuquén al 8,62 anual. Existe una enorme masa de dinero en Letras del Banco Central que ronda los 530 mil millones de pesos, por la que paga 37% de tasa, mientras las autoridades piensan mantener el dólar planchado en alrededor de 14 pesos hasta agosto. Los capitales que están ingresando del exterior se destinan –a excepción de algo en minería–a jugar en esa bicicleta financiera formidable, que permite obtener ganancias en dólares seguras muy superiores a cualquier otro país medianamente civilizado del mundo. El Estado nacional mismo ha vuelto a los mercados del exterior con una emisión muy grande de bonos, aunque felizmente no cayó en la tentación de aceptar todo lo que le ofrecían, porque tasas de retorno como las argentinas no se ven en ningún lado.

Toda esta suerte de endeudamiento en dólares a varios niveles y la bicicleta financiera colosal, terminaron en circunstancias caóticas en los últimos 40 años en la Argentina. El presidente Macri optó por una conducción colegiada de la economía para evitar superministros, pero esto nunca funcionó bien en nuestro país. Los planes económicos que trajeron estabilidad y crecimiento respondieron a un tándem presidente-ministro de economía fuerte y claro. Al margen de cuestiones ideológicas y concentrándonos en la economía puramente, Onganía-Krieger Vassena fueron un poder establecido; Menem-Cavallo, Alfonsín-Sorrouille, Videla-Martínez de Hoz. En cambio los períodos de poder difuso suelen ser negativos para la actividad económica.

La idea de que inversiones extranjeras ‘lloverán’ para evitar un ajuste de la economía y generar empleos aparece como ilusoria. En economía no hay voluntarismos, llamar a empresarios para decirles que bajen los precios e inviertan más no tiene mayor sentido. Preguntados en forma individual, cualquier empresario o comerciante dirá que los impuestos son asfixiantes, las cargas sociales excesivas, los juicios laborales insufribles; que con un dólar tan retrasado es difícil exportar, la inflación galopante, tomar crédito con tasas tan altas resulta inviable. ¿Quién invertiría donde existen precios máximos, prohibición de despedir empleados y aumentos de sueldo obligatorios? El capitalismo es cruel pero efectivo. Ninguna autoridad en Japón, Austria, Canadá u Holanda va a decir a qué precio vender, si se puede o no echar un empleado o cuánto se le debe pagar de sueldo. Las medidas que tomó el nuevo gobierno eran necesarias y fueron acertadas, pero completamente insuficientes.

Durante la segunda etapa de Juan Vital Sorrouille se dio lo que luego se conocería como ‘Plan Primavera’, consistente en mantener altas tasas de interés para la moneda nacional y evitar así que público y empresas se vayan al dólar. Esto genera un efecto inmediato positivo y una distorsión creciente que con el tiempo suele estallar, porque en el largo plazo resulta insostenible. La actividad económica argentina se encuentra estancada desde que Cristina Kirchner asumió su segunda presidencia, ya fallecido Néstor. Y continúa sin crecer. Obvio que las condiciones internacionales cambiaron diametralmente y los vientos soplan en contra. Si la postura de Mauricio Macri es esperar que ‘llueva’ dinero del exterior vía blanqueo de capitales e inversiones empresariales sin continuar modificando estructuralmente los problemas de nuestro país, es dable pensar en problemas serios en el mediano plazo. Y repetimos que siempre que se observaron determinados síntomas financieros, el asunto terminó mal: endeudamiento en dólares privado y provincial, Plan Primavera de tasas altas en pesos para dejar bajo el dólar, atraso en el tipo de cambio (muchos bienes y servicios son más baratos en Estados Unidos, Chile, Japón y Brasil que en Argentina), contexto de alta inflación, fuerte gasto público entre otros, a lo que se agrega el desmanejo de asuntos económicos para evitar un superministro.

* Ex directivo de Ambito Financiero.



Claudio Ramos